Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 25
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Capítulo 25

JERÓNIMO

Con los dedos cruzados y la esperanza de que la Vespa aún estuviera disponible, Jerónimo entró al bar de Marcos.

El local estaba casi vacío. Dos clientes mayores ocupaban taburetes en la barra, mientras una radio antigua tocaba la canción «Contigo» de Rosana.

Marcos, inclinado detrás de la barra, estaba colocando una caja de cervezas en el suelo cuando lo vio entrar.

—¡Hombre! —saludó enderezándose—. ¿Qué tal?

Jerónimo le devolvió el saludo y se acercó con una sonrisa tímida.

—¿Eres el único que trabaja aquí?

Marcos soltó una risotada y se apoyó en la barra.

—Ya ves que sí. Soy el «chico para todo»: camarero, almacenero, psicólogo… Hasta electricista, si hace falta.

Jerónimo le devolvió la sonrisa, pero su mirada enseguida se desvió hacia la puerta trasera.

—¿Y qué? ¿Sigue la Vespa en venta?

—Sigue, sigue. Mi primo recibió una oferta ayer, pero era tan cutre que les dijo que se la metieran por el culo.

—Me alegro. Es decir, así la compro yo cuando vuelva mi padre.

—¿Y dónde está tu padre?

—De viaje… creo. —Hizo una pausa breve antes de añadir—: Es inspector de seguros. Pero no vivo con él. Mis padres se divorciaron.

Se quedó callado de repente.

Marcos notó su incomodidad y cambió de tema.

—Bueno, mira, a todos nos toca cargar con movidas familiares. ¿Te pongo algo?

—Una Coca-Cola.

Marcos abrió la botella y se la pasó por la barra con un gesto rápido.

—Invita la casa.

—Gracias.

—Nada, hombre. Mira, mierdas hay en todas las familias. Por ejemplo, ¿te acuerdas de Lucía?

—¿La chica del otro día? —preguntó, recordando a la joven que había salido enfadada del bar.

—Esa misma. Mi novia… o mi ex, ya ni sé.

—¿Qué le pasó?

Marcos resopló.

—Que me mandó a la mierda porque no quise ir al cumpleaños de una amiga suya. Y todo porque no aguanto al novio de la amiga. Es que el tío me cae como una patada en los huevos.

Jerónimo soltó una risa.

—¿Y qué tiene que ver eso con mierdas familiares?

—Ah, porque después empezó con lo de tener compromiso con esto, compromiso con lo otro… Uf, se pone muy pesada con esas cosas. Los gays lo tenéis más fácil, ¿no?

Jerónimo casi se atragantó con el refresco al escuchar el comentario.

—¡Eh, tranquilo! —dijo Marcos, levantando las manos—. Lo digo en serio. Menos movidas con chicas, menos presión. Además, ya te lo dije: ni se te nota.

—No sé… Paso del tema —murmuró Jerónimo incómodo.

La conversación se relajó entre risas y bromas, hasta que el bar empezó a llenarse. Jerónimo miró el reloj.

—Bueno, me tengo que ir. He cogido un trabajo nuevo.

—Vaya, pues sí que te tomas en serio eso de la moto.

—Sí. Es en un club. Me dijo el dueño que hay clientes con pasta y buenas propinas.

—¿Cómo se llama?

—El Club La Habana.

—Pues no me suena. ¿Por aquí dices?

—Sí, dos calles más abajo, a la derecha. Hace poco que lo abrieron.

—¿Y el dueño?

—Un tal Teodoro. Pero sus amigos lo llaman Teo… el Feo.

Marcos estalló en carcajadas.

—¿Teo el Feo? —repitió entre risas—. ¡Madre mía, qué nombre! Pues nada, tío, prueba suerte. Pero, oye, dudo que den tantas propinas como promete. Mira, si logras reunir 50.000 pesetas, convenzo a mi primo para que te guarde la moto hasta que hables con tu padre.

—¿De verdad harías eso?

—Claro, tío. Me caes bien.

Jerónimo salió del bar con una sonrisa de oreja a oreja. A pesar de todo, sentía que las cosas podían empezar a salir bien.