Serie Crímenes imperceptibles: libros 1-3 Capítulo 13
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Capítulo 13

Jamal, el hacker , agarró un teléfono que parecía sacado de una película de los ochenta. Conectó el dispositivo a una caja rectangular metálica del tamaño de una caja de cerillas y esperó hasta obtener línea.

—El pariente estuvo por aquí —dijo con voz grave—. No sé cómo, pero reconoció la furgoneta. Tocó a la puerta un par de veces y luego se fue. Cambiaré de posición y ajustaré el plan si es necesario. Estaré en contacto ante cualquier novedad.

Colgó sin esperar respuesta y puso en marcha la furgoneta.

Jamal no sabía quién estaba al otro lado de la línea; podría ser un hombre, una mujer o un marciano.

No tenía ni idea.

El hecho de que Jerónimo hubiera estado por ahí merodeando era una situación no prevista. Su misión estaba clara: informar de situaciones no previstas y seguir el protocolo al pie de la letra.

Aparcó al otro lado del hospital y regresó a su ordenador, listo para trazar un nuevo plan.

Era consciente del alto riesgo y del dinero que estaba en juego.

Habían matado dos pájaros de un tiro. Por un lado, habían puesto a ese maldito periodista entrometido fuera de juego y, por otro lado, ocultaban cualquier sospecha que pudiera salir a la luz pública.

Ahora ese periodista era mercancía para comercializar. Hoy la recogerían de la tienda y la llevarían al taller para vender los recambios a los clientes.

Era un encargo demasiado valioso como para arriesgar el más mínimo detalle, pero con la interferencia del pariente, había surgido un nuevo desafío: una tercera pieza que eliminar del tablero.

Abrió una cerveza y comenzó a teclear en el ordenador. Pasaban al siguiente protocolo. Sabía lo que hacía. Ya había manejado situaciones similares antes y no permitiría obstáculos en su camino.