Serie Crímenes imperceptibles: libros 4-6 Capítulo 7
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Capítulo 7

CHRISTIAN

Adrian entró en la sala con la postura firme de un soldado ante su superior. Recorrió la estancia con la mirada hasta detenerse en Christian, que estaba sentado frente a John McCabe.

—Caballeros —saludó con un leve asentimiento.

Christian se levantó de inmediato y le tendió la mano a Adrian con un gesto apresurado.

—Encantado —se presentó con un tono algo nervioso mientras le estrechaba la mano.

Adrian mantuvo el apretón un instante antes de soltarlo con su expresión apenas delatando una ligera sorpresa.

—Este jovenzuelo —intervino John con una media sonrisa— es Christian. Lleva ya unos años con nosotros y, finalmente, tiene su primera misión como agente de campo. Como puede comprobar, está muy ilusionado.

—¿Agente de campo? —repitió Adrian.

John los miró de forma inquisitiva.

—¿Se conocen?

—No —negó Christian con rapidez.

—Sí —afirmó Adrian al mismo tiempo.

Christian intentó salvar la situación.

—Nos hemos visto un par de veces. Coincidimos en algún vuelo, jefe.

—Lo habrá visto en alguna misión puntual. Bueno, siéntense, caballeros.

Ambos obedecieron, mientras John retomaba su tono habitual.

—Adrian trabajó para el MI6 durante años. Ahora lleva unos meses con nosotros. Está en… transición.

—Siete meses —corrigió Adrian, sin alterar su expresión.

La palabra clave resonó en la mente de Christian. «Transición». No solo profesional, también personal.

Recordó la primera vez que vio a Adrian durante un vuelo como agente informante.

Su seriedad tenía algo magnético. La química entre ellos fue inmediata, aunque ambos fingieron ser desconocidos.

Un intercambio de números. Una llamada días después.

Y, entre sábanas y encuentros furtivos, Adrian le contó sobre su crisis laboral en el MI6 y cómo John McCabe lo había reclutado.

—Adrian ya ha sido informado de la misión —dijo John McCabe.

Christian miró de reojo a Adrian, quien parpadeó un par de veces, manteniendo una expresión impenetrable. Antes, le había dicho que no conocía los detalles.

—Aquí tiene lo que le prometí —dijo John, dejando una maleta de cuero sobre la mesa frente a Adrian.

Christian frunció el ceño al ver la maleta. Era sencilla y discreta con cremallera y una correa ajustable.

—Ábrala —indicó John.

Adrian obedeció. Dentro había ropa casual: camisas, camisetas, un par de suéteres y un par de vaqueros.

En un compartimento lateral, un mapa de España, una guía de viajes y unos prismáticos, junto con un reproductor de casetes portátil y auriculares clásicos con almohadillas de espuma.

También había unos cables negros enrollados con un interruptor integrado.

—Esta es la maleta que llevará en el viaje. Ahí debajo —señaló John hacia un neceser—, hay un compartimento con fondo falso.

Christian observó cómo Adrian sacaba una Walther PPK, compacta y discreta.

—El arma es para protección únicamente —subrayó John—. Nuestra organización tiene una política clara: no matamos, salvo en defensa propia.

John se inclinó hacia ellos con voz más grave.

—Necesitamos hacernos con el carrete sin que nadie lo sepa. Ni en Londres, ni en Madrid. Nuestra organización es apolítica e imparcial. No podemos permitir que este proceso de extradición se vea alterado por chantajes o filtraciones.

Christian habló tras unos segundos de silencio.

—¿Por qué nosotros?

—Porque en este mundo —respondió John—, las misiones exitosas son las que nunca existieron. Usted, Christian, tiene una habilidad para pasar desapercibido. Y, además, ha expresado su interés en asumir un papel más activo. Esta es su oportunidad.

—Tenga por seguro que será así, jefe.

—Recuerde: si alguien pregunta, no estuvo allí. Si alguien sospecha, era solo una sombra. Operamos en silencio, hacemos el trabajo y desaparecemos.

Hizo una pausa y se dirigió a Adrian.

—No hay lugar para sentimientos ni errores. Si algo sale mal, queda en sus manos. Una misión exitosa no deja rastro… ni una gota de sangre.

Adrian asintió con la mandíbula tensa.

—Y lo más importante —añadió John—: no se involucren emocionalmente. Los lazos, las dudas, el miedo… no pertenecen aquí. Las emociones hacen ruido, y el ruido debilita. Para todos los efectos, ninguno de nosotros tiene nombre ni historia en una misión.

John colocó un pasaporte frente a Adrian.

—Se llama Thomas Brown. Tenemos a un joven agente de seguridad asignado en un puesto específico dentro del control de seguridad en Heathrow.

Cuando llegue, le recita la frase clave y lo dejará pasar sin inspeccionar la maleta.

—Señaló a Christian y siguió hablando—. En la puerta de embarque estará este jovenzuelo que inspeccionará su pasaporte antes de entrar en el avión.

¿Alguna pregunta? —Al no obtener respuesta, miró su reloj y se levantó apoyándose en el bastón—.

Bien, caballeros. Yo me retiro. Tengo una cita con el televisor y un partido de fútbol.

Adrian alzó una ceja con un destello de curiosidad.

—¿Un partido?

—Manchester United contra Bayern Múnich —respondió John con una sonrisa leve—. Wenger ha armado un equipo sólido.

—Esperemos que mantengan el nivel —añadió Adrian relajándose un poco.

Christian exageró un bostezo.

—Fascinante.

John le lanzó una mirada rápida antes de dirigirse hacia la puerta.

—Siempre es bueno confiar en un equipo sólido. —Luego, mirando a Adrian—. ¿Ha venido en coche?

—No.

—Entonces Christian lo llevará. Así tendrán tiempo para conocerse mejor.

Cuando John desapareció, Adrian cogió la maleta y se quedó mirando a Christian.

—¿Crees que lo sabe?

Christian se apoyó en la mesa con la mirada fija en la puerta por donde había salido John, como si intentara leer el enigma que había dejado atrás.

—Si lo supiera, no nos habría asignado la misma misión.

Pero en el fondo, no estaba tan seguro.