CAPÍTULO 45 #3
»Después de que este museo haya estado sepultado durante muchos meses bajo el recuerdo de lo que una vez fue, por fin, ha vuelto a ser eso.
Un museo de artistas locales para que se muestren y preservemos la memoria artística que sigue acompañándonos día a día.
Al final del pasillo, encontraréis la sala de subastación, la número siete.
Todo el dinero recaudado será destinado a la continuación de la investigación del ELA.
Una oleada de aplausos sigue sus palabras.
Locke agacha un momento la cabeza y frunce los labios en una sonrisa escueta.
—Gracias —repite—. Aunque, sin ninguna duda, esto no habría sido posible de no ser por la ayuda del equipo del museo, que sabían lo que arriesgaban al aceptar una propuesta como esta e incluso así me dieron la oportunidad.
Es, también, gracias a la SommeWhat Company por acceder a la otra cara de la inversión y es, sin ninguna duda, gracias a Aída, ahora jefa corporativa del Museo de Fenses.
Y... —se detiene un momento—. No puedo no darles las gracias a mis amigos, a esos tres que están ahí —dice mirándolos—.
Caleb, Noah, Finn, sois como mi familia.
»Y... Mucho menos puedo no mencionaros a quien inspiró el nombre de esta exposición, de ese cuadro de ahí.
No puedo no mencionaros a quien me ha devuelto las ganas de coger un pincel.
Gabriela —Se gira hacia mí y se me detiene el pulso por un momento—.
Eres todo lo que podría pedir en esta y en todas mis siguientes vidas.
Gracias por confiar en mí y gracias por haberme convertido en el hombre más afortunado del mundo. No podría haber hecho esto sin ti.
Articulo un «te quiero» con los ojos inundados en lágrimas y tras unas palabras más, Locke se despide tras dar las gracias por última vez.
Cuando nos quedamos solos en la sala cerca de la hora de cierre del museo, es frente al cuadro que Aurora nombró Campo de girasoles.
Le acomodo el cuello del polo y dejo mis manos en su pecho.
—Ha sido... —Sus ojos verdes se mueven por mi rostro—. Ha sido lo que siempre había querido.
—Te has esforzado mucho, Locke. No me voy a cansar de decirte lo orgullosa que estoy de ti. Te quiero. —Me pongo de puntillas hasta rozar la punta de mi nariz con la suya—. Y ni se te ocurra decir que tú a mí más.
Sonríe sobre mi boca y articula un «yo más» de todos modos.
A pesar de eso, me doy cuenta de que la sonrisa no le llega a los ojos.
—¿Qué pasa?
—Voy a echarte de menos. —Retira con la punta de los dedos el pelo tras mis orejas—. Mucho.
—Sólo son un par de semanas, Locke.
—Ya sé que vamos a irnos de vacaciones. Pero no... No va a ser lo mismo, Gabs. Joder, cómo odio las despedidas.
—Yo también odio las despedidas, pero siguen siendo solo un par de semanas.
Imagino que es la seriedad que enmascara mi rostro lo que le hace fruncir el ceño y plantearse si realmente estoy hablando de esto de esta manera tan desinteresada.
No puedo retenerlo durante más tiempo.
—¿Vivirías conmigo? —escupo—. En un piso, tú y yo.
Sólo nos harían falta dos habitaciones. Bueno, a lo mejor tres.
Una para dormir juntos. Otra para tus cuadros y que puedas pintar sin camiseta en el piso.
Y otra de invitados y para guardar mis libros.
Quiero llenar estanterías con libros. ¿O mejor una estantería que ocupe toda la pared del salón? Podemos llenarlo de plantas y de...
—Gabriela —intenta cortarme—. Cariño...
—No hace falta que vayamos muy lejos. Así podemos estar con los chicos los viernes y tú seguir yendo a la oficina y el museo.
Vale, no, una idea mejor. ¿Los viernes de pizza pueden ser de vez en cuando en nuestra casa?
Porque tiene que ser también un piso en el que haya un parque cerca para pasear a Luke.
Y podríamos llevarnos a Whiskey con nosotros ahora que...
—Gabs, para un momento. ¿Qué me quieres decir?
—Que me quedo, Locke. Me han hecho un contrato indefinido en la academia tanto para dar clases como para continuar con mis estudios de baile.
—¿Vas a seguir viviendo aquí?
Asiento con efusividad.
Las lágrimas me emborronan la vista.
—¿Desde cuándo lo sabes? —cuestiona.
—Desde el día que ganamos la competición.
Pufff —suelto un suspiro exasperado—. ¿Sabes lo que me ha costado no decir nada?
Bueno, se me escapó delante de Caleb. ¡Es que no podía callarme!
Necesitaba decírselo a alguien. He estado a punto de soltarlo en muchísimas ocasiones. Menos mal que... ¿Locke ?
—¿Has aguantado casi cuatro semanas sin decírmelo?
Sonrío con orgullo, asintiendo.
—Y si quieres podemos...
—Sí —me interrumpe, antes de alzarme en brazos—. Sí. Claro que quiero vivir contigo.
—Vamos a poder terminar la lista de las películas —sollozo.
—Luego el cursi soy yo... —susurra, sonriente, antes de darme un beso—. Mi chica.
Imagino que esto es el amor. Ser amado. Porque amar es ser escuchado. Amar es ser comprendido. Amar es ser aceptado. Amar es ser visto. Y ambos nos vimos. El uno al otro.
Qué cosas tienen las casualidades.