Leyenda 24
El fantasma de Luis Antón del Olmet en el Teatro Eslava
"Su obra 'El capitán sin alma' nunca se estrenó. Pero él, condenado a vagar entre bambalinas, busca eternamente a la amada que le arrebató la vida."— Leyenda del Teatro Eslava
Lo que comenzó como una rivalidad profesional se tornó personal, avivada por la disputa por el amor de una mujer. Las fuentes difieren respecto a su identidad, apuntando a una tal Elena Manzanares o una bella dama que, tras rechazar a Vidal, acabó en los brazos de Olmet.
La rivalidad se intensificó con el tiempo. El empresario Martínez Sierra había aceptado estrenar la obra de Vidal (Los gorriones del Prado), pero la función fue un rotundo fracaso.
Convocaron entonces a Olmet, cuyo turno se había saltado según los cánones de cortesía literaria. En un acceso de ira, Olmet intentó estrangular a su rival, y este se defendió sacando una pistola y disparando a bocajarro.
La muerte de Olmet fue fulminante y violenta. Vidal y Planas fue detenido in situ y, tras ser juzgado, condenado a 12 años de prisión, aunque solo cumpliría una cuarta parte de la pena.
Tras el crimen, el Salón Eslava comenzó a vivir dos vidas. La primera, la oficial, la de una sala de fiestas que, bajo el nombre de Joy Eslava, ha sobrevivido hasta la actualidad en la calle del Arenal.
La segunda, la del rumor. Los trabajadores del teatro fueron los primeros en relatar extraños fenómenos durante la noche: puertas que se abrían solas, sombras que se deslizaban entre las butacas y un murmullo casi inaudible que parecía surgir de las propias paredes.
La leyenda del fantasma del Teatro Eslava había nacido.
Con el paso de los años, los testimonios sobre la aparición de Olmet se han multiplicado.
Los relatos coinciden en un patrón: la sombra de un hombre, vestido a la usanza de los años 20, se le aparece casi siempre a mujeres en las horas posteriores al cierre del local.
Se dice que su espíritu, condenado a una eterna búsqueda, vaga sin descanso intentando encontrar a la mujer que amaba y por la que le arrebataron la vida.
Resulta irónico que la víctima, condenada por la tradición a un rol romántico de'alma en pena', fuera el provocador de la pelea que acabó con su vida, mientras que la justicia terrenal condenara a su verdugo por un asesinato que, quizás, fue en defensa propia.
Lo que está claro es que el Teatro Eslava, un edificio donde durante décadas se ha vivido de espaldas al día con sus discotecas y conciertos, todavía alberga un secreto a voces.
Los empleados más veteranos evitan quedarse solos en la sala principal cuando la noche está muy avanzada, y los músicos más supersticiosos todavía dedican sus últimos acordes'al socio que se quedó'.
La placa que conmemora el trágico suceso desapareció de la fachada, pero la memoria de Olmet, atrapada entre el escenario y la puerta de salida, sigue siendo un recordatorio silencioso de que, en Madrid, los muertos no siempre descansan en paz, y que el éxito de una obra de teatro a veces tiene un precio que ni la muerte puede pagar.