Será nuestro secreto (Mauricio Tedesco 1) Clara
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Clara

A media mañana en la sala de profesores no se habla de otra cosa. Algunos docentes lamentan amargamente la muerte de Noa, otros especulan con la personalidad de su asesino o abonan el miedo a recorrer en solitario las proximidades del centro.

Aprovecha que ha acabado las entrevistas programadas para prepararse un café y consultar su móvil. Le alegra el mensaje de Bel en el que le asegura que piensa en ella en todo momento y lugar:

… hora tras hora, esté donde esté.

No lo olvides nunca.

En el correo, nada nuevo.

Ojea los diarios digitales y comprueba que BcNews recoge ya las primeras explicaciones policiales.

BcNews

ÚLTIMA HORA

La policía promete capturar al asesino de Noa

Sara BASCONES, Barcelona

(…)

Debido a la expectación suscitada por un crimen de una crueldad inimaginable éramos muchos los representantes de los medios de comunicación que aguardábamos en las dependencias policiales para poder informar de los avances de una investigación que a día de hoy mantiene en vilo a la ciudadanía.

Dado que la juez había decretado con anterioridad el secreto del sumario las expectativas respecto al comentario de las pistas seguidas por la policía eran escasas.

Era de esperar que no afloraran los detalles de la investigación durante la comparecencia de los responsables del caso.

Y así fue. Ni detalles ni la más mínima señal de que las pesquisas del cuerpo policial avancen en algún sentido.

En una rueda de prensa que me atrevería a calificar de «atrevida», el portavoz de los Mossos d’Esquadra, Bernat Edo, que parecía conocer en detalle la psique del asesino, afirmó que este había cometido errores que facilitarían su detención.

Habló de que un asesinato como el que nos ocupa no es fruto de la improvisación.

Por el contrario, aventuró un perfil. Explicó que, con toda probabilidad, el asesino habría preparado el crimen durante mucho tiempo y habría dispuesto hasta el último detalle.

Añadió que siente la necesidad apremiante de ser admirado, que presenta una vanidad extrema y que experimenta una aparente sensación de impunidad.

Utilizando una actitud que cabe definir casi como desafiante Edo afirmó que el asesino de Noa era un narcisista de manual y que sería capturado sin lugar a duda.

Aun así, ni el portavoz policial ni su superiora Silvia Martínez consiguieron transmitir en ningún momento la confianza en una detención inminente.

De las palabras de Bernat Edo se deduce que no nos equivocábamos en nuestro artículo anterior al aventurar que la ciudad se enfrenta a un verdadero monstruo capaz de volver a asesinar en aras de esa vanidad sin límites que caracteriza a los asesinos seriales.

¿Está nuestra policía preparada para perseguir y capturar a este tipo de criminales?

Me gustaría poder responder afirmativamente a este interrogante, pero, la verdad sea dicha, tengo mis reservas.

No tanto por la capacidad de los Mossos d’Esquadra que no me atrevo a poner en duda ni por la tecnología con la que cuentan, sino por la idiosincrasia de este tipo de criminales que planifican sus crímenes con la máxima precisión y utilizan procedimientos específicos, casi rituales.

Por lo que he podido averiguar generalmente presentan una inteligencia superior y tienden a aceptar los desafíos policiales como lo que son: verdaderos retos.

En ese sentido creo que algunas de las aseveraciones de Bernat Edo referidas a la detención del asesino resultan verdaderamente atrevidas y extemporáneas. Espero sinceramente estar equivocada.

El tiempo dirá.

El tiempo dirá, repite Clara en voz baja. Pero para Noa ya no queda tiempo. Y, a juzgar por las especulaciones de la periodista, quizás tampoco para alguna otra joven que ignora que será la próxima víctima.

Lee de nuevo el mensaje de Bel. Solo ella es capaz de ofrecerle algún consuelo.

Pase lo que pase,

… hora tras hora, esté donde esté.

No lo olvides nunca.

Son las palabras que necesita para seguir adelante. Pase lo que pase, hora tras hora… repite Clara que ha tomado la determinación de romper con Albert y de poner así fin a un matrimonio que agoniza. Y en ello está todavía, buscando el mejor momento, reuniendo el ánimo.

—Pase lo que pase, hagas lo que hagas. Tanto si hablas con él, como si no lo haces; yo estaré contigo. Esperándote. Seré feliz esperando —habían sido las palabras de la fotógrafa la última vez que, piel contra piel, Clara le planteó la posibilidad—. Esperaré.

Las mismas palabras que se repite una y otra vez cuando su ánimo flaquea y entreve el futuro como un gran abismo.

Hace desaparecer BcNews de la pantalla, se pone en pie con un suspiro y recoge las notas que ha dejado sobre la mesa cuando suena el timbre que señala el inicio de la última clase de la mañana.

Clara se dirige a su despacho. Ha citado a Martin Evenson a instancias de su tutora.

El chico hace cuanto puede por transgredir las normas y su actitud levanta ampollas entre sus profesores.

Algunos aseguran que su presencia perjudica y distrae a sus compañeros y que su permanente disconformidad resulta una mala influencia.

Preferiría no tener que verse obligada a hablar con su padre.

En el pasillo se cruza con la joven agente que avanza seguida por el conserje.

Lidia camina muy erguida y se mueve deprisa, como si se hallara en una arriesgada misión de la que depende el futuro del planeta entero.

Gabriel la sigue a zancadas. La policía ha ocupado el despacho del coordinador de la ESO en la planta baja, al final del pasillo y no muy lejos del vestíbulo.

Es allí donde Tedesco espera a Gabriel Roberts.

El conserje vive en una vivienda situada entre el edificio central y el polideportivo, quizás sea la única persona que quedó en los alrededores la noche que desapareció Noa Renom.

A nadie parece sorprenderle ya la presencia de la policía en el centro.

Gabriel parece enfurruñado.

No saluda.