CAPÍTULO 21 #3
—Tienes nata en la cara. —Paso mi pulgar por su nariz para retirar los restos de tarta—. ¿Te ha gustado? —pregunto mientras tanto.
—Pues, demasiado dulce para mi gusto, pero... —Antes de que pueda reaccionar, cierra sus labios alrededor de mi dedo. Se los relame un par de veces, saboreándola—. Sí, está buena.
—Sí, ¿verdad? —respondo sin aire en los pulmones.
Entre el tirón del collar y ahora esto... Va a hacer que...
Lo que voy a hacer es respirar.
Voy a respirar, porque esta tía va a acabar conmigo.
Lo peor de todo es ver la mirada inocente que me dedica como si no fuese consciente de lo que está haciendo.
Después de recoger entre todos el desorden que hemos causado en el salón del piso, Finn es el primero en decir que se marcha.
—Gracias —le digo mientras nos abrazamos tanto por venir, como por la cena y la tarta que él ha preparado.
—Siempre, Sommers. —Me da una palmada en la espalda y tras decir un «adiós» de manera colectiva, abandona el piso.
—Tengo una cosa para ti —me dice Gabriela, que se ha esperado a ser la última para cruzar la puerta—. Lo tengo en mi cuarto ¿Vienes o lo traigo yo?
—Voy.
Aprovecha que la pelirroja ha dejado la puerta entreabierta y la cierra después de que yo pase para evitar que Whiskey se dé un paseo por el edificio. Sigo sus pasos, que me conducen hasta su cuarto pero no me atrevo a atravesar el vano.
Coge algo de su escritorio y regresa por el pasillo entre la pared y su cama con la mirada clavada en los pies y las manos tras la espalda.
—Antes de que lo abras... —dice nada más revelar lo que creo que es una caja envuelta en papel de regalo verde—.
Yo, em... Quiero que sepas que lo he hecho porque...
Porque quiero que sonrías más a menudo y porque creo que esto puede hacer que eso ocurra.
—Su garganta se contrae al tragar saliva—. Espero no haberme pasado.
Lo desenvuelvo con cuidado bajo su mirada ansiosa y abro la caja con una oleada de curiosidad inundando mis venas. Pestañeo varias veces al comprender lo que hay en el interior de esta.
Alzo la mirada para ver su expresión y me encuentro con que está apretando los labios con fuerza.
Soy incapaz de articular palabra.
Debajo del cuaderno de color verde hay distintos lápices, algunos de colores, otros únicamente de grafito. Conozco la marca del conjunto de dibujo que me acaba de regalar; es de las buenas. Joder, tiene que haberse dejado una pasta en esto.
—¿No te gusta? —Su voz está ahogada en arrepentimiento—. Lo siento, yo...
—No. Gabriela, esto es... Gracias. —Tiro de ella para envolverle con mis brazos.
—Madre mía, menos mal. —Deja escapar un suspiro aliviado contra mi cuello y aprovecho para mantenerme a su lado más de lo que suelo permitirme a diario.
—Gracias —repito. Antes de que se aleje del todo, dejo un beso en el lateral de su cabeza—. De verdad.
Gabriela me acompaña hasta la puerta. Tras despedirme de Amelie y Cass, vuelvo a centrar mi atención en el jaleo de rizos rubios delante de mí, que esconde las manos tras las mangas de la sudadera.
—Buenas noches, Locke. —Da un paso hacia atrás después de dejar ese beso en mi mejilla que se vuelto ahora una costumbre cuando nos despedimos.
—Buenas noches, Gabriela.
—¿Qué te ha regalado? —pregunta Caleb tan pronto como pongo un pie en nuestro piso. Alza las cejas repetidas veces y con velocidad.
Pongo los ojos en blanco.
Noah, desde el sofá, deja salir una risa.
—Le pregunté, pero no me lo quiso decir y mira que la tía es incapaz de guardarse… Joder, Sommers —Caleb se interrumpe a sí mismo con una exhalación cuando le muestro el interior de la caja.
Me limito a asentir. Vuelvo a no ser capaz de decir nada.
Entro en mi habitación. Dejo la caja sobre el escritorio y vuelvo a salir con la cabeza echa un puto lío que intento aclarar bajo el agua de la ducha.
No me molesto en ponerme más que las bermudas del pijama.
Me siento en el borde de la cama, donde Luke hace un rato que duerme a los pies, y me paso las manos por el pelo todavía húmedo. Apoyo los antebrazos en las rodillas.
Ese puto cosquilleo en el pecho...
Ese puto cosquilleo al ver su sonrisa.
Elevo la mirada y me fijo en los dibujos que cuelgan de la pared sobre mi escritorio. Hace tanto que no añado ninguno que verme en la situación de aportar uno nuevo me resulta demasiado idílica.
Un temblor ansioso sacude mi pierna derecha.
Me pongo en pie. Abro la caja tras dejar salir un suspiro tembloroso.
Antes no le he prestado la atención suficiente; no podía apartar los ojos de la chica que acababa de regalarme lo único que hasta hace meses parecía brindar claridad a mi día .
Saco la libreta primero. Es de cuero, verde, asumo que sintético y no tiene anillas.
Las páginas de un tono amarillento están vacías al completo.
Es al detenerme en la primera que mi corazón da un traspié.
Hay una frase escrita a mano que parece ser lo que por fin me hace encontrarle sentido al sentimiento en mi pecho.
Para que puedas mostrar todo lo que llevas dentro.
Porque yo también te veo.
Gabi 3