Capítulo 33
JERÓNIMO
Con las dos ristras de pastillas en la mano, Jerónimo empujó la puerta de la farmacia. Salió con lo primero que encontró aquella mañana: una camiseta descolorida, una chaqueta vaquera y unos vaqueros desgastados que apenas le quedaban bien.
La luz blanca y fría de la farmacia resaltaba la pulcritud de las estanterías: cremas, champús y analgésicos de marcas conocidas.
Tras el mostrador, un hombre de unos cincuenta años, con gafas gruesas y bata blanca, atendía a una anciana diminuta que asintió varias veces antes de despedirse con un suave «gracias, hijo».
Jerónimo esperó pacientemente, aunque no podía evitar que su mirada volviera una y otra vez a las etiquetas de las pastillas que llevaba.
Ramipril 5 mg .
Atorvastatina 10 mg .
Cuando la anciana salió con paso tranquilo y una pequeña bolsa de medicamentos, el farmacéutico se volvió hacia Jerónimo y le ofreció una sonrisa educada mientras se ajustaba las gafas.
—¿En qué te puedo ayudar?
Jerónimo le mostró las ristras de pastillas.
—Quisiera saber para qué son.
El hombre las examinó detenidamente antes de alzar la vista.
— Ramipril y Atorvastatina . Ambas son con receta. ¿De dónde las has sacado?
—Son de mi padre.
—¿Y por qué no le preguntas a él?
—Porque está de viaje. ¿Para qué son?
—Muchacho, ¿por qué no le preguntas a tu padre cuando vuelva de viaje?
—Porque no sé cuándo vuelve —respondió sin darse cuenta de que apretaba las pastillas en la mano—. Mire, me lo puede contar usted o me puedo ir a otra farmacia. Solo quiero saber si mi padre está bien.
El farmacéutico se ajustó las gafas y sus ojos parecieron más grandes.
—Si sigue la medicación, tu padre estará bien —respondió tras una pausa—. Muchacho, si tu padre no te ha contado nada, no soy yo quien debería hacerlo. Lo único que puedo decirte es que, siguiendo el tratamiento y las indicaciones del cardiólogo, puede llevar una vida normal.
Jerónimo se tensó.
—¿Ha dicho cardiólogo?
El farmacéutico asintió.
—Esta —dijo, señalando la Atorvastatina — es para controlar el colesterol. Y el Ramipril trata la hipertensión arterial y reduce el riesgo de problemas cardíacos vasculares. Normalmente, se empieza tomando 2.5 mg y se sube la dosis a 5 mg semanas más tarde.
Jerónimo parecía confundido.
—No entiendo eso de problemas vasculares.
El farmacéutico lo miró con una expresión compasiva.
—Prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares. El Ramipril ayuda a que los vasos sanguíneos se relajen, bajando la presión arterial para que el corazón no trabaje tanto. También lo protege de más daño en personas que lo tienen debilitado.
—¿Infartos? —Su voz tembló.
El farmacéutico asintió una vez.
—Depende del caso, claro. Si tu padre está tomando Ramipril , es porque su médico quiere prevenir complicaciones. Como ya te he dicho, la Atorvastatina es para controlar el colesterol. Ambos medicamentos se usan para mantener los problemas a raya. ¿No prefieres hablarlo con él?
—¿Hay algo más que deba saber antes de hablar con él?
—No puede dejarse la medicación. Tiene que seguir este tratamiento sí o sí.
—Hablaré con él.
Le dio las gracias al farmacéutico y salió de la farmacia con los hombros caídos.
Decidió volver a casa para llamar a Miguel.
La acera bajo sus pies parecía perder estabilidad. Tropezó con una baldosa mal puesta. Paró en seco. Tal vez no había por qué alarmarse tanto. Si esperaba unos días más, quizás su padre volvería y le explicaría todo.
Solía visitar a su padre los lunes, pero esta vez se había pasado hacia solo tres días tras encontrarse con Teo, uno de los clientes de su padre, quien le preguntó por él.
Además, dudaba si debía llamar a Miguel.
Si su padre no le había dicho nada a su compañero, tampoco habría dicho nada en el trabajo, y contarle a Miguel lo de la medicación podría poner a su padre en un grave aprieto.
¿No? Si su padre había salido de viaje, pero no tenía relación con el trabajo…
De repente, se le ocurrió la idea más lógica de dónde estaba su padre.
¿Cómo no se le había ocurrido antes? Ya sabía a quién llamar primero.