Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 42
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Capítulo 42

JERÓNIMO

Trini se paseaba cerca de la entrada con un vestido ceñido de mujer fatal que realzaba su cuerpo andrógino.

Su maquillaje inmaculado brillaba bajo la tenue luz, mientras sus labios carmesí jugueteaban con la aceituna de un vermut.

Caminaba con la gracia estudiada de una diva de cine, derramando glamour a cada paso.

Jerónimo se acercó, incómodo, con la bandeja equilibrada en una mano. Había algo que no tenía claro.

—¿Dónde están los otros camareros?

—¿Te pagan por chismear o por trabajar? —respondió con tono cortante.

Jerónimo no dijo nada. Se giró para regresar a la barra, pero antes de dar un paso, la voz de Trini lo detuvo:

—¿Has visto a Teo?

Jerónimo se dio la vuelta con la bandeja en la mano.

—A mí solo me pagan por trabajar —le respondió.

Trini sonrió con malicia y mordió la aceituna de su vermut, como si disfrutara desnudándolo con la mirada.

—Eso pensé.

Jerónimo siguió sirviendo copas con una sonrisa congelada mientras recibía comentarios halagadores y propinas generosas. Sin embargo, la imagen del chico que bajó rápido las escaleras la otra noche seguía rondándole. Tenía la incómoda certeza de que ese lugar ocultaba algo más que fiestas.

Era hora de despedirse.