Serendipia (Serie Casualidades 1) CAPÍTULO 20 #3
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CAPÍTULO 20 #3

Entrelazo mis dedos con los suyos y le guío de vuelta a la pista de baile. Me encuentro con la mirada entre sorprendida y cómplice de Amelie, que pretendía regresar junto a Caleb al exterior para que este pueda fumarse el cigarrillo de una vez por todas.

Conseguimos hacernos un hueco entre la marea de personas que bailan, cada uno inmerso en su propio momento y reconozco Only Girl (In The World) de Rihanna tan pronto como empieza a sonar.

—¡Me encanta esta canción! —exclamo. Comienzo a bailar con mis ojos clavados en los de Locke. Y con la mejor cara de pena que puedo enmascarar, pronuncio—: Venga... Baila conmigo.

Me doy la vuelta y alzo los brazos y me atuso el pelo, pensando que va a costarme unos intentos más que Locke acceda.

Siento sus manos en mis caderas, acompañando el movimiento de estas. Al poco, su pecho contra mi espalda.

Le echo un vistazo sobre mi hombro. Su rostro está tan cerca del mío que de acercarme apenas un par de centímetros más, nuestras narices podrían rozarse.

Llevo mi brazo hacia atrás. Mis dedos se entrelazan con el pelo de su nuca y los suyos se hunden en mis caderas con mayor ahínco. Un remolino arrollador pone patas arriba mi estómago. Y para terminar de rematarlo, pega sus labios a mi oreja y susurra:

—¿Te he dicho lo guapa que estás esta noche?

—No. —Vuelvo de nuevo mi rostro hacia él. En sus ojos se reflejan las luces de la discoteca, oscurecidos por la débil iluminación—. ¿Lo estoy?

Retira mis rizos de mi hombro y alza una de sus manos hasta acariciar la curvatura de mi cuello.

Todo el vello de mi cuerpo se encrespa sin remedio.

—Haces que dejar de mirarte parezca un puto crimen. —Deja un beso lento y abrasador en el hueco donde mi mandíbula y cuello se encuentran—. Y el vestido que llevas... —Una nueva inspiración—. Me encanta cómo te queda el verde.

Esta vez soy yo quien llena sus pulmones de aire a todo lo que dan al tiempo que Sweat de Zayn da comienzo

Me vuelvo hacia él y enrosco mis brazos alrededor de sus hombros.

Locke mantiene las manos en mis caderas que ahora se mueven a un ritmo más pausado.

Creo que nunca nadie me ha mirado de la manera en la que él lo hace. Jamás. Nunca he tenido el deseo de fundirme en unos ojos y al mismo tiempo romper el contacto con ellos ante la emoción que me provocan como con sus verdes.

—Hace un par de días vimos Cuando Harry encontró a Sally —pronuncio.

—Mmmh.

—¿Te acuerdas de la escena justo antes de que dé la medianoche?

—Me acuerdo, sí.

—¿No nos parecemos un poco a ellos?

Locke se aleja unos centímetros de mí, como si quisiera mirarme a los ojos a una distancia que le permita divisarlos mejor.

Trago saliva, nerviosa por lo implícito en mis palabras y convencida de que debería habérmelas tragado, pero ahora no parece haber nada más correcto que eso; la necesidad irremediable de besar a Locke.

—Feliz año —le digo por segunda vez.

Las personas a nuestro alrededor parecen desaparecer.

—Feliz año, Gabriela.

Me humedezco los labios con mi atención puesta en los suyos.

Acuna mi rostro, hace que nuestros ojos se reencuentren y, entonces, pronuncia:

—Creo que sí nos parecemos un poco a ellos. —Su respiración y la mía se entrelazan y si quedaba algo de duda respecto a si él quería o no besarme, desaparecen al instante.

Mis labios se entreabren con expectación, mi corazón retumba contra mis costillas con anhelo y nuestras narices se rozan.

Un mordisco gélido engarrota mi espalda baja.

Me enrigidezco al completo y me aparto de él sobresaltada.

—Joder, ¡qué torpe soy! —exclama una voz femenina en español—. ¡Lo siento!

—¿Se puede saber que te pasa? —mascullo en el mismo idioma. Varias personas se apartan de nuestro alrededor ante el súbito desparrame de los hielos en el suelo. Todo el líquido ha empapado el lugar donde hasta escasos segundos atrás Locke mantenía su mano.

—No te había visto —se excusa.

Por el rabillo del ojo, distingo a Cass junto a Noah, con expresiones de confusión en el rostro. Amelie no tarda en aparecer, aunque su mirada está cargada más de mala hostia que de desorientación.

—Déjalo —musito con los hombros hundidos y sin molestarme en alzar la voz para cerciorarme de que puede escucharme a través de la voz de 2Pac en California Love .

—¿Este es tu novio? —Sin ningún tipo de reparo, apunta a Locke con un dedo índice—. Iván me ha hablado de él, ¿sabes?

—Melissa...

Noto a Locke cerca y busco su brazo a ciegas. De rozar mis dedos, desliza su mano por mi cintura para pegarme a él y acercarse a mi oído.

—No merece la pena —murmura, impidiendo que escuche las nuevas palabras de ella.

Odio no saber reaccionar, no ser capaz de contestar a Melissa como quiero. Pero, a diferencia de lo que Locke ha comprendido con tan solo fijarse en mi expresión apagada, Amelie no se ha percatado y va decidida a encarar a la chica pelinegra antes de que pueda salir con otro ataque.

—¿Cuál es tu puto problema? —alza la voz.

—Ya le he dicho que no le había visto —sentencia Melissa con el ceño fruncido—. Así que relájate.

—Me vas a decir tú a mí qué coño hacer. —Amelie recorta un paso más en su dirección—. Qué casualidad que de todas las personas que hay en el puto pub justo vas y te chocas con ella, ¿no?

Le agarro del antebrazo .

Sus ojos vuelan a los míos y niego con la cabeza. No quiero discutir y menos con ella. No tengo ni las ganas ni la fuerza para ello esta noche.

Amelie tuerce el labio, resignada a dejarlo así.

—Procura tener más cuidado la próxima vez —ladra mi amiga. Tiene la intención de darse media vuelta y dejar a Melissa ahí tal y como le he pedido pero esta no parece haberse quedado satisfecha aún.

—No soy la única que tiene que estar pendiente de quien tiene alrededor.

Amelie se detiene. Aprieta los labios y se toma unos segundos para inspirar. Cuando vuelve a girarse, es con calma.

—¿No hace mucho calor aquí? —pregunta justo antes de vaciar el contenido de su vaso sobre la cabeza de Melissa.

—Pero ¿a ti que coño te pasa? —Con los ojos cargados de incredulidad, Melissa coge una bocada de aire y se pasa las manos por la cara para retirar la humedad chorreante que empapa su rostro, pelo, hombros y gran parte del vestido.

—Vaya... —Alza las cejas y abre la boca, haciéndose la sorprendida—. No te había visto.

Melissa pretende acortar la distancia entre Amelie y ella, pero Finn se interpone entre ambas, su hermana quedando a su espalda.

—Lárgate —masculla. Señala la salida del Pleine Lune con un tirón veloz de su barbilla.

No me espero para conocer el desenlace. Me escabullo entre la gente acompañada de Charlotte y en dirección a los aseos. Tengo el vestido empapado al igual que las puntas de mi pelo.

Menuda manera de empezar el año...

—¿Es que no hay aquí un secador de manos o algo así? —protesta la novia de Finn, elevando algo la voz sobre la música que llega a colarse en el aseo.

—Charlotte, no pasa nada.

—Sí, sí que pasa —sentencia.

Coge algo de papel y lo apoya contra mi espalda para retirar parte de la humedad.

Siseo ante el contacto frío de la tela contra mi piel .

—¿Cuál es el problema de esa tía?

—Es... —Dejo salir el aire de mis pulmones.

Sé que Charlotte no habla español y al igual que Caleb y Noah, al menos hasta el último momento, se ha mantenido al margen por la barrera del idioma—.

Es la exnovia de mi exnovio y la chica con la que me puso los cuernos y...

Con quien empezó a salir de nuevo según lo dejamos.

—Conque esto viene desde hace tiempo —musita aún pendiente de absorber todo lo posible de mi vestido con papel higiénico—. Pues, qué voy a decirte, Gabi. Me da que no eres tú la que aún no lo ha superado.

Tuerzo el labio.

Lo cierto es que más que enfado por haber aguantado una nueva falta de respeto de parte de Melissa es pena lo que siento hacia ella. Porque, quizá es esa parte de mí que me hace irremediable no empatizar, pero sé que ha actuado así influenciada por Iván.

—Es... —Me encojo de hombros—. Ya estoy acostumbrada.

—Lo que vamos a hacer es volver a salir ahí fuera y disfrutar de lo que queda de noche. —Charlotte tira la bola de papel humedecida en el pequeño cubo de basura—. Y si volvemos a ver a Melissa ya me encargaré yo de cogerle de...

—No hace falta que hagas nada. —Me río y niego con la cabeza—. Lo de que no merece la pena lo digo en serio.

—¿Y qué hay de Sommers? —Saca de su bolso un pintalabios y se retoca el color rosado con el que se los había pigmentado.

—¿Qué...? —Le miro de soslayo.

—Venga, Gabi. Os he visto... Finn también.

—Yo... —balbuceo. Sería una mentira descomunal decir que durante largos segundos no me he convencido de que iba a besarle.

También lo sería negar el dulce hormigueo que he sentido cuando sus manos han encontrado mis caderas, acentuado por el olor tan agradable que siempre emana de él o el roce de sus labios en mi cuello—.

No se le da tan mal bailar como él dice.

—Ya... —Me regala una sonrisa cómplice y una mirada pilla a través del espejo.

Regresamos a la pista de baile.

Continúo bailando con mis amigas, riéndome con los chicos y lanzándome miradas de tanto en tanto con Locke.

No volvemos a acercarnos tanto como antes, pero de todos modos, las últimas dos horas que pasamos en el pub hasta que nos dan las cuatro de la mañana y decidimos regresar al piso merecen la pena.

Después de despedirnos de Finn y Charlotte pues su piso está a unas calles en paralelo del nuestro, Cass y yo vamos agarradas del brazo, Locke y Noah charlan delante de nosotros y a su lado Amelie y Caleb comparten un cigarrillo.

A cosas como estas me refiero cuando digo que, muy en el fondo, Caleb le cae bien.

Llego a la Avenue des Azalées abrazada a mí misma porque como era de esperar, el vestido no se ha secado del todo y el frío parece haberse enganchado a mis huesos.

Tras abrir el portón del edificio, me esfuerzo por ignorar el dolor de pies a causa de las botas con tacón que he calzado durante toda la noche y subo por las escaleras.

Mis amigas se meten en el ascensor, veo a Noah hacer lo mismo y después a Caleb. ¿Dónde está...?