Capítulo 13
El móvil vibró sobre la mesilla. Eran las siete de la mañana y Jerónimo llevaba más de una hora tumbado sin poder dormir.
Llegó de madrugada a la casa del abuelo después del relevo de la exmujer de Luis.
El sueño le pesaba en los párpados, pero sus pensamientos giraban como un ventilador oxidado.
Contestó al segundo tono. El nombre de Erik iluminó la pantalla.
— Hej, skat —respondió con tono cariñoso.
—¿Estás bien?
—Sí. Ayer fue un día muy largo.
—No te he llamado antes. Pensé que estarías con tus hermanos.
—Estuve —respondió, mirando al techo, mientras su otra mano se apoyaba en su vientre—. Primero con Gabriel. Luego con Luis.
—¿Cómo fue?
—Extraño. Intenso. Con Gabriel fue más emocional… Me habló de papá. Con Luis… bueno, fue otra cosa. Está agotado. Pasé unas horas con Luisito en el hospital. Se está recuperando de una recaída. Está mejor, pero sigue ingresado.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Cómo estás tú?
—Estoy bien.
—¿Dormiste?
—Más o menos. Ya sabes que esta ciudad no es precisamente un somnífero.
—No me refiero al ruido. Me refiero a ti.
Jerónimo dudó.
—Estoy bien, Erik. De verdad. ¿Y tú?
—¿Sabes que no tienes que hacerlo solo?
—Lo sé.
—Pues no lo parece. ¿Cuándo vuelves?
Jerónimo se giró hacia el borde de la cama, apretando el móvil contra la oreja. Deseaba atravesar la distancia con las manos.
—Solo serán un par de días. Hay cosas que no encajan. Si logro entenderlas, podré cerrar esta historia.
—¿Y si esa historia no tiene un final feliz?
Jerónimo no contestó.
Erik suspiró.
—A veces pienso que estás buscando algo que te devuelva al pasado.
—No quiero volver al pasado. Solo quiero entenderlo.
—¿Y si al entenderlo pierdes lo que tenemos ahora?
La pregunta quedó flotando en el aire.
—No lo haré. Te lo prometo. Lo que tenemos es lo más importante.
—Entonces no lo pongas a prueba todo el tiempo.
—No lo estoy haciendo.
—¿En serio? Porque cada vez que desapareces… cada vez que me dejas fuera, lo siento como una prueba.
—No es eso. ¿Estás en casa? —cambió de tema con torpeza.
—Sí. Salgo pronto para Londres. Sherlock te echa de menos. Se ha tumbado en tu lado de la cama y no quiere moverse.
—Dale un beso de mi parte.
—¿Solo a ella?
—A ti, todos los que tengo pendientes.
—Entonces vuelve pronto.
—Lo haré.
La llamada terminó con un simple «te quiero» y un «yo también».
Se quedó un rato con el teléfono pegado al pecho.
Luego lo dejó boca abajo, apagando la poca luz que quedaba en la habitación.
Parpadeó despacio. El techo parecía inclinarse sobre él.
Cerró los ojos, pero no logró dormir. Era hora de darse una ducha y visitar a Miguel, el compañero de trabajo de su padre.