Capítulo 50
Elisa Vogel reposaba en una camilla, cubierta con una manta blanca de hospital. Sus cabellos rubios estaban esparcidos sobre la almohada y sus ojos azules, aunque acuosos y cansados, brillaban con una mezcla de esperanza y miedo.
Para el personal médico, este procedimiento era rutinario; sin embargo, para Elisa, significaba una operación que tenía el potencial de salvar su vida.
Las luces blancas brillaban intensamente y el olor característico a desinfectante llenaba el aire.
Levantó ligeramente la cabeza, dirigiendo la mirada hacia la puerta cerrada, con la esperanza de que su marido entrara y estuviera a su lado.
—Disculpe, ¿ha visto al doctor Jakob Schmitt? —le preguntó a una enfermera que estaba preparando el instrumental al otro lado de la habitación.
—Él no forma parte del equipo de trasplante —respondió ella sin desviar su atención de su tarea.
—Lo sé —dijo Elisa con voz suave—. Pero me prometió pasar a desearme suerte antes de la operación. Ambos somos austriacos y… Eso es todo.
Nadie podía saber que el doctor Jakob Schmitt era en realidad su marido. Elisa sabía bien que Jakob sería incapaz de poder tomar decisiones objetivas durante el largo proceso quirúrgico y pondría en riesgo el éxito de la operación.
Antes de que Elisa insistiera, la puerta de la sala se abrió y un equipo de enfermeras y cirujanos entró. Uno de los cirujanos, una mujer con rostro sereno y cabello oscuro recogido en un gorro quirúrgico, se acercó a la camilla.
—Ms Vogel, soy la doctora Olivia Harrington y estaré a cargo de su operación —se presentó con voz calmada.
—¿Sabe si está por aquí el doctor Jakob Schmitt?
La sorpresa cruzó brevemente el rostro de la doctora Olivia. Luego, esbozó una sonrisa tranquila.
—No se preocupe. Está en buenas manos. Haremos lo posible para que todo salga bien.
Elisa asintió, tragando saliva.
—Gracias, doctora.
Un hombre de bata blanca y expresión amigable se acercó también.
—Ms. Vogel, soy James Thornton, el anestesista encargado de la operación. ¿Está preparada?
Elisa abrió la boca para preguntar otra vez por Jakob, pero no le salieron las palabras. Simplemente, miró al anestesista y asintió.
Elisa estaba preparada.