Serendipia (Serie Casualidades 1) CAPÍTULO 17 #4
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CAPÍTULO 17 #4

—Eres un flipado. — Pone los ojos en blanco—. Lo he preguntado porque en la cafetería me dijiste que sabías de lo que hablaba; cuando dije lo de que mi relación era complicada y al decir que era complejo frenarlo.

Me debato entre esquivar la pregunta, pero no tiene sentido hacerlo si dentro de poco más de una semana voy a llevar a Gabriela a la gala que se celebra en casa de mi padre.

—Me refería a mi familia. —Sé que tiene la esperanza de que continúe hablando, pero admitirlo en voz alta es mucho más complicado de lo que ya supone en mí reconocerlo en mi mente.

A pesar de eso, cojo aire por la nariz y añado—: Comencé a trabajar en la empresa nada más cumplir los dieciocho y cuando empecé a ser consciente de donde me había metido, no supe salir hasta mucho después.

—Pero... Has vuelto.

—Ya, bueno. —No me veo capaz de alargar la conversación—. ¿Y tú? A parte de, bueno, el gilipollas de... Aparte de tu exnovio.

Me da la sensación de que me observa durante unos segundos con lo que parece ser pesar, pero no insiste en que responda a la pregunta.

Sé que no debería referirme a él de tal modo pues conozco su nombre pero nada más sobre él.

Pero la forma en la que le habló aquella noche, la interrupción de nuestra conversación, la manera en la que el rostro de Gabriela se contrajo con lo que me dio la sensación de ser miedo y saber que le puso los cuernos... Joder.

Referirme a él como un gilipollas es quedarme muy corto.

—No. No he estado con nadie más. Fue mi primer beso. Y mi primera vez... Mi primer todo, vaya.

—Me he encontrado con Kyle cuando he ido a echar gasolina —le hago saber—. Me ha preguntado por ti.

—Oh... Y... ¿Qué le has dicho?

—Que estabas ocupada —me limito a responder. Porque por lo que sea no voy a añadir ese pequeño e inofensivo comentario que le he hecho antes de meterme en el coche. Y puesto que la curiosidad me es superior, pregunto—: ¿Qué pasó entre vosotros dos?

—Me toca preguntar a mí... —tienta.

—Venga... Respóndeme a eso y las siguientes dos preguntas son tuyas.

—Nos conocimos según llegué a Bruselas y me invitó a una de sus fiestas. —Se encoge de hombros—. Me lie con él.

Hago todo lo que está en mi mano por no poner una mueca.

Ya sabía yo que no me iba a hacer ni puta gracia.

—¿Por qué no le dices que te deje en paz? —cuestiono—. Me ha dicho que llevas semanas sin responder sus mensajes.

—Lo he intentado, créeme, pero no sé cómo hacerlo sin que le moleste.

—Gabriela, de dejarle las cosas claras a un tío como Kyle el único daño que le vas a hacer es a su ego.

—Lo sé... Caleb me lo ha dicho varias veces cuando hemos hablado de esto, pero... —Vuelve a encogerse de hombros—. No lo sé. Me cuesta poner a la gente en su sitio.

«Cuando hemos hablado de esto».

Sé que mi mejor amigo y ella tienen la confianza suficiente como para quedar de vez en cuando igual que ha ocurrido en varias ocasiones mientras yo estaba en el piso, contarse alguna que otra cosa y una afinidad que les hace llevarse tan bien como para saludarse y despedirse con besos en la mejilla.

Miento si digo que no hay algo de envidia ahí.

—Kyle me ha dicho de vernos muchas veces más y... Bueno, ya viste en Halloween, pero es que no puedo. Lo de mi ex sigue muy reciente y no... No puedo hacer nada con nadie ahora mismo y no soy capaz de tener rollos esporádicos, así que...

Una especie de escozor se expande por mi pecho. Porque la suposición que tenía respecto a Gabriela y lo que sea que es todo esto que ocupa mi mente respecto a ella, se ha vuelto certera. Ella no quiere nada, pero yo estaba empezando a pensar que con ella podría quererlo todo.

—Perdona, no pretendía... —«Incomodarte», quería añadir, pero se adelanta .

—No, no. Está bien, es… Imagino que sigues sin entender cómo pude estar saliendo con un chico así durante tanto tiempo. Puedo hablarte de eso, no tengo problema.

—¿Estás segura?

Asiente, aunque lo hace sin mirarme.

—Es solo que… Bueno, ahora que han pasado los meses me da vergüenza admitir que todos tenían razón. Laura la primera.

—¿Qué quieres decir?

—Que... —Tuerce la boca, perdida en cómo comenzar—. Empezamos a salir a principios de octubre del año pasado. De hecho, el día que cogí el vuelo aquí habríamos cumplido un año.

—¿Desde cuándo os conocéis?

—Desde los quince, más o menos, cuando nos pusieron en el mismo grupo en la academia.

Pero, para que me entiendas y en resumidas cuenta, él siempre ha sido el chico al que todas querían.

Guapo, popular, dos años más mayor que yo, bueno en baile y con un futuro brillante asegurado y yo no era menos.

Me empezó a gustar al poco de conocernos, pero en ese momento estaba saliendo con Melissa.

»Eran, por muy cliché que suene, la pareja perfecta a ojos de todos los bailarines de la academia. Al menos hasta que el año pasado, para principios de verano, lo dejaron después de casi cuatro años.

—¿Qué edad tiene Melissa?

—También dos más que yo. Llevaban juntos desde los dieciséis.

—Llena sus pulmones de aire y lo deja salir con lentitud—.

Fue ese mismo verano, cuando cumplí los dieciocho, que al inicio de la temporada, empecé a notar una especie de acercamiento de parte de Iván.

Empezamos a volver a casa juntos o a quedarnos casualmente los dos en el estudio ensayando aunque la clase ya hubiese terminado.

Hasta que me confesó que le llevaba gustando desde hacía tiempo.

Y, ¿qué hice yo? Salté sin pensar a su confesión, reciprocándola.

Durante un tiempo, se convirtió en lo que yo pensé que siempre había querido.

Ahora me doy cuenta de que debería haberlo pensado mejor.

Me apena tener este recuerdo para el resto de mi vida, ¿sabes?

—Supongo que todas las primeras veces en algo suelen ser un desastre —digo con la esperanza de que pueda relajarse un poco. Parece que el ambiente a nuestro alrededor se ha enfriado.

—Pero no es… No fue sólo esa primera vez. Me duele el poder que le proporcioné sobre mí misma que ni yo sabía que podía llegar a tener. Que sigue teniendo. Aún más no saber cómo quitárselo. Porque me esforcé desde el primer momento y no sirvió para nada.

—¿Esforzarte? —repito, porque creo haberle escuchado a la perfección pero no me cuadra esa acción para el funcionamiento de una relación—. ¿Esforzarte en qué?

—En darle mi mejor versión; en hacer todo lo que estuviera en mi mano para no dejar de gustarle.

Me maquillaba más de lo que acostumbraba para parecerme a las chicas con las que había estado antes que yo, me aprendí sus aficiones más allá del baile, su música favorita, sus horarios para hacer coincidir los míos y adaptarme a ellos...

»Creo que si lo alargué tanto fue porque quería demostrarme a mí misma que yo también podía vivir algo como eso que leo en mis libros, ¿sabes?

Porque he pasado tantas horas con la cabeza metida historias, preguntándome si algún día alguien llegaría a mirarme con ese brillo en los ojos del que todos hablan, que cuando él llegó…

Imagino que estaba desesperada por comprobar que alguien podía sentir algo así por mí.

—No puedes dar tu mejor versión si esa no eres tú, Gabriela —reflexiono en voz alta—. Y, además, creo que la mejor versión de uno tiene que ser para uno mismo; no según considere alguien.

—Ya —murmura—. Por eso estoy tan encabezonada en centrarme en mí. Porque me parece imposible encontrar esa conformidad que nunca llegó a haber con otra persona. Me da miedo perderme aún más a mí misma por encajar en las expectativas de alguien.

Mi corazón pierde el ritmo por un momento.

Me cuesta comprender por qué. Lo cierto es que no quiero reconocerlo; que esa última confesión ha sido lo único que prefería no haber escuchado.

Aunque no puedo decir que me sorprenda o que no le entienda.

Lo hago. Y eso me molesta aún más. Porque no puedo evitar esto que me está persiguiendo desde hace semanas. No puedo no pensar en que quizá yo podría demostrarle lo contrario.

—El mayor problema fue que me acostumbré a estar con él.

A que nos viéramos todos los días y fuese él quien marcara el ritmo de nuestra relación, a ser su sombra, a hacer y deshacer a su antojo o guardarme las palabras cuando él se había cansado de escucharlas.

Pero imagino que sí no me tenía en cuenta en las cosas más generales tampoco podía esperar que lo hiciese en las más íntimas.

Me enderezo en el sofá, intranquilo con el camino que están trazando sus palabras y al destino al que, por más que odie pensar en ello, sé que van a desembocar.

—Gabriela... —tanteo, pero no me permite interrumpirle.

—Y sé que soy muy intensa y que me gusta hablar de lo mismo muchas veces, pero…

Empezó por acciones pequeñas como no acordarse de algo que le había dicho a cancelarme en el último momento o a sólo encontrar tiempo para…

—Su voz se quiebra antes de ser capaz de terminar la frase.

Está negando con la cabeza antes de que me dé tiempo a interceptarla—.

Las expectativas me jugaron una mala pasada.

Me di cuenta demasiado tarde de que me gustaba la idea que tenía de él al igual que él sólo se fijó en la idea de mí.

Lo cual es mi culpa porque la reforcé continuamente, pero…

—Gabriela. —Alzo un poco el tono de voz porque no quiero que siga considerando esas cosas. Odio la duda que emplea al hablar de sí misma—. No fue tu culpa. Joder, ¿cómo puedes pensar eso? Te fue infiel.

«Y le sigues defendiendo».

—Lo sé —murmura, frustrada—. Pero, honestamente desde que me enteré del motivo por el que empezamos a salir, en realidad... En realidad esto no me duele tanto.

La mueca de confusión que contrae mi rostro es más que evidente.

—¿El motivo?

—Todo empezó por una apuesta entre su grupo de amigos por ver quien… —Aprieta los labios y una lágrima se desliza por su mejilla—…Por ver quien se acostaba conmigo primero .