Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 38
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Capítulo 38

JERÓNIMO

Apenas había empezado a atender a los primeros clientes cuando Jerónimo vio entrar a Teo por la puerta, con ese andar casi coreografiado.

Vestía la misma chaqueta de terciopelo negro que la noche anterior, combinada con una camisa desabrochada que dejaba entrever una cadena de oro.

Saludó a un par de conocidos con esa mezcla de confianza y pompa que parecía innata en él, antes de dirigirse a la barra, donde Jerónimo servía copas.

—¡Chico guapo! —exclamó con una sonrisa ladeada, apoyándose con familiaridad en la barra—. ¡Mírate! Pareces hecho para este lugar. ¿Cómo va todo?

—Bien, bien —respondió Jerónimo mientras colocaba unas copas sin levantar demasiado la vista.

Teo se ajustó la chaqueta y le dio una palmada en el hombro, con esa familiaridad que le hacía sentirse en deuda.

—Lo que sea que necesites, no dudes en venir a mí. Yo me encargaré de todo.

Esa última frase, «yo me encargaré de todo», quedó flotando, tan densa como el humo de su purito.

—Gracias —dijo al final forzando una sonrisa.

Teo exhaló el humo lentamente antes de continuar.

—Por cierto, ¿has hablado con tu padre? Pasé por su oficina y un tal Miguel me dijo que se tomó unos días libres.

Aquel comentario lo pilló desprevenido.

—Sí, hablé con él. Está en Madrid haciendo un curso —mintió como le dijo su padre—. Volverá en unos días y se pondrá en contacto contigo.

Teo se inclinó sobre la barra con los ojos fijos en él, como si le atravesara el alma.

—¿Y qué más te contó?

Jerónimo apretó los labios antes de responder.

—Que necesitaba descansar un poco. Vuelve pronto y se pondrá al día con todo.

Su padre le había colgado cabreado y la culpa seguía ahí, pero el resentimiento también.

No podía dejar de sentir que su padre le había fallado.

Toda esa charla sobre ahorrar para los estudios y la Vespa no era más que una excusa para no cumplir su promesa.

Con o sin su ayuda, iba a conseguir esa moto.

—¿Todo bien?

Jerónimo movió varias veces la cabeza.

Teo lo observó un segundo más antes de enderezarse.

—Perfecto. Me gusta que la gente cumpla sus promesas. Hay algo de lo que tengo que hablar con tu padre y empiezo a impacientarme. Y a mí no me gusta impacientarme, ¿estamos?

Jerónimo tragó saliva y asintió de nuevo.

—Y tú… tú tienes pinta de cumplir tus promesas o al menos lo intentas, ¿no? —Teo le guiñó un ojo y le dio otra palmada en el hombro antes de alejarse hacia una de las mesas—. Sigue haciendo bien tu trabajo.

Jerónimo soltó el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo y regresó a su rutina detrás de la barra.