CAPÍTULO 44 #2
Me encojo de hombros mientras jugueteo con la cadena en su cuello en un intento de parecer despreocupada cuando en realidad todo mi interior está en llamas.
—Yo también te he echado de menos —musito y parpadeo con lentitud un par de veces.
—¿Sabes qué? Diles a tus amigas que nos vamos. Si preguntan la culpa es tuya por mirarme así.
Una risa sale de mi pecho.
—Qué tonto eres.
—Puede... Pero el problema es que tengo algo... Solo un poco, eh; de devoción hacia ti.
—Bueno, al menos las sábanas de mi cama no las vamos a manchar de pintura.
—Gabs, sé que en realidad quieres quedarte aquí. Así que, por el amor que te tengo, no me recuerdes esa noche porque ahí sí que me pierdo .
Una sonrisa entre maliciosa y cómplice tira de mis labios.
Estoy a punto de volver a besarle cuando mi nombre llega hasta mis oídos y se me congela el cuerpo al reconocer la voz. En ese mote.
Los ojos de Locke viran de los míos a la persona que está ahora a escasos metros de nosotros. Cuando vuelve a mirarme, aunque con el ceño fruncido, es también con reconocimiento en sus verdes.
Tomo una inspiración entrecortada antes de girarme hacia él ya con el corazón en la garganta.
Y, entonces, ocurre algo que nunca me había pasado.
Pensaba que, al verle, sentiría sus potentes ojos azules atravesarme.
Pensaba que me sentiría cohibida.
Pero no ocurre nada de eso.
—Iván —pronuncio. Desde luego, deseaba no encontrarme con él, pero tampoco puedo decir que me sorprenda verle por aquí.
Hace meses que no sé nada de él y a pesar de ello, tiene el mismo aspecto de siempre. Sus respectivos rizos rubios acomodados con esmero, su estilo usual de ropa y su actitud segura aunque falsa.
—Hola, Gabri. Enhorabuena por el segundo puesto.
Por un breve instante, pienso que quizá podemos mantener una conversación formal, con educación y madurez. Que quizá es cierto y final y verdaderamente ha cambiado.
Esa ínfima esperanza se desvanece en cuanto su mirada se posa en Locke.
Frunce el ceño y aprieta la mandíbula. No necesito ver más movimiento para saber lo que está pensando.
—Así que este es el afortunado. —Chasquea la lengua y tuerce la cabeza con desaprobación.
Suspiro con cansancio.
No me voy a molestar en seguirle el juego.
No cuando lo que sale de su boca está tan manchado de inseguridad que incluso llega a darme pena.
No voy a seguirle el...
—De ser tú cerraría la puta boca.
Vale, quizá yo no, pero Locke sí.
Siento su mano en mi cintura, su pecho en mi espalda e Iván suelta una risa irónica.
—No he dicho nada malo —se excusa. No hace más que dedicarle una mirada condescendiente antes de recorrer mi cuerpo al completo. Sin disimulo alguno se detiene en mis piernas y tiene la audacia de humedecerse los labios antes de decir—: Estás impresionante, por cierto.
—¿Estás de coña? —brama Locke detrás de mí, tomando un paso en su dirección.
Agarro su antebrazo y se detiene al momento.
—Iván, no me apetece perder el tiempo, ¿vale? Así que si has venido a hacer uno de tus numeritos, ahórratelo.
—No he venido a... —Se mete las manos en los bolsillos de los tejanos y deja escapar un suspiro—. Solo buscaba una conversación, Gabri. Te he visto hace un rato, pero sabía que no iba a poder acercarme ahí en medio.
No sé cuántas veces habré cedido ante esa mirada que pretende mostrar vulnerabilidad. Sé que muchísimas; demasiadas, pero esta vez no va a ser así.
Me giro hacia Locke.
Inclino la cabeza hacia la izquierda.
No necesita más para entenderme.
—Si necesitas algo... —Veo la duda en su mirada.
—Venga, tío. Que no voy a hacerle nada.
—¿Hay alguien hablando contigo? —Le dedica un vistazo rápido antes de apretar la mandíbula y soltar un suspiro exasperado—. No voy a irme muy lejos.
Pienso que va a apartarse, pero, en vez de eso, lleva su mano a mi barbilla y me toma en su boca con vehemencia. Intento disimular la sonrisa cuando se separa pero se me hace casi imposible.
Anda que no le gusta a él también tensar la cuerda.
No es hasta que empieza a caminar que caigo en que tiene que pasar por su lado. Locke se detiene junto a él y este otro se ve en la obligación de alzar la barbilla para encararle.
—¿Qué? —tienta Iván para sorpresa de... Nadie.
—Tócala —le amenaza Locke—. Que no tengo problema en volver a dejarte en el suelo.
Los ojos de Iván se abren con reconocimiento.
Sin añadir más, Locke avanza un par de metros hasta detenerse en la pared que nos separa de la zona de la piscina —la cual sigue inhabilitada a pesar de que haya transcurrido un año— y se apoya sobre su hombro con los brazos cruzados.
—¿Qué es? ¿Tu puto perro guardián? —cuestiona Iván con asco, después de girarse un momento hacia él. Al no obtener una respuesta de mi parte, continúa—. Invertís bien el tiempo, ¿eh? Poco más y os lo montáis aquí mismo.
Y de nuevo, no le doy la satisfacción de que me afecte a pesar de que me esté sosteniendo la mirada acompañado de ese silencio, de esa forma en la que solía observarme cuando estábamos juntos; en la que yo me hacía cada vez más pequeña hasta que cedía. Hasta que respondía lo que él quería escuchar.
Eso no va a suceder ahora.
Y parece darse cuenta, porque pestañea con confusión antes de abrir la boca.
—¿Cuánto hace que estáis juntos?
—Casi tres meses —respondo, aludiendo al día que decidimos y según dijo Locke; seguir siendo él y yo.