CAPÍTULO 21 #2
Llegamos al piso escasos minutos después. Subimos hasta la cuarta planta por las escaleras y la pregunta de por qué ha venido a por mí a la empresa muere al llegar a la punta de mi lengua al ver la puerta de mi piso decorada con globos.
—¿En serio? —Me detengo a medio camino.
Gabriela dibuja una sonrisa amplísima y asiente con efusividad. Agarra mi mano y no la suelta hasta golpear con los nudillos la superficie de madera.
—Rubia, tienes un puto don —declara un Caleb de lo más emocionado al verme al lado de ella.
—¿De verdad? —cuestiono acercándome a él cuando ella entra en el piso. Me llega el olor a pizza recién hecha antes de poner un pie dentro—. ¿Le has dicho que venga a por mí?
—Es la única a la que no le ibas a decir que no.
Abro la boca para responder, pero no se espera a ello.
Luke sale a mi encuentro y me agacho para acariciarle. Caleb me dice que se ha encargado él de pasearle viendo que me estaba retrasando en la oficina.
Apoyada contra el respaldo del sofá está Amelie con un botellín de cerveza en las manos, a su lado Cass con otro y Gabriela con una cerveza distinta a la del resto porque sigue siendo la única que las toma con limón.
Ambas me felicitan y me dirijo a mi habitación para cambiarme de ropa. Regreso al salón con una sudadera y unos pantalones grises del mismo estilo y acepto la cerveza recién abierta que me ofrece Noah.
Nos sentamos a la mesa a cenar y un rato después, a pesar de ni siquiera haber tenido en mis planes celebrar mi cumpleaños, Caleb aparece con una tarta de color blanco con un par de velas con un 2.
Niego con la cabeza antes de soplarlas con un solo pensamiento. Tanto él como Noah y Finn vuelven a abrazarme y Gabriela se pone de puntillas y deja otro beso en mi mejilla.
Cada vez que hace eso mi corazón se detiene durante un segundo y después procede a latir con más fuerza.
—Feliz cumpleaños —susurra de nuevo cerca de mi oído.
◆◆◆
—Bueno... —rompe el silencio, Caleb, después de comerse una porción de tarta. Deja el plato sobre la mesa frente al sofá y se acomoda en este— ¿Preparada para perder, rubia?
Gabriela aparta su atención de la conversación que mantenía con sus amigas ya con una ceja alzada y el simple gesto está cerca de arrancarme una risa.
Tras llevarse una última cucharada de su respectiva porción a la boca, ocupa el lugar adyacente a Caleb dejando el plato en la mesa.
—Has tardado más cuatro meses en querer enfrentarte a la revancha... —Acepta el mando que le ofrece—. Yo no iría con esa actitud, Caleb.
—Me dejé ganar... —remarca—. No vamos a tener esa conversación otra vez.
Caleb da comienzo a la partida del FIFA . Nunca he visto jugar a Gabriela y lo cierto es que me intriga ver cómo se defiende. Cruzo los brazos sobre mi pecho y me apoyo contra la encimera detrás de mí.
Desde el primer momento, está concentrada en la pantalla. Mueve los dedos sobre el mando con rapidez y transcurren cuatro minutos del primer tiempo y ninguno de ellos ha marcado gol todavía.
—¡Vamos! —exclama Caleb al conseguir apuntarse uno. Se levanta del sofá y señala a Gabriela con el mando—. ¿Qué tiene que decirme ahora, eh?
—Que ha sido fuera de juego.
—¿Qué? —Se vuelve de sopetón hacia el televisor y abre la boca con indignación—. Has comprado al puto árbitro, ¿verdad?
Gabriela suelta una risotada.
El segundo tiempo da comienzo y continúan gritándose cosas el uno al otro hasta que tan solo resta un minuto de partido y ella consigue hacerse con el balón.
Los jugadores de su equipo avanzan en dirección a la portería de Caleb. Cuando restan diez segundos, sus dedos parecen moverse aún más rápido.
Siete segundos; seis, cinco, cuatro...
—¡Has vuelto a perder! —exclama al marcar el gol que le convierte en la ganadora justo antes de estallar en carcajadas.
Mis labios se estiran al verle doblada y sin poder dejar de reírse.
Coge una bocanada de aire en un intento de calmarse pero vuelve a mirar a Caleb y continúa desternillándose sin remedio.
—Ay, Caleb... Se pasa los dedos por los ojos para apartar las lágrimas acumuladas—. Tienes que aceptarlo de una vez. No vas a poder ganarme.
—Algún día... Algún día te tragarás tus palabras o... —Pasa los dedos por la porción de tarta que permanecía inacabada sobre la mesa delante de ellos y se los restriega a Gabriela por el rostro—. Vaya...
—¡Caleb! Pero, ¿qué...?
—Rubia, no puedo dejar las cosas así, mi reputación se va a...
Se ve en la obligación de cerrar la boca cuando Gabriela le estampa el plato en la cara.
—Ups... —musita, con una inocencia de lo más falsa—. Que tu reputación, ¿qué? ¿Qué estabas diciendo?
—Que te vas a arrepentir de esto —declara antes de ponerse en pie.
Gabriela sale disparada de su posición sin poder tragarse las carcajadas. Rodea el sofá, después la isla de la cocina y cuando parece verse sin posible solución de escapar de mi mejor amigo, exclama un:
—¡Locke! —Para, acto seguido, refugiarse entre mis brazos.
Caleb se detiene delante de nosotros. Sus orificios nasales se ensanchan y pega la lengua al interior de su mejilla, conteniéndose.
—Esta me la guardo. —Apunta a Gabriela con el dedo índice antes de acercarse al fregadero y meter la cabeza debajo del chorro del grifo.
—Gracias por hacer de escudo —me dice Gabriela, aún entre mis brazos, sonriendo con amabilidad después de girarse en mi dirección.