Seres de leyendas de Madrid Leyenda 15
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Leyenda 15

La emperatriz Eugenia de Montijo, el fantasma del Palacio de Liria

H asta ahora hemos hablado de almas en pena del pueblo llano, ajusticiados y pastoras; subamos ahora a la más alta alcurnia, a la residencia del linaje más poderoso de la nobleza española, para conocer el relato de la emperatriz que se negó a abandonar su hogar.

Nos referimos al Palacio de Liria, sede de la Casa de Alba, una mole de piedra en el corazón de Madrid donde según la tradición más arraigada en la propia familia ducal aún vaga el espectro de Eugenia de Montijo, emperatriz consorte de Francia por su matrimonio con Napoleón III, que eligió dicho palacio como su última residencia terrenal y, al parecer, también como su morada eterna.

Poco después de su fallecimiento, los trabajadores y miembros de la Casa de Alba comenzaron a notar extraños fenómenos en los pasillos y estancias del palacio.

Pasos que resonaban en la madrugada cuando no quedaba nadie vivo en las galerías, puertas que se abrían y cerraban solas y, en ocasiones, la fugaz visión de una sombra con vestimenta decimonónica que se deslizaba entre las habitaciones sin hacer el más mínimo ruido.

No había duda para los más veteranos del servicio: la emperatriz había vuelto. Como si aún estuviera viva, el alma de Eugenia de Montijo continuaba recorriendo los salones que tantas veces la vieron pasear durante su retiro madrileño.

Lo que diferencia esta leyenda de otras que pueblan Madrid es que su testimonio más creible proviene de la propia familia Alba, los propietarios del palacio.

En más de una ocasión, Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la célebre Cayetana Fitz-James Stuart y por tanto descendiente directo de la emperatriz, ha manifestado públicamente la existencia de este fenómeno.

«Siempre se ha dicho en mi familia que en Liria vive el fantasma de la Emperatriz Eugenia», declaró el duque de Arjona a la revista ¡HOLA!

en una entrevista en la que desvelaba los secretos más íntimos de su linaje.

No se trata, por tanto, de un rumor popular o una invención callejera, sino de una tradición que ha sido alimentada y custodiada por los propios moradores del lugar, que han transmitido el relato de generación en generación.

Con el paso del tiempo, el fantasma de la emperatriz se ha convertido en un símbolo más del Palacio de Liria, y son muchos los visitantes y los investigadores del misterio que han solicitado acceder a sus estancias para intentar captar algún indicio de la presencia de Eugenia.

Algunos incluso afirman haber percibido un fuerte olor a perfume de época justo donde la emperatriz solía sentarse a leer, o haber notado un cambio brusco de temperatura en las habitaciones que ella ocupó durante su vida.

La propia familia, que en un primer momento trató de restar importancia a los fenómenos, ha acabado asumiendo la leyenda como parte indisoluble de la historia del palacio.

Hoy, el Palacio de Liria, situado en la calle de la Princesa número 20, se ha abierto al público para su visita, y sus majestuosas estancias, repletas de obras de arte y objetos históricos, guardan aún el recuerdo de aquella emperatriz que un día vivió entre sus muros y que, al parecer, no se fue del todo.

La próxima vez que pasees por las inmediaciones de la plaza de España y alces la vista hacia esta mole señorial, recuerda que en su interior quizás aún resuene el eco de unos pasos que no pertenecen a ningún vivo, y que una sombra vestida de época sigue vigilando desde el más allá el patrimonio de la familia que la acogió en su retiro.

Porque, como reza la tradición de la Casa de Alba, hay lazos que ni siquiera la muerte puede romper, y el de Eugenia de Montijo con su querido Palacio de Liria es, sin duda, uno de esos que han sobrevivido al paso de los siglos y a todas las modas, para convertirse en una de las leyendas más elegantes y mejor documentadas del Madrid nobiliario.