CAPÍTULO 13 #3
Lo sabía. Son casi todas comedias románticas.
—¿ Cómo entrenar a tu dragón ? —cuestiono al llegar a ese título.
—¿Obviamente?—Hace una raya debajo de este para que destaque entre el resto.
—¿No has visto Dirty Dancing ? ¿Ni Pretty Woman ?
—Aún —puntualiza, dedo alzado.
Durante minutos, continuamos escribiendo e intercambiándonos el rotulador dependiendo de a quién de nosotros se le haya ocurrido la idea y hacemos uso de internet para anotar otras, que ya sin sorprenderme, no ha visto.
—Ah, no. —Hace el amago de escribir pero se detiene a último momento. Tacha el título de la última que he apuntado—. Películas de miedo no.
—¿Cómo dices?
—Me niego. Es un sufrimiento innecesario.
—¿Sufrimiento innecesario? ¿Por qué?
—¿Ver algo en tensión sabiendo que te vas a asustar y asustarte igual? ¿Qué necesidad hay?
—Me vas a torturar con comedias románticas de inicios de los dos mil —repongo—, ¿y yo no puedo hacer que veas una película de miedo?
—Créeme, las películas de romance son mis películas de terror.
—Podemos hacer una cosa —sugiero—. Me comprometo a ver las películas de romance que quieras con la condición de que la película de miedo la elijo yo. Y —añado en último momento—, no sabrás cuál va a ser hasta que diga de verla.
—¿Sólo una? —Dudosa, ladea la cabeza hacia la izquierda.
—Sólo una. Aunque me parece injusto teniendo en cuenta que has puesto la película de One Direction.
Conteniendo una sonrisa, se encarga de numerarlas.
Llegamos a un total de treinta y ocho.
Creo que esas son más de las semanas que quedan para que Gabriela deba regresar a España.
—Tienes que cumplir tu parte del trato.
Sonrío de medio lado al ver la determinación con la que me mira y apunta de nuevo con el dedo.
No dudo en asentir. Lo haré. Si ella va a ver El Club de la Lucha conmigo, yo leeré Mujercitas por ella.
Me hace firmar al final de la hoja y ella escribe el diminutivo de su nombre y añade unas estrellitas alrededor.
—Gracias por la cortina —me dice una vez ha abierto la puerta y he cruzado el vano.
—No hay de qué. —Saco el conjunto de llaves de mi bolsillo para abrir la puerta de mi piso.
No he terminado de girarla cuando su voz llega hasta mis oídos.
—Oye, Locke. —Sus ojos encuentran los míos sobre mi hombro y entonces, susurra—: Gracias por escucharme, también.
No me da tiempo a responder nada.
Con rapidez, retrocede hasta desaparecer tras la puerta.
Entro con la imagen de sus ojos color miel clavada en mi retina y el mismo pensamiento que me ha surgido de tanto en tanto durante esta última semana.
Gabriela habla por los codos pero, por alguna razón, cuando se da cuenta del tiempo que lleva haciéndolo parece avergonzarse sin remedio. ¿Por qué?
—¿Cómo ha ido? —pregunta un entusiasmado Caleb desde el sofá.
—Bien. —Dejo caer las llaves en el mueble.
Pone una mueca ante la sequedad de mi respuesta .
Noah, que ha debido llegar hace poco, aparece desde la cocina. Tiene un vaso de agua en la mano y sonríe con sorna.
Joder... Lo que odio esa sonrisa.
—Con que Orgullo y Prejuicio , eh... —Asiente un par de veces—. Buena película para la primera cita...
—¿Qué cojones...? Caleb, ¿qué le has contado? —protesto con una mueca de exasperación y su única respuesta es alzar las manos, desentendiéndose del tema—. Paso de vuestro puto rollo.
Silbo un par de veces para llamar la atención de Luke y colocarle el arnés para dar el último paseo del día.
Si algo tengo claro es que no necesito que alguien acapare mi atención. Nunca nadie lo ha hecho y desde luego ahora no es el momento para que eso cambie.
Tengo que centrarme en la universidad, en la empresa y en intentar solucionar lo de las obras del museo. No necesito interesarme por otra cosa que no sea alguna de esas tres. Mucho menos por una chica de rizos rubios.
Joder, acabo de quedar con ella en volver a ver una película la semana que viene. No voy muy bien encaminado a cumplir eso.
No pienso decirles nada a estos dos. Es lo que me falta para que no me dejen en paz.
—Justo nos hemos encontrado hoy llegando al edificio —empieza a decir Noah— y me ha dicho que le pareces un chico...
—La coña ya la ha hecho Caleb. —Engancho el mosquetón de la correa en las anillas del arnés de Luke—. No vengas tú ahora a...
—Te lo digo en serio —me interrumpe y con eso se gana mi atención—. Me ha dicho que le pareces simpático. Y, o una de dos: o bien Gabi tiene la realidad alterada y de verdad ve algo bueno en cada persona que conoce... O tú dejas de ser un puto cardo las veces que estás con ella.
—Yyyy... —Caleb se levanta del sofá y lo rodea—. Llevas casi un mes y medio aquí y la única que ha conseguido sacarte del piso para hacer algo más que ir a la oficina, ha sido ella.
Boqueo .
Lo cierto es que no tengo defensa alguna porque...
Porque tienen algo de razón.
Menos mal que no he dicho nada de las películas.
—Cómo hagáis una puta apuesta sobre algo relacionado con Gabriela... —farfullo ya con la mano en el pomo de la puerta.
—Tarde... —musita Noah antes de desaparecer por el pasillo.
◆◆◆
Estoy ya acostado en la cama, con Luke como cada noche enroscado sobre sí mismo a la altura de mis pies, cuando una notificación enciende la pantalla de mi teléfono e ilumina de manera débil la estancia sumida en oscuridad.
Pensaba que lo había configurado de modo que ningún mensaje pudiera saltar hasta mañana por la mañana.
Llevo desde que he regresado del paseo, desde antes incluso, mientras recorríamos el Josaphat Park, sin ser capaz de sacar un pensamiento en claro.
¿Por qué coño no he podido —puedo— dejar de pensar en el rato que he compartido con Gabriela? ¿En ella en sí?
He dado vueltas en la cama sin ser capaz de conciliar el sueño, no sé por cuánto tiempo. Pero todo el rato ha estado su risa resonando en mis recuerdos y sus ojos color miel en el centro de mi memoria.
Todo. El. Puto. Tiempo.
Busco el móvil a ciegas en el colchón.
Vuelvo a encenderlo, veo que son las 02:43h.
Y...
Y que el mensaje es de Gabriela.
Justo lo que necesitaba para poder apartarla de mi mente.
Desbloqueo el teléfono y entro en Instagram.
Antes de acceder al chat, pincho en su foto de perfil para ver la historia que ha subido. Posa frente a un espejo, con un chico a su lado, en el que creo que es el estudio de su academia.
Mis ojos recorren su cuerpo. Me detengo en el piercing de su ombligo. Y después de recrearme en ella unos largos segundos más, lleno mis pulmones de aire y abro la conversación.
_gabidances.14
He añadido una película más.
No sé cómo se me ha podido olvidar antes.
Mi curiosidad burbujea al instante.
lockesommers
¿Cuál?
_gabidances.14
Zootrópolis.
¿No es esa la película sobre animales que actúan como humanos?
Con cada cosa que añade no hace sino confirmarme que tiene unos gustos raros de cojones.
lockesommers
¿En serio?
_gabidances.14
Es una película muy buena.
Y Nick Wilde me gusta.
lockesommers
¿Quién es ese?
_gabidances.14
El zorro.
El... ¿El puto zorro?
lockesommers
¿Cómo va a gustarte un zorro?
_gabidances.14
¿Tú le has visto?
¿Cómo NO iba a gustarme?
No me puedo creer que esté teniendo esta conversación.
Los tres puntos indicando que está redactando un mensaje aparecen y desaparecen un momento después. Así ocurre tres veces más, hasta que, por fin, envía el siguiente mensaje.
_gabidances.14
Me ha gustado ver la película contigo.
No pienso reconocer delante de nadie que quizá Caleb y Noah tienen algo de razón. Quizá toda la del mundo.
lockesommers
A mí también, Gabriela .