Seres de leyendas de Madrid Leyenda 36.
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Leyenda 36.

La Duquesita Errante del Palacio de Pastrana (La Dama Blanca)

"La hija de los duques, perdida en una partida de naipes, fue emparedada para no ser entregada. Su vestido blanco aún recorre los pasillos de Chamartín."— Tradición oral del barrio de Pastrana

A diferencia de los grandes palacios del centro, esta morada del espíritu se alza en el corazón del barrio de Chamartín.

Escondido entre calles concurridas se encuentra el Palacio de los Duques de Pastrana, un edificio decimonónico que guarda una historia de amor, muerte y una aparición que sus trabajadores y vecinos aún murmuran.

La tradición que se ha transmitido en la zona vincula a este ser con los antiguos poseedores del título.

Cuenta la leyenda que la hija de los duques, una joven de extraordinaria belleza desapareció del palacio en circunstancias nunca aclaradas.

Las versiones del suceso varían: unas hablan de un amor prohibido que la llevó a la desgracia; otras, de una muerte accidental que fue ocultada a la sociedad.

Lo que unifica todas las historias es que su alma quedó atrapada en el palacio, incapaz de encontrar la paz en el otro mundo.

Su aparición solitaria, describiéndola con un vestido blanco y un rostro bañado en una palidez fantasmal, ha sido el principal testimonio de los custodios del edificio y de los vecinos del barrio.

Aunque los registros históricos no mencionan a ningún duque que perdiera a una hija en la Quinta de San Enrique, el deseo de encontrar un origen romántico y trágico es lo que da vida a la leyenda.

Es posible que la historia, que pretende explicar el origen de una casa encantada, haya sido un simple deseo romántico de sus propietarios.

Sin embargo, la fuerza del mito es tal que la aparición se ha consolidado como un icono del Madrid más desconocido.

Hoy, quien pasee por la calle del Duque de Pastrana y alce la vista hacia el palacio, haría bien en recordar la historia de la Duquesita.

Porque, puede que en la penumbra de sus ventanales, una figura pálida continúe recordando el palacio que una vez fue su hogar, mientras sus pasos resuenan en la noche para recordar a los madrileños que el amor por una casa puede ser tan profundo que ni la muerte lo logra apagar.