Serie Crímenes imperceptibles: libros 1-3 Capítulo 35
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Capítulo 35

Poul propuso llevar a Jerónimo a Stokkemarke en su coche. Durante el viaje, Jerónimo jugueteó nervioso con su móvil, debatiendo si llamar a Christian para contarle que iba a perder el avión de vuelta a casa. Finalmente, le escribió:

« Hej Chris… ».

«Hola, Chris: Erik no envió el correo. Sé quién lo hizo y necesito hablar con él. Te llamo cuando tenga más información. Ahora estoy en la isla de Lolland. Estoy bien. No te preocupes».

No pasaron muchos minutos antes de que su teléfono vibrara. Era Christian. Tras explicarle todo, Jerónimo logró que su amigo aceptara la decisión.

—Estáis muy unidos —comentó Poul, manteniendo los ojos en la carretera.

—Más que un amigo, es como un padre para mí.

—¿Y tu familia?

—Viven en Valencia, España. Mi padre falleció poco antes de que me mudara a Copenhague.

—Vaya coincidencia —comentó Poul.

Jerónimo no respondió y se perdió en la contemplación del paisaje danés: casas de diseño nórdico tradicionales pintadas en tonos suaves que se fusionaban con el entorno natural.

Entraron en Stokkemarke, un pueblo pequeño con apenas quinientos habitantes y viviendas que se esparcían cerca del mar.

La casa donde vivía Marius estaba en las afueras, apartada de las demás.

Aparcaron fuera de la alambrada que rodeaba la casa. No vieron ninguna puerta o forma de poder entrar.

—Por aquí —indicó Poul, levantando un segmento de la cerca.

Al acercarse a la puerta, notaron un LED rojo parpadeando en la parte superior. A pesar de llamar repetidas veces, no recibieron respuesta.

La casa mostraba signos evidentes del paso del tiempo: maderas desgastadas, tejas descoloridas y ventanas cerradas con gruesas cortinas que limitaban cualquier intento de mirar al interior.

Poul hizo un gesto para que Jerónimo guardara silencio.

Justo entonces, un ruido proveniente del interior en la parte trasera de la casa llamó su atención.

Mientras Poul se quedaba en la entrada, Jerónimo la rodeó y vio una figura tratando de escapar por la ventana.

Inmediatamente, se activaron unas alarmas y el sonido rompió el silencio. Hubo un momento de confusión.

—¡Está huyendo! —gritó Jerónimo, señalando hacia la parte trasera de la casa.

Un hombre corría desesperado.

Sin pensárselo dos veces, Jerónimo se lanzó tras la figura, esquivando árboles y arbustos.

Aquel hombre, en plena carrera, sacó unas bengalas de su bolsillo, encendiéndolas. El resplandor rojo deslumbró a Jerónimo, que se vio obligado a parpadear para recuperar su visión.

Poul se unió a él.

—¡Marius! Soy yo —le gritó para que reconociera su voz.

Juntos palparon el aire a ciegas, tratando de buscarlo a través del humo y la brillante luz. Cuando Jerónimo finalmente pudo ver con claridad, localizó a Marius ascendiendo una colina cercana. Sin perder tiempo, corrió tras él.

Desde la cima, Marius zigzagueó por el prado para desaparecer detrás de un montículo de tierra.

A pesar del agotamiento, Jerónimo sacó fuerzas fruto de la desesperación y continuó la persecución. No sabía quién era ese hombre. No sabía si era peligroso. No sabía qué le podía pasar. Solo sabía que era su única pista para encontrar a Erik y no iba a dejar escapar esa oportunidad.

Al llegar a un arroyo, en un intento desesperado, Jerónimo saltó hacia delante, logrando agarrar a Marius por la pierna.

Ambos cayeron al agua, luchando por el control.

Jerónimo le roció con el spray de pimienta y, finalmente, logró inmovilizarlo en la orilla y se colocó encima de él mientras este luchaba por liberarse entre gritos y un ardor intenso en los ojos. Lo había atrapado.

—¡No me mates! —suplicó Marius entre jadeos mientras se frotaba la cara.

Poco después, un exhausto Poul llegó y ayudó a mantener a Marius controlado.

—No queremos hacerte daño —dijo Jerónimo—. Solo necesitamos hablar contigo.

Reconociendo la derrota, Marius se relajó.

—Soy Poul —le dijo mientras le ofrecía un pañuelo mojado en agua para que se limpiara los ojos.

—¿Y cómo sé que eres Poul?

—Porque estoy delante de ti, capullo. Tampoco he cambiado tanto desde la última vez que nos vimos. Tú, en cambio, estás hecho un trapo —respondió con una mezcla de humor y seriedad.

Marius se incorporó y se limpió el pantalón. Era un hombre de piel pálida, ojos cansados y aspecto gastado por la vida.

—Este es Jerónimo, la pareja de Erik, y quiere hablar contigo. ¿Te importa si vamos a tu casa y te hacemos algunas preguntas? —dijo Poul.

—No sé de quién me hablas.

Poul se acercó más a Marius con cara de pocos amigos.

—¿Es eso lo que te dijo Erik que dijeras?

—La negación es la primera táctica que se usa cuando te capturan —explicó, haciendo que Jerónimo y Poul intercambiaran una mirada de sorpresa.

—No tenemos tiempo para tus paranoias —dijo Poul con tono directo—. Aquí no hay nadie que esté capturado a menos que llame a la policía y se pase por tu casa para hacer inventario de la farmacia que tienes dentro.

Derrotado, Marius levantó la mano para que lo siguieran hasta casa.