Capítulo 11
CHRISTIAN
Con la mirada perdida y reflexiva, Christian se dirigió al encuentro de sus compañeros.
El agente de seguridad que debía facilitar el paso de Adrian no estaba en su lugar.
Aunque habían logrado superar el control en Heathrow, sabía que la situación podía repetirse en Valencia.
Era solo cuestión de tiempo. Para cuando descubrieran al agente inconsciente, Adrian ya estaría volando rumbo a España.
Pero no tardarían en conectar los puntos: la negativa de Adrian a abrir su maleta, el ataque al agente y el destino final de su vuelo.
Enderezó los hombros y suavizó su expresión al acercarse al grupo de la tripulación en la puerta de embarque. Se aseguró de que todos estuvieran presentes y realizó el saludo formal. Revisó las asignaciones del día y los detalles específicos del vuelo a Valencia.
Una vez a bordo, él y sus compañeros se repartieron las tareas.
Inspeccionó las puertas de emergencia, asegurándose de que los indicadores y el equipo estuvieran en condiciones óptimas.
Cuando comenzaron a embarcar los pasajeros, los recibió con una sonrisa cordial, verificó billetes y los guió a sus asientos.
Ayudó a algunos a colocar sus maletas y comprobó que el equipaje en los compartimentos quedara debidamente asegurado.
Al completar el embarque, cerraron las puertas.
Christian caminó por el pasillo para confirmar que todos estuvieran sentados y con los cinturones abrochados.
Al pasar junto a Adrian, le guiñó un ojo con un gesto discreto que quedó entre ellos.
Realizó la demostración de seguridad, explicó el uso de los cinturones, las salidas de emergencia y las máscaras de oxígeno.
Poco después, la señal de abrochar cinturones se encendió, indicando que estaban listos para el despegue.
Christian tomó asiento en su puesto asignado. Se ajustó el cinturón y apoyó la espalda en el respaldo. Sentía la vibración del motor bajo sus pies mientras el avión se alineaba en la pista y comenzaba a ganar velocidad elevándose hacia el cielo.
Quince minutos después del despegue, Christian se ofreció a preparar el carrito con bebidas y avanzó por el pasillo. Sus dedos juguetearon nerviosos con el borde antes de tomar una decisión. Se acercó a Adrian con una copa de vino y se inclinó hacia él.
—Regalo de la casa —le susurró.
Adrian aceptó la copa con una sonrisa breve recostándose contra el respaldo de su asiento. Minutos después, el vino y el cansancio hicieron efecto y Adrian se quedó profundamente dormido.
Christian lo observó un instante. Su rostro tenía una calma desconocida, tan distinta al semblante controlado que siempre mostraba.
Un temor desconocido se agitó en su interior.
Temor de perderlo. Había conocido a muchos hombres, pero ninguno como Adrian.
Tal vez era esa inaccesibilidad, esa resistencia, lo que encendía en Christian un instinto constante de cazar y asegurarse de que la presa no escapara.
Con movimientos estudiados, abrió el compartimento superior y sacó la maleta de Adrian. La sostuvo con aparente naturalidad como si fuera parte de su trabajo rutinario.
Caminó hacia el baño y cerró la puerta tras de sí.
El latido de su corazón se aceleró mientras abría la maleta.
Buscó entre la ropa hasta que sus dedos rozaron el metal frío del arma.
La Walther PPK estaba justo donde debía estar.
La sostuvo un instante, sintiendo el peso del arma en sus manos y los riesgos que traía consigo.
Cerró la maleta de nuevo y se aseguró de que todo quedara exactamente como lo había encontrado.
Respiró hondo, salió del baño con calma y devolvió la maleta a su lugar. Adrian seguía dormido.
Christian ajustó su uniforme, recuperó la compostura y continuó su recorrido por la cabina.
Sabía lo que había hecho y las consecuencias que tendría para la misión.
Haría lo necesario para garantizar el éxito, incluso si eso significaba traicionar momentáneamente la confianza de Adrian. No podía permitirse errores.
No podía descubrirlo. No ahora. No todavía.
Ya se lo explicaría en Valencia. Si todo salía según su plan.