Serafín 24
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«Avíseme ya», me ordenó Nicolás Galindo, el director del Teatro Colombia.

«OK», le contesté.

Es mi forma de responder sin responder: podría ser un OK, ya le aviso. Porque ya les dije que me cuesta trabajo decir que no; no en vano, mi mamá era una señora bogotana para la cual la sinceridad muchas veces era sinónimo de mala educación.

Fue entonces cuando Nicolás Galindo me mandó a modo de respuesta una frase lacónica: «O mejor venga mañana a las 10».

Me encerré en mi estudio durante el resto del día y soporté el reguetón de fondo que sonaba a lo lejos: creo que era Soledad.

De Don Omar. Que, contra todo pronóstico, no es patrón de una finca, sino otra luminosa estrella de ese universo musical de boquetos.

Y lo soporté acompañado de Serafín, que rara vez me miraba.

Y yo tampoco lo miraba a él. Pero en ese tratado sin palabras de compañía mutua debo confesar que contar con su presencia me hacía sentir menos solo. A diferencia de Don Omar.