Serie Crímenes imperceptibles: libros 1-3 Capítulo 37
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Capítulo 37

Jerónimo pasó por la oficina de Luis con el archivo de las fotos y le contó la conversación que había tenido con Christian.

—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó con voz tensa.

—¿Comunicárselo a la policía?

—Aparte de comunicárselo a la policía.

—Ya te lo he dicho, espera a que tu amigo se ponga en contacto.

Jerónimo asintió, pero era una idea frustrante. Las señales de vida de Marcos eran como ecos perdidos en el viento.

—El problema es que no se ha puesto en contacto conmigo. Mandó un mensaje a la prima de Silvia y llamó al padre para decirle que era incapaz de ir a la misa de su mujer.

—Bueno, sabes que tiene que estar por aquí cerca protegiendo a su amante.

Jerónimo reflexionó sobre las palabras de Luis durante un momento.

—Quizás tengas razón. ¿Alguna vez has engañado a tu mujer?

Su hermano levantó una ceja, sorprendido.

—Exmujer. ¿Y eso qué tiene que ver?

—Quizás fueron cuernos de un fin de semana y luego se arrepintió. Las fotos capturan un momento en el tiempo. De las ocho que hay, solo en una están besándose en la playa.

Su hermano asintió despacio.

—Puede que no seas tan ingenuo como pareces. ¿Te acuerdas de Lourdes, mi secretaria?

—Luis, por favor —respondió Jerónimo, incrédulo—. Podrías ser más original.

—Follamos un par de veces. Luego la despedí.

—Eso es de ser un cabrón.

—No la despedí porque nos acostamos dos veces. La despedí porque era una incompetente. Y porque descubrí que también se había acostado con algunos clientes.

—Incompetente y poco profesional por acostarse con alguien del trabajo.

—Exacto. De sexismo nada. Tenía una garganta más larga que el túnel de Guadarrama.

—No sé por qué te escucho.

—Porque sabes que tengo razón. Marcos tuvo un desliz.

Jerónimo se levantó.

—Tengo que irme.

Luis lo detuvo.

—¿No es tu cumpleaños pronto?

Jerónimo bajó la mirada.

—El mes que viene —mintió—. Tengo que volver a casa del abuelo. Justo Erik llega esta tarde.

—No lo sabía —dijo Luis, sorprendido.

—Yo tampoco. Christian me hizo prometer que no diría nada. Erik le hizo prometer lo mismo a Christian.

Luis soltó una risa.

—Los gais sois como las mujeres.

—¿No solo pensamos con la polla? —respondió Jerónimo.

—Sigues mintiendo igual de mal. Erik viene porque es tu cumple.

—Sí.

Se disponía a salir de la oficina cuando Jerónimo escuchó a Luis llamarlo.

—Luisito está mejor. Gracias por preguntar.

Jerónimo sintió un golpe de culpa. Se había olvidado de su sobrino enfermo.

—Supuse que estaría mejor, ya que tu peculiar sentido del humor ha vuelto.

—Sigues mintiendo mal —replicó Luis, pero había una nota de reproche en su voz, como si le echara en cara esa falta de habilidad.

—Luis, prometí acompañar a tu hijo mañana en la consulta del médico y pasar la tarde juntos y allí estaré.

—Mañana a las 16:30. Le diré a mi ex que pasarás a verle.

—Allí estaré —dijo Jerónimo, y antes de darse la vuelta, Luis lo llamó otra vez.

—No llegues tarde o no me llames de vuelta —añadió su hermano con su habitual humor.