Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 12
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Capítulo 12

CHRISTIAN

Adrian y Christian descendieron del avión en el aeropuerto de Valencia con una hora de retraso.

La cálida luz mediterránea bañaba la terminal esa tarde de diciembre, tiñéndola de un dorado suave. El contraste con el gris londinense era muy evidente.

Llegaron al control de pasaportes. Otra vez, se dijo. En Heathrow habían tenido suerte. Aquí, en Valencia, no podía contar con lo mismo.

Christian observó de reojo a Adrian. Parecía relajado metido en su papel de turista inglés visitando la ciudad. Quizás se había pasado con el vino. O tal vez fue lo que había echado en la copa.

Ambos se distanciaron unos metros mientras avanzaban hacia los mostradores. Christian, alejado del grupo de la tripulación, le guiñó un ojo a Adrian antes de pasar por el control.

—Buenas tardes —dijo al oficial, mostrando el pasaporte y su acreditación de British Airways.

El agente apenas miró el documento antes de dejarlo pasar con un gesto mecánico.

Christian avanzó unos metros, manteniéndose cerca del borde de la sala, adoptando la apariencia de alguien que simplemente esperaba a sus compañeros de trabajo.

Desde allí, observó a Adrian, cuyo semblante parecía tranquilo y despreocupado. Se acercó al mostrador. El agente de pasaportes, un hombre de mediana edad con cabello entrecano y una mandíbula cuadrada, lo observó con detenimiento mientras tomaba el pasaporte.

—Buenas tardes —saludó Adrian con su español vacilante pero comprensible.

El agente examinó el pasaporte con más interés del necesario. Su mirada bajó al maletín de Adrian antes de volver a su rostro.

— One second …

—¿Todo bien? —preguntó con calma medida.

El agente no respondió.

A unos metros de distancia, el aire se volvió pesado alrededor de Christian, casi opresivo. No se movió. Con los sentidos en alerta observaba cada detalle.

El agente levantó la vista, aun sin devolverle el pasaporte y le hizo un gesto.

—Acompáñeme —dijo en inglés con tono firme y sin espacio para objeciones.

Christian contuvo el aliento mientras veía a Adrian girar la cabeza ligeramente, buscándolo con la mirada.

Por un instante, fugaz como un parpadeo, la incertidumbre cruzó los ojos de Adrian, antes de desvanecerse bajo su máscara de calma. Una chispa que desapareció cuando este asintió con resignación. Adrian ajustó la correa del maletín y siguió al agente hacia un pasillo lateral.

Christian permaneció inmóvil, esforzándose por mantener la compostura mientras la tripulación charlaba a su alrededor, ajena a la situación. Sus ojos no se apartaron de la esquina por donde Adrian había desaparecido, ahora escoltado por dos policías.

Un sudor frío le recorrió la espalda.

Algo no iba bien.

—¿Chris? ¿Estás bien?

La voz de su compañero lo sacó de sus pensamientos. Era un hombre de complexión delgada, cabello rubio ceniza y peinado con una precisión casi obsesiva.

Christian forzó una sonrisa, sin despegar la mirada del punto donde había perdido de vista a Adrian.

—Sí, todo bien.

Un grupo de pasajeros pasó junto a ellos, arrastrando maletas y charlando animadamente, ajenos a la tensión que Christian intentaba ocultar.

—¿Listo para ir al hotel? —insistió su compañero.

Él tardó unos segundos en responder. Evaluó rápidamente sus opciones. Seguir con la tripulación o arriesgarse a levantar sospechas.

—Sí, claro.

Apretó los puños, obligándose a mantener el ritmo mientras caminaba junto a sus compañeros. Había perdido de vista a Adrian, y con ello, el control de la situación. Ahora solo podía confiar en su plan B.

Mientras caminaba hacia la salida, se dijo a sí mismo que tendría que esperar. No le gustaba, pero sabía que la paciencia era su única aliada. Por el momento.