CAPÍTULO 20
El gamusino de Up
Gabi
Locke:
Tienes la misma personalidad
que el gamusino de Up.
Gabi:
¿Perdón?
Locke:
Sois idénticos.
Gabi:
Y has llegado a esa conclusión ¿por...?
Locke:
Estamos viéndola con las crías.
Era esa o ver Enredados por vigésima vez.
Gabi:
Enredados es un peliculón.
Y Flynt Ryder...
Que sepas que he suspirado .
Locke:
Ya bueno, con diecinueve veces he tenido bastante.
Y tampoco es tan guapo.
Gabi:
Qué tonto eres.
Dejo el teléfono boca abajo sobre la mesita de café frente al sofá y redirijo mi atención al televisor donde Cass busca su próxima víctima; una nueva canción que versionar a base de gallos y gritos desafinados en el karaoke improvisado que hemos montado.
Sé que, de darle la oportunidad a Amelie de quedarse sin capacidad auditiva durante los próximos veinte minutos, no dudaría en aceptar.
A una hora para que dé la medianoche y con ella el final del año, llevamos más de tres cuartos cantando canciones desde One Direction a Twenty One Pilots pasando por las Spice Girls, los Rolling Stones y el clásico de She Looks So Perfect de 5 Seconds Of Summer por elección de Amelie.
Nunca canta delante de nadie, al menos no sus canciones, pero esta noche está dejándose llevar y me agrada enormemente verle sujetar el mando a distancia como si fuese un micrófono.
Todo ha dado comienzo gracias a la pelirroja al hacer una interpretación de Miley Cyrus a lo Hannah Montana. Y después... Bueno, de alguna manera tenemos que matar el tiempo hasta que lleguen los chicos para tomarnos las doce uvas clásicas de la Nochevieja en España.
Cuando ese momento llegue, tendré que encargarme de dos cosas:
1) Comerme mis uvas correspondientes sin atragantarme.
2) Impedir que Caleb se ahogue.
Hemos coincidido antes de que se marchara a casa de su madre junto a Locke para cenar.
—Nunca —me ha dicho cuando le he preguntado si alguna vez ha celebrado el final del año de esta manera.
—Pues va a ser tu primera vez —he respondido, ilusionada. Pero claro, no podía dejar el comentario ahí. Me ha faltado tiempo para rodar los ojos ante la sonrisa socarrona que se ha dibujado en sus labios—. Mira que eres idiota... —he murmurado.
Ha soltado tal risotada que no me he podido tragar la mía.
—Si me ahogo, se queda en tu conciencia —ha determinado.
Yo le he asegurado que me haré cargo de ello.
No debe quedarles mucho para llegar. Noah cenaba con sus padres, en el piso en el que creció situado en el propio Schaerbeek, Finn vendrá con Charlotte, lo que me hace especial ilusión porque hemos coincidido un par de veces en los últimos meses y es una tía divertidísima.
Supongo que Locke y Caleb aparecerán cuando o bien terminen de ver la película Up con sus hermanas o se queden dormidas y puedan escaquearse.
Ha vuelto a, sin remedio, sorprenderme que Locke recuerde aquel par de comentarios que le hice cuando vi, según mi yo de siete años «La casa de los globos», —porque tenía mucho más sentido que se titulara así—, en el vuelo hacia Madrid.
Regresé de España ayer, después de haber aprovechado para pasar tiempo con mi familia, verme todo lo posible y más con mis amigas y aprovechar para estar ratos a solas conmigo misma.
Fue cuanto menos abrumador todas y cada una de las veces durante esos días en las que salí de casa. Siempre cerraba y abría la puerta con un nudo en la garganta.
Y, quizá se han alineado los astros o tan solo tuve una suerte descomunal, porque no me encontré con Iván en ningún momento.
Me planteé mil y un escenarios en el que nos reencontraríamos y cada uno de ellos era igual de posible que el anterior e idéntico al que se me ocurría cinco minutos después. Fue un torbellino de consideraciones sin fin que no quise que, bajo ningún concepto, se hicieran realidad.
No quise cantar victoria hasta el último día, pero se cumplió.
Y sí; he sentido una presión constante por el pavor a verle de nuevo, por no saber cómo reaccionaría de estar el uno frente al otro después de tantos meses, pero también he sentido una paz inmensa al, por primera vez en más de un año, haber salido sin la preocupación de responder sus mensajes, de que demande explicaciones.
Cass parece leerme la mente porque la siguiente canción elegida es Since U Been Gone de Kelly Clarkson. Salto del sofá para colocarme al lado de mi amiga. No tarda en romper y nosotras en gritar, intentando entonar la voz lo mejor posible, pero no se nos da muy bien.
Para qué mentir, parece que le estemos pisando la cola a Whiskey.
Giro sobre mí misma, bailando al ritmo de la música e imitando a la pelirroja que finge tocar la guitarra. No puedo evitar pensar en lo correcto que me resulta el estribillo.
Y eso me anima a cantar con más ganas.
Los últimos segundos de la canción llegan y alzo aún más la voz hasta quedarme sin aire al tiempo que distingo cuatro pares de ojos sobre nosotras.
Agarro a Cass del brazo, que sigue dando vueltas sobre ella misma ajena a las miradas estupefactas de Finn junto a Charlotte, Caleb y... Locke.
Intento aguantar la carcajada avergonzada que amenaza con escaparse.
—Hombre. ¡Hola! —suelta Cass como si nada—. ¿Cantáis?
Sin sorpresa alguna, el primero y único en aceptar es Caleb.
—Ponme cualquier cosa, ojazos —dice en dirección a Amelie mientras termina de quitarse el abrigo—. Cómo si es Taylor Swift.
—Ah, ¿sí? —cuestiona esta desde el sofá. Sale del vídeo que estaba a pocos segundos de terminar de reproducirse y selecciona Blank Space de la cantante que ha mencionado Caleb—. Ale, diviértete.
—Ah, no. —Agarra a Amelie del antebrazo y hace que se ponga en pie—. Tú cantas conmigo.
—No voy a cantar contigo.
—Sí, lo vas a hacer, sí.
Y sin darle oportunidad de rechistar y por alguna razón que no termino de comprender, Amelie accede.
Creo que el chupito que nos hemos tomado hace un cuarto de hora tiene algo que ver.
—Deberíamos sacar una canción juntos —determina él cuando la canción llega a su fin.
—Dos —ironiza ella, recuperando su sitio—. Vamos a sacar dos canciones juntos.
No me da tiempo a escapar y soy la siguiente presa de Caleb, salvo que esta vez es la voz de Shakira con Whenever, Wherever lo que suena.
Soy incapaz de dejar de reírme por lo que, cuando me sumo a su voz, es desafinando y entorpeciendo los versos con las risotadas que parecen no cesar.
Nada más termina la canción, me duele tanto la tripa de las carcajadas que me veo en la necesidad de dejarme caer en el sofá.
En la esquina más alejada respecto a mi posición, está Finn seguido de su novia, que ya se ha enredado a hablar con Amelie y Cass, quien ha decidido ocupar su usual sitio sobre la alfombra.
En el otro sillón está Caleb y Locke está, como de costumbre, apoyado en el reposabrazos del lado derecho del sofá.
Viste una camisa negra y a diferencia de como la lleva en la empresa o durante la gala de hace poco más de una semana, los últimos botones están desabrochados y se deja ver la cadena plateada que rodea su cuello.
—Bailas, actúas, cantas... ¿Hay algo que no sepas hacer? —Me mira este con gracia.
—Cocinar —declaro sin ninguna duda.
Me parece ver el atisbo de una sonrisa en sus labios.
—Entonces, nos comemos las uvas y si sobrevivimos todos nos vamos al pub , ¿no?
—Caleb apoya la cabeza en el respaldo del sillón.
A diferencia de lo que caracteriza su estilo usual de camisetas de manga corta sobre otras de manga larga o una camisa a cuadros abierta que cubre a otra de tirantes, viste una camisa como las de Locke al igual que la que lleva el mayor de los Renard.
—Sí —confirma Cass.
—¿Cuándo empiezas a tocar allí? —le pregunta Finn.
—El primer domingo de enero. —Se vuelve hacia Amelie—. Espero verte en primera fila con una camiseta que ponga «Me encanta Caleb Thys» en letras mayúsculas.
—Ni en tus mejores sueños.
La semana que viene, Caleb debutará en Pleine Lune, un pub más cerca del centro de Bruselas que de nuestro piso, pero dentro de lo que se sigue considerando Schaerbeek.
Es un local bastante grande donde artistas emergentes tienen la oportunidad de mostrarse. Actuará de los primeros; relegan las actuaciones más esperadas para el final de la velada y lo más seguro es que se convierta en algo semanal.
Tengo el presentimiento de que pronto Caleb Thys será quien cierre la noche en el pub y por quien mucha gente haga cola si es que no va a haberla ya. Desde que empezó con la promoción del primer sencillo que va a lanzar con la discográfica, sus oyentes mensuales se han disparado.
Cuando nos conocimos en octubre, no llegaba a los cincuenta mil; ahora está cerca de los cinco millones. ¿Cómo de fuerte es eso?
Sí, puede que mi opinión sobre lo talentoso que es mi amigo se base en eso, que es mi amigo.
Pero mis comentarios alentadores y sobre lo mucho que me gustan esas canciones que tiene publicadas desde los dieciséis años son completamente genuinos.
Caleb Thys va a hacer historia. Y es algo que tengo más que claro.
Espero que pronto Amelie también decida animarse y comenzar a compartir su música con el mundo. Sé que cuando se arriesgue a ello, todos seremos más que afortunados de poder escuchar su voz.
El momento de las uvas llega justo después de que Noah llame a la puerta.
Amelie y Finn llevan algunos años sin comérselas. Por otro lado, Cass me ha dicho que ella no ha roto la costumbre nunca. Mientras me encargo de distribuirlas en distintos platos con la ayuda de Locke, aprovecho para preguntar por él.
—Solía hacerlo, sí. —Termina de colocar una ración y cuando va a arrancar unas cuantas más del ramo, su mano y la mía se chocan. La aparta para dejar que las coja primero—. Hace un par de años que no.
No indago más por razones obvias aunque sí que me gustaría hacerlo. Desconozco cuando falleció la madre de Locke; desconozco casi todo de él. Ojalá algún día se sienta lo suficientemente cómodo como para hablarme de su pasado así como yo le he hablado del mío.
Espero poder ganarme esa confianza.