Serie Crímenes imperceptibles: libros 1-3 Capítulo 1
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Capítulo 1

En un pasillo de hospital iluminado por la luz fluorescente, un celador fornido empujaba una camilla con el cuerpo de Jerónimo.

A su lado, un doctor, esbelto como una espiga de trigo, lo seguía con paso ligero. Su mirada intensa y sus manos crispadas denotaban una preocupación que no podía disimular. Ambos se detuvieron frente a un doctor de mayor edad.

—¿Paciente? —preguntó en inglés con voz ronca.

El doctor esbelto inclinó la cabeza y consultó su tableta antes de responder.

—Se llama Jerónimo, de nacionalidad española y residente en Londres —respondió fingiendo un tono neutro.

Las arrugas alrededor de los ojos del doctor de mayor edad se acentuaron.

—¿Cuál es su estado?

—Accidente de tráfico. Lo hemos sedado con midazolam y fentanilo y se encuentra estable. No presenta lesiones visibles externas, pero creemos que ha sufrido un traumatismo craneoencefálico y he solicitado una tomografía computarizada de urgencia.

—¿Han hecho alguna radiografía o resonancia?

El doctor esbelto le pasó el informe.

—Se realizó una radiografía inicial sin encontrar fracturas evidentes. Sin embargo, por sus síntomas, consideré necesario solicitar un TAC de urgencia. Podría tener edema cerebral o, en el peor caso, hemorragia intracraneal.

—¿Qué dicen los parámetros vitales? —preguntó el doctor mayor inmerso en la pantalla de la tableta.

—El paciente llegó con un nivel de respuesta en la escala de Glasgow de 8, por lo que lo hemos intubado de forma preventiva.

Aunque sus signos vitales son estables por ahora, hay riesgo de aumento de la presión intracraneal.

La oxigenación y la presión arterial se han mantenido dentro de parámetros aceptables, pero estamos listos para cualquier eventualidad.

El doctor mayor levantó despacio la vista de la tableta hacia Jerónimo.

Un silencio sepulcral llenó el espacio entre ellos, interrumpido solo por el zumbido de las luces y el distante murmullo de otros pacientes.

Luego miró a su colega y le devolvió la tableta con el informe mientras se hacía a un lado para dejar paso.

—Si hay hemorragia, necesitará cirugía.

El doctor esbelto asintió con la mandíbula tensa.

—Así lo haré.

El celador fornido empujó la camilla con mirada alerta, alejándose por el pasillo y mezclándose en el bullicio hasta hacerse invisible.