CAPÍTULO 44 #3
—Me mentiste —me acusa.
—Tú eres muy dado a eso. No sé de qué te sorprendes. Además, también mentiste a Melissa.
—Esa zorra...
—Ni se te ocurra insultarla. —Le apunto con el dedo índice.
—¿Qué? ¿Ahora sois amigas? ¿Vas a llamar a tu perrito faldero?
—Primero, ¿qué más te da? —cuestiono. Doy un paso en su dirección. Estoy empezando a sentir algo similar al cabreo recorriendo mis extremidades—. Y segundo, es mi novio de quien estás hablando, así que ten mucho cuidado con cómo te refieres a él.
—Vaya, ¿vas a ponerte modo defensora? Ese hijo de la gran puta tiene que estar disfrutando de.. .
Mi mano se estampa contra su cara antes de que termine de hablar.
Su rostro permanece girado hacia la izquierda unos segundos; el tiempo justo para que pueda ver a Locke, ahora acompañado de Fer y Carlos luciendo la misma expresión alucinada; los tres con la boca entreabierta intentando contener la risa que amenaza con salir de ellos.
Iván regresa sus ojos hacia mí, estupefacto.
Y yo, por mi parte, intento disimular lo que me pica la palma de la mano. Joder, no quería darle tan fuerte...
—Cierra la boca —declaro, volviendo a centrarme en la situación.
—¿Qué vas a decirme ahora? ¿Que a él si le quieres? —tienta, aunque no me pasa desapercibido el ápice de duda que mancha su voz.
—Sí —respondo con firmeza.
Alza las cejas y se echa hacia atrás, como si le hubiese vuelto a golpear, esta vez en el estómago.
—¿Se lo has dicho?
—Sí.
—A mí nunca me respondiste.
No me echo atrás a pesar de sentir la vulnerabilidad en su tono de voz. No voy a mentirle.
—Porque lo nuestro nunca fue amor, Iván.
Pestañea, dolido y confuso, como si no pudiese creer que quien está dando estas respuestas fuese yo.
—Recibí tu carta. Y la leí.
—Era mi intención.
—Te sigo queriendo —escupe—. No te he olvidado.
—Yo a ti tampoco —me sincero—. Dudo que alguna vez vaya a olvidarte.
Su rostro parece iluminarse con algo de esperanza.
—Me odio por no haberme dado cuenta antes, Gabri. Yo... Nunca había conocido a nadie como tú y...
—Iván... —le interrumpo—. Ni siquiera sabes lo mucho que odio que me llames Gabri. —Tuerzo el labio, decepcionada, pero no sorprendida—. Espero que te vaya bien. De verdad que sí. Ojalá aprendas a ser mejor persona.
Sin esperar una respuesta, paso por su lado, con el pulso mucho más tranquilo de lo que alguna vez consideré posible al estar a su alrededor. Con el objetivo de llegar a mi novio y mis amigos, me veo en la obligación de detenerme al sentir su mano en mi muñeca.
—Puedo ser mejor —murmura.
No es hasta unos segundos después que registro el verdadero significado de sus palabras.
«Puedo ser mejor que él».
—Eso dijiste el día que corté contigo. Buena suerte intentándolo.
Locke me mira, su rostro teñido con preocupación.
Niego con la cabeza y me estiro hasta llegar a sus labios.
—Vamos a bailar —susurro.
Porque definitivamente, lo he conseguido.
Pasar página.
Hace nueve meses que no nos veíamos. Nueve meses que he podido notar al verle de nuevo delante de mí. Porque, físicamente, él sigue igual y quizá yo también, pero no soy la misma.
La Gabi del pasado junio no reconocería a la de este.
Porque este año, he sido más yo que nunca. Más ruidosa, impulsiva y acelerada. Y me gusta ser así. Me gusta ser yo misma.
Él solo se enamoró de mi cuerpo y en lugar de ver quién soy, a sus ojos estaba vacía y vacía acabé por intentar amoldarme a él. Intenté cambiar cosas de mí cuando eso nunca fue el problema. Porque soy del modo que soy y no todo se resume a lo de fuera.
Ahora sé que quien te quiere lo hace sin restricciones.
Quizá no admira todas tus facetas pero te quiere con todas ellas.
Ese es el verdadero amor. El que solo puedes llegar a ver con los ojos desnudos de esquemas e ideales.
Está claro que nadie es perfecto pero puedes hacerle perfecto para ti.
Porque querer no es solo sentir amor hacia una persona, es perdonarla, poder hacer las paces con ella y su recuerdo.
Nunca olvidaré los comentarios de Iván y trabajar en las inseguridades que aún arrastro va a llevarme tiempo, pero si siento que le he perdonado no es porque considere que las cosas pueden ir a mejor o porque le haya perdonado a él. No .
Es porque he conseguido perdonarme a mí.
He conseguido perdonar mi resentimiento y culpa al haber pasado tiempo con él. Perdonar mi ingenuidad al culparme de lo que decía, de lo que hacía. A no sentirme mal por ponerme primero, por ser buena conmigo misma.
Conmigo misma.
Me he encontrado entre una marea de resquemor y humillación, convencida de que no había posibilidad de que alguien pudiese hacerme sentir todas esas cosas que añoraba sin siquiera haberlas conocido.
Y, oh, si estaba equivocada.
El amor comienza con el propio. Y ahora sé que he conseguido reunir el suficiente como para poder considerarlo mío.
Porque me quiero.
Es algo curioso ¿no? Decir que una se quiere a sí misma.
Creo que tendría que ser la norma.
Amor propio. El amor de cada una hacia sí misma, consigo misma y para ella misma.
Se siente bien.