Será nuestro secreto (Mauricio Tedesco 1) Aitana
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Aitana

No han podido localizar por el momento a ningún allegado de Bel Jiménez para comunicarle el fallecimiento.

En comisaría una agente intenta encontrar al padre desaparecido o a algún hermano o hermana de la madre.

Para el policía no hay nada peor que comunicar una muerte violenta.

Hombre parco en palabras emplea toda la delicadeza que logra reunir, responde como puede a las preguntas, baja la mirada y aguarda el momento en el que pueda retirarse sin que hacerlo resulte una descortesía.

El inspector podría delegar la pesada carga en alguno de sus agentes, pero prefiere no hacerlo.

A su juicio ser el portador de tan espantosas noticias forma parte de los deberes propios de su cargo, va con el sueldo.

—Pero… ¿por qué? ¿por qué tenía que matarlo? Un accidente es un accidente. Víctor también podía haber muerto. No lo entiendo. No entiendo nada.

Y ha repetido mil veces que no entendía. Y no mentía. También al policía le resulta imposible comprender tanto resentimiento por parte de la hermana de la chica muerta muchos años atrás.

Gladys ha aceptado de inmediato y ha tirado de su hija hasta embarcarla en un taxi que las conducirá hasta la vivienda opulenta en la que ambas residirían durante un tiempo. No ha aceptado un no por respuesta.

—Serán como unas vacaciones, ya lo verás.

Y, aunque siente curiosidad por saber cómo viven los que no hacen números para llegar a fin de mes, Minerva la ha mirado con la severidad que emplearía una adolescente. Como si acabara de volverse loca.

Por expreso deseo de Aitana Lina también ha llamado al doctor Solé al que ha comunicado la noticia y que ha prometido pasar cuanto antes y proporcionarle a su hija la medicación adecuada para mitigar el dolor y adormecer la conciencia.

La noticia del hallazgo del coche en el fondo de un barranco ha saltado ya a las publicaciones digitales que, por fortuna, todavía no poseen los detalles.

Ignoran que fue su conductora la que abismó el vehículo en el fondo de un talud y que lo hizo acelerando en dirección al vacío y sin el menor titubeo.

Sabedor de la velocidad a la que se transmiten los sucesos más trágicos y la escasa fidelidad a la verdad con que lo hacen, Tedesco ha intentado no leer lo que recogen de madrugada publicaciones como el BcNews.

No ignora que tarde o temprano alguien, cualquier agente escandalizado por lo que acaba de leer, le mostrará una pantalla y en ella las más peregrinas y delirantes especulaciones sobre el caso.

También sabe que la rabia se transformará en una llama en su estómago especialmente sensible a los desatinos y que el ardor no desaparecerá en muchas horas.

Su estómago es su caja de resonancia, así lo llamó el médico una vez.