Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 30
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Capítulo 30

JERÓNIMO

La noche continuó y Jerónimo servía copas y sonreía a los clientes, siguiendo las indicaciones de Lucas al pie de la letra.

Mientras recogía vasos vacíos cerca de una de las áreas privadas, su atención se desvió hacia las escaleras.

Un chico al que no había visto antes descendía con pasos apresurados.

Su camisa, desarreglada y manchada, colgaba sobre su cuerpo delgado como si acabara de salir de una pelea.

El cabello oscuro, desordenado y pegado a su frente por el sudor, acentuaba su aspecto desaliñado.

Pero lo que más impactó a Jerónimo fueron sus ojos: enrojecidos, llenos de lágrimas que no podía ocultar.

El chico caminaba rápido, con una mezcla de urgencia y desamparo que contrastaba brutalmente con la atmósfera elegante del club.

La imagen quedó grabada en la mente de Jerónimo.

Volvió a la barra con la bandeja de copas vacías.

—He visto bajar de las escaleras a un chaval de mi edad. ¿Hay más camareros? —le preguntó a Lucas.

Lucas ni siquiera lo miró. Se encogió de hombros y siguió trabajando, secando un vaso con la misma eficiencia impasible de siempre.

Jerónimo recordó entonces las tres reglas del lugar: oír, ver y callar. Por primera vez desde que llegó al club, sintió el peso real de esas palabras. Dejó las copas vacías en la bandeja tras la barra, pero no pudo quitarse de la cabeza al chico que había visto.

Lucas, por su parte, mantenía su profesionalidad fría y distante. Lo observaba de reojo, preguntándose si él también había notado al chico y simplemente había decidido ignorarlo.

Más tarde, cuando la noche empezaba a calmarse y algunos clientes ya se habían marchado, Jerónimo se acercó a la barra con otra tanda de copas vacías. Trini estaba allí, apoyado de manera teatral contra la barra, fumando un cigarrillo con un porte casi desafiante.

—¿Qué te pasa, muñeco? Tienes cara de que has visto un fantasma —dijo, exhalando el humo lentamente.

Jerónimo vaciló un momento antes de responder.

—He visto a un chico bajar de las escaleras. Parecía… no sé.

Trini levantó una ceja, divertido.

—¿Un chico, dices? —dio una calada profunda al cigarrillo y lo apagó en el cenicero con un giro elegante de la muñeca—. ¿Y qué te hace pensar que es asunto tuyo?

—No lo sé. Parecía alguien joven… ¿de mi edad?

—Te lo vuelvo a preguntar —lo interrumpió—, ¿es asunto tuyo?

—No.

Antes de irse, lanzó una última mirada hacia las escaleras por donde lo había visto bajar, como si esperara encontrar alguna pista que aclarara lo que había sucedido. Esa Vespa empezaba a tener un precio demasiado alto. La noche terminó y el club cerró.