Serie Crímenes imperceptibles: libros 1-3 Capítulo 54
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Capítulo 54

Al día siguiente, Jerónimo se encontró con su amigo Christian fuera de la estación de Wapping, a diez minutos a pie de su apartamento en St Katharine Docks, tras aterrizar en Londres.

—¿Sabe Erik que estás aquí? —preguntó Jerónimo.

Christian negó con la cabeza.

—Tampoco sabe que tú te encuentras aquí.

—¿Has podido…?

Antes de que Jerónimo pudiese terminar su pregunta, Christian le lanzó una mirada paternalista y sacó del bolsillo un llavero.

—Me debes una —le dijo, mientras Jerónimo cogía las llaves—. Una muy grande.

—Lo sé —respondió él—. Siempre has cuidado de mí.

—Tú lo has dicho: siempre. —Christian le guiñó un ojo y le subió la cremallera de la sudadera—. Tienes la manía de no abrigarte suficiente. Esto no es Valencia. Bueno, tengo que irme, he quedado con alguien.

—¿Con el informático? —preguntó Jerónimo ocultando una sonrisa.

Christian miró a Jerónimo con ojos enigmáticos.

—¿Sabes guardar un secreto?

Jerónimo asintió, curioso.

—Claro.

Una sonrisa pícara se formó en los labios de Christian.

—Yo también. —Se dio la vuelta y se dirigió hacia su Porsche Panamera azul metalizado, estacionado al otro lado de la calle. Subió al coche y arrancó.

Jerónimo se quedó quieto mientras su amigo desaparecía entre el tráfico de un Londres un sábado por la tarde.

Diez minutos después, Jerónimo se encontraba frente a su apartamento. Llamó a la puerta y, cuando Erik la abrió, se quedó boquiabierto.

Jerónimo exhibió un juego de llaves en alto.

—Erik Vinterberg. ¿Quieres vivir conmigo en Essex? Quiero decir, de forma oficial. Tú y yo. Vivir juntos. Una casa a nuestro nombre. Tal como lo habíamos planeado. ¿Aceptas? Di algo, ¿no?

Erik cruzó los brazos.

—¿No te arrodillas? —le preguntó, con tono burlón.

—Eso es otra cosa —replicó Jerónimo, imitando el tono burlón de Erik—. Yo te ofrezco las llaves y la propuesta de vivir juntos oficialmente. En cuanto al resto, ya veremos.

Erik lo agarró de la sudadera y lo besó con pasión.

—¿Confías en mí? —le preguntó mientras cerraba la puerta de la calle, con esa mirada que tenía el poder de derretir el corazón de Jerónimo.

Jerónimo respondió con un beso más intenso, con un deseo que no había sentido en mucho tiempo. Respiró hondo, buscó a Erik con la mirada y le dijo en español:

—Te quiero.