Capítulo 35
Quince minutos más tarde, Luis se encontró con Jerónimo en la calle. Tenía un cigarrillo en la mano. Lo encendió y dio una larga calada.
—El poli chocho quiere que le hagas una traducción “informal” del historial médico de Connie, antes de pasarlo a un traductor jurado y presentarlo como prueba al juez.
—Dio otra calada—. Estás libre como una paloma.
No van a poner cargos contra ti, ni contra Alberto. Esa loca se tomó unos chupitos de más.
—No estaba loca.
—¿Desequilibrada mental suena más políticamente correcto?
—Connie quería mucho a su hija.
—¿Y por eso se suicidó?
Jerónimo no dijo nada. Luis se acercó más a él.
—Como se enteren en el bufete de que voy a dar representación legal a Alberto, tendré que pagar mis facturas con billetes del juego del monopoly .
Jerónimo formó una sonrisa traviesa.
—Ya lo hemos hablado. Lo haces extraoficialmente. Como lo hiciste con Carles. Algo entre tú y yo.
Luis torció los labios ante el comentario irónico de Jerónimo.
—¿Y si al policía no le hubieran parecido suficientes las pruebas que diste?
Jerónimo se encogió de hombros.
—No lo sé. Es lo menos que podía hacer. Lo más importante era que el policía creyera cada una de mis palabras.
—Y fuiste muy convincente.
—Tú también fuiste muy convincente —le dijo a Luis, que se quedó pensando.
—¿Me has utilizado en el interrogatorio?
Jerónimo se quedó callado.
Luis entrecerró los ojos.
—Ahora lo entiendo. —Resopló—. Has jugado al poli bueno y al poli malo.
—Cruzó los brazos—. Te has negado a hablar con un abogado antes de hablar con la policía.
Así te daba más puntos para que se creyera lo que le contabas y tu declaración fuera más honesta.
—Movió la cabeza a los lados—. Siempre te has salido con la tuya.
—Hizo una mueca agria y pisó la colilla.
Leyó un mensaje del móvil y levantó la mano llamando a un taxi que pasaba—.
Me han confirmado la visita. Date prisa o llegarás tarde, hermanito.
Jerónimo se metió en el taxi, para ir a la prisión de Picassent en Valencia. Tenía un mensaje para Alberto.