Leyenda 38.
Doña Elvira, el fantasma del monasterio de Valdeiglesias
"El escultor celoso mató al mancebo y huyó al monasterio. Su esposa Elvira murió de pena, y su espíritu aún mueve las maderas del coro en las noches de tormenta."— Leyenda del monasterio más antiguo de Madrid
La leyenda sitúa su origen en el Madrid del siglo XVI, una época de grandes artistas y pasiones desbocadas.
Según la tradición que se ha transmitido en la zona, Doña Elvira era una dama de una belleza singular.
Había contraído matrimonio con un conocido escultor, un artista de renombre llamadoRafael de León, pero de un carácter profundamente celoso y desconfiado.
El amor se convirtió en posesión, y la posesión, en un infierno diario.
Los rumores sobre la joven llegaban a oídos del artista, alimentando un fuego que consumía su razón.
Atormentado por los celos, el escultor sorprendió a un mancebo en una situación que consideró comprometedora para su honor.
Sin dar lugar a explicaciones, lo asesinó presa de un ataque de ira.
Consciente de que su vida en la corte había terminado, el artista huyó de Madrid con la ropa que llevaba puesta, refugiándose en el recóndito Monasterio de Valdeiglesias.
Allí, entre la paz y la rutina de los monjes, esperaba encontrar el perdón que sus actos le negaban.
Al poco tiempo, Doña Elvira, profundamente afectada por los escándalos y la huida de su esposo, cayó gravemente enferma.
Agotada por una pena que no podía ocultar, murió en la más absoluta de las soledades.
El alma de Doña Elvira, sin embargo, no pudo encontrar el descanso eterno.
Atada a la tierra por los celos que la persiguieron en vida y la pérdida de su esposo, su espíritu comenzó a manifestarse en el lugar donde él se había ocultado.
Al principio, los monjes notaron pequeños fenómenos inexplicables.
Objetos que cambiaban de lugar durante la noche, pasos que resonaban en los claustros vacíos y una sensación extraña de ser observados.
Con el tiempo, la leyenda cobró forma y nombre.
Según cuentan, el espíritu de la joven movía las sillerías y otros elementos de madera del monasterio, como un eco mudo de las obras de su esposo escultor, atrapadas en un arte que ya no podía crear.
La noticia de la presencia de un fantasma en el monasterio no tardó en llegar a los oídos de los nuevos propietarios.
El arquitecto Mariano García Benito compró las ruinas del cenobio por doce millones de pesetas y, al habitar sus estancias, comenzó a experimentar el mismo terror de los antiguos monjes.
Hoy, el monasterio se ha convertido en un escenario muy popular para el rodaje de películas, series y videoclips, y en un lugar de peregrinaje para los amantes del misterio.
Durante las visitas guiadas, los guías, como el archiconocido Rafael Rodríguez, se encargan de relatar la historia de Elvira, advirtiendo a los visitantes que no se asusten si, en algún rincón del cenobio, sienten un leve escalofrío o escuchan un rumor que no puede explicarse.
Aunque la justicia de los hombres nunca alcanzó al escultor, la tradición popular ha convertido a Doña Elvira en la eterna rehén de su historia de amor y muerte.
A diferencia de otros espectros que vagan sin rumbo, el suyo está atado a la madera del monasterio, a los objetos que su esposo, en su huida, ya no pudo tallar.
Los monjes que han intentado exorcizar su presencia no han tenido éxito, y los pocos que se han atrevido a dormir en sus celdas han relatado haber visto una imagen pálida paseando por los claustros en las noches más cerradas.
Hoy, el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, declarado Bien de Interés Cultural, es un lugar donde la historia y la leyenda se dan la mano.
Un remanso de paz en el que la Recoletos más angulosa se codea con unaDama Erranteque ha hecho de este rincón su hogar eterno.
Y quien se aventure en sus criptas o cruce el umbral de sus puertas de roble, haría bien en guardar silencio.
Porque quizás, entre el aroma de los vinos que dieron origen a esta comarca, se pueda percibir un leve perfume de época, o distinguir una figura femenina que, con paso ligero y un deje de melancolía, cruza una galería donde el tiempo se ha detenido para siempre.