Clara
Nada.
No ha podido pegar ojo. Hace horas que no sabe nada de ella, como si la tierra se la hubiera tragado.
Tampoco ha respondido a sus llamadas. Acaba de enviarle el enésimo WhatsApp preguntándole si está bien y rogándole que la llame cuanto antes.
No quiere pasar la mañana entera aguardando unas palabras de la fotógrafa que le devuelvan el valor y la confianza en sí misma.
Para distraer la ansiedad ojea los diarios digitales. Los titulares recogidos en el sumario de BcNews atrapan su atención.
BcNews
ÚLTIMA HORA
Una familia devastada por la tragedia
Hallan muerto en el fondo de un barranco en la Rabassada a Víctor Renom, el padre de Noa, la chica asesinada hace pocos días y cuya muerte todavía no ha sido esclarecida.
Sara BASCONES
¿Víctor Renom? No puede ser. Vuelve a leer el titular y pulsa el enlace de inmediato para acceder a la noticia.
El empresario Víctor Renom, de cuarenta y dos años de edad, falleció ayer sobre las 18 h al despeñarse el coche en el que viajaba en compañía de Bel Jiménez que conducía el vehículo y que también resultó muerta en el siniestro.
Se ignora hasta el momento que tipo de relación existía entre la joven fotógrafa, propietaria del Opel Corsa accidentado y muy conocida en el mundo de la publicidad, y el adinerado constructor padre de la chica asesinada recientemente.
Tampoco hemos podido averiguar hacia dónde se dirigían.
Clara se ha llevado la mano al corazón como si pudiera así controlar el vuelco que ha desbaratado su pecho.
Ha gritado sin darse cuenta. Por suerte está sola en su despacho.
Nadie ha podido oírla, tampoco advertir el dolor en sus gestos.
Del corazón su mano se encarama a los labios para impedirse seguir gritando.
Toma aire, tanto como puede, como si estuviera a punto de sumergirse en aguas gélidas. Necesita seguir leyendo.
¿Bel? Es imposible. No se conocían. Cuando le habló de la desaparición de Noa Bel no dijo nada. No comentó que conocía a la familia. No puede ser. No puede creerlo. Tampoco la velada insinuación de las primeras líneas. ¿Relación? ¿Qué tipo de relación podía haber?
Niega con un gesto mientras aprieta los labios y sigue leyendo.
Aunque todo hace pensar que pueda existir algún vínculo entre la muerte de Noa Renom, la adolescente asesinada pocos días atrás, y el súbito fallecimiento de su padre, desconocemos por el momento la naturaleza de dicha conexión.
Por lo que hemos podido averiguar nada pudo hacer por sus vidas el personal sanitario que acudió pocos minutos después del accidente al lugar de los hechos.
La asistencia médica tuvo que esperar a que un equipo de rescate recuperara los cuerpos que se encontraban en el interior del vehículo volcado en el fondo de un barranco de los muchos que flanquean la carretera de la Rabassada.
Ambos cuerpos fueron rescatados sin vida.
El examen del coche accidentado quizás facilite alguna pista sobre lo ocurrido.
No puede creer que Bel esté muerta. Tampoco puede ni considerar la turbia relación que insinúa la periodista.
Imposible. Bel, no. Nunca haría algo así.
Con toda seguridad habría detestado a Víctor Renom.
O quizás… Apenas hace unos meses que se conocen.
No, imposible. Bel, no. Y sin embargo no parece existir ninguna duda respecto a la identidad de la mujer fallecida junto al padre de Noa.
Clara vuelve a leer la noticia. Consulta otras publicaciones que se refieren al accidente en parecidos términos.
Comprende que Bel ya había muerto cuando con el anochecer le envió el primer mensaje.
Necesitaba con urgencia su aliento para seguir adelante, para cobrar fuerzas para sumar coraje.
Acobardada con el paso de las horas, precisaba saber que estaría a su lado si se separaba de Albert.
Necesitaba comprobar que seguiría allí, junto a ella, aunque se dijera mil veces que había tomado la decisión por sí misma y al margen del enamoramiento que las había unido meses atrás.
Un aliento que no llegó.
Un coraje que Clara no encontró.
Una cena como tantas otras.
Al primer mensaje le sucedieron otros, también varias llamadas que nadie atendió. El móvil de Bel estaba apagado o fuera de cobertura.
Clara se desesperó, la asaltaron mil dudas, no podía comprender el pertinaz silencio de su amante.
Acostumbraba a recibir varios WhatsApp de Bel a lo largo del día, mensajes que le confirmaban la intensidad de su deseo, que le recordaban el rojo de sus labios, la tibieza de sus manos, sus ojos.
Acabó por postergar la ruptura. No se sentía orgullosa de ello.
Por el contrario, se despreció a sí misma por seguir callando. Y sin embargo…
No abrió la boca. Cenó escuchando a Albert, celebrando sus anécdotas, sonriendo de vez en cuando y sin perder de vista el móvil. Su marido no pareció darse cuenta.
La policía no ha ofrecido todavía un comunicado al respecto y no han trascendido los detalles, pero el testimonio de un conductor que circulaba en sentido contrario puede ofrecernos algo de luz sobre lo sucedido.
El testigo del terrible accidente afirma que el coche aceleró en dirección al vacío y que en ningún momento su conductora frenó para evitar la caída, circunstancia que conduce a pensar en un suicidio acordado.
Todas sus vísceras parecen a punto de desprenderse y caer. Le cuesta respirar y los dedos que se deslizan por la pantalla apenas le responden.
El mismo conductor señala que un par de coches seguían de cerca al vehículo siniestrado y que se detuvieron inmediatamente en el lugar por el que el coche acababa de abandonar la sinuosa carretera.
Quizás la policía debería contemplar la posibilidad de que la pareja fuera víctima de una persecución, quizás los asesinos de Noa amenazaran de muerte a su padre y a su joven acompañante.
Son tantas las incógnitas que no resultará fácil esclarecer lo ocurrido.
Podríamos seguir especulando, pero por respeto a la familia nos abstendremos de apuntar nuevas posibilidades. Esperaremos al comunicado policial y les mantendremos informados puntualmente de todo lo que consigamos saber sobre el curso de la investigación.
Sacudida por el llanto, Clara abandona la cara entre los brazos. Intenta no gemir.
Su vida entera acaba de saltar por los aires.
Alguien golpea la puerta del despacho. Clara se sobresalta y retira como puede las lágrimas de sus ojos arrasados.
—Soy yo. ¿Estás sola? ¿Puedo pasar?
Es la voz de Amanda.
Clara Dalmau no responde. Nadie puede verla así. Ni tan siquiera su mejor amiga en el Saint Michael. Si no contesta quizás Amanda piense que el despacho está vacío, quizás desista.
No lo hace.
Amanda Saldaña abre muy despacio, comprueba que la orientadora no tiene visita y entra. Sostiene el móvil en la mano.
—¿Has visto lo que…?