Capítulo 15
CHRISTIAN
Sin apartar la vista de los jóvenes, Christian continuó hablando con Adrian.
—¿Cómo lo ha llamado? ¿ Hero ?
—Yo qué sé —respondió Adrian molesto.
—«Yeronimou»… ¿Eso es un nombre español? He escuchado José, Antonio, Carlos… pero ese no. Debe ser un apodo. Es un nombre muy feo para un chico tan guapo.
Adrian bufó.
—Eres imposible.
—Es mono.
—Es muy joven.
—Y es gay.
Adrian golpeó la mesa haciendo tintinear los vasos.
—Basta. ¿Qué has hecho con el arma?
Christian se terminó su bebida con calma, dejando que las palabras flotaran en el aire antes de responder.
—Lo que tenía que hacer —respondió—. Si no, ahora mismo no estarías aquí. El control de seguridad en España te habría arrestado y deportado.
Adrian guardó silencio sopesando las palabras de Christian.
—¿Dónde está el arma?
Él levantó una ceja con aire de reproche.
—Quizás un «gracias por salvarme el pellejo» estaría bien.
—Chris, ¿la tienes tú?
—¿Yo? Ni loco vuelo con un arma.
—¿Entonces?
Adrian estudió el rostro de Christian y de repente una chispa cruzó su mirada.
—El vino… Le echaste algo al vino, ¿verdad? Y mientras dormía, te llevaste la maleta.
—Un par de somníferos, nada más —respondió él con tono inocente.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Si te lo hubiera dicho, no lo habrías aceptado.
—Por supuesto que no.
—¿Ves? ¿Para qué querías que lo consultara? No podía arriesgar la misión. Si te hubieran parado aquí, te habrían encontrado el arma y todo habría terminado.
Adrian cruzó los brazos y resopló.
Christian continuó.
—Tuve que dejar inconsciente al agente en Heathrow.
—¿Hiciste qué?
—No tenía otra opción. El agente que iba a facilitar tu paso no estaba y tú ya habías levantado sospechas.
—¿Por eso me pararon aquí en Valencia?
—Es probable que alguien les informara sobre el incidente.
—Me esperaban para revisar la maldita maleta, pero no encontraron nada. La sorpresa fue más grande para mí que para ellos. ¿Qué hiciste con el arma?
Christian se inclinó hacia él.
—La tiré.
Adrian frunció el ceño.
—No puedes tirar un arma así como así.
—¿Cuál es una de las primeras lecciones que aprendes en la academia?
—Dímelo tú.
—Aprendes a desmontar un arma. —Christian dio un largo trago al gin-tonic antes de añadir—: Las piezas están repartidas en diferentes compartimentos del avión. Ahora no hay forma de rastrearlas.
El silencio se tensó como la piel de un tambor. Adrian se levantó de golpe, empujando la silla con un chirrido.
—No podemos seguir con la misión —declaró.
Christian se levantó de inmediato.
—¿Estás loco? Ahora el que no razona eres tú.
—Sin protección, no podemos hacer nada. John tiene que saberlo y esta vez no voy a callármelo.
Agarró su maleta y comenzó a caminar hacia el hotel sin mirar atrás.
Él se quedó unos segundos quieto observando cómo se alejaba. Sabía que detenerlo en ese momento sería como intentar detener una tormenta. Adrian no era de los que cambiaban de opinión fácilmente y menos cuando estaba tan enfadado.
Dejó unos billetes sobre la mesa para pagar las bebidas, ajustó su chaqueta y salió tras él.
Mientras lo alcanzaba, un pensamiento cruzó su mente: esta vez, Adrian tenía razón. No habría forma de ocultarle esto a John.
Y Christian tendría que asumir las consecuencias.