Seres de leyendas de Madrid Leyenda 25
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Leyenda 25

El Ratón Pérez, el ratón de los dientes más famoso del mundo.

N o todos los seres de leyenda que pueblan este libro son almas en pena, monstruos infernales o aparecidos que hielan la sangre.

Hay uno, el más famoso de todos quizás, cuya naturaleza es tan bondadosa como fantástica, y que nació de la pluma de un escritor, de la fe de un niño que no quería crecer, del deseo de consolar el dolor de la pérdida de un diente con una pequeña moneda.

Pero cuidado, porque aunque su origen sea literario, el Ratón Pérez es hoy por hoy el ser legendario más universalmente conocido de Madrid, un personaje tan arraigado en el imaginario de nuestra infancia que resulta imposible no concederle un lugar de honor en estas páginas.

A partir de ese instante, el Ratón Pérez se convirtió en un éxito fulgurante.

La tradición oral, que tan bien conocemos los recopiladores de leyendas, se encargó de que la historia del pequeño roedor no quedara limitada a la realeza, sino que se extendiera por todo Madrid y, de Madrid al resto de España, y de España, cómo no, a toda Hispanoamérica.

Hoy, el Ratón Pérez, el ratoncito Pérez, el Pérez que tantos y tantos niños han esperado con una mezcla de ilusión y de miedo, es más que un personaje de cuento: es un símbolo del Madrid más castizo, un emblema de nuestra cultura popular.

Pase lo que pase en la política, en las finanzas o en las altas esferas, los niños seguirán colocando sus dientes bajo la almohada, y el ratoncito, fiel a su cita, seguirá acudiendo para llevárselos.

Y el hecho de que su dirección esté fijada para siempre en la calle del Arenal, en pleno centro del antiguo Madrid de los Austrias, nos recuerda que la ciudad legendaria no solo está hecha de fantasmas y duendes, sino también de personajes cuyo origen literario se ha convertido en leyenda viva, en tradición oral pura y dura, en la certeza de que lo fantástico puede ser, además de aterrador, enormemente reconfortante.

Y eso, queridos lectores, también es Madrid.

El Madrid que nos vio crecer, el Madrid que nos sigue viendo dormir y el Madrid que, esperamos, siga escuchando los pasos de un pequeño ratón que recorre las cañerías de la villa para hacer felices a los más pequeños y a los no tan pequeños que, al cerrar los ojos, todavía creen.