Clara
La llamada la sorprende con la taza de café en una mano y el móvil en la otra mientras comprueba los mensajes recibidos.
Necesita saber que lo que siente es correspondido y tan real como la taza de loza que sujeta entre los dedos, por eso vive pendiente de unas palabras en la pantalla del teléfono móvil.
Precisa de esas palabras para que las horas se acorten y el fin de semana junto a su marido acabe cuanto antes.
El mensaje está allí, el primero de la secuencia diaria de mensajes de WhatsApp.
Buenos días (seguido de un corazón rojo y palpitante)
—No sé de qué me hablas.
—En Facebook, en Twitter, en Instagram… en todas partes. ¿No lo has leído? Es increíble. Me lo dicen y… Solo sé que Chantal Barrientos lo acaba de colgar.
—¿Qué es lo que acaba de colgar? No sé qué es lo que…
—Noa Renom ha desaparecido. No han vuelto a verla desde el concierto. Nadie fue a recogerla ayer por la noche y no regresó a casa. Eso es lo que dice Chantal y no creo que sea una broma.
—¿Noa? ¿Desaparecida?
—Se quedó sola y probablemente intentó llegar caminando a la Diagonal para volver a casa en autobús. Eso es lo que suponen, pero nadie sabe nada. La vieron sola a la salida del concierto. Lleva horas desaparecida. Dice que la policía la está buscando —añade.
Amanda habla muy deprisa urgida por la gravedad de la noticia.
—No puede ser. ¿Se quedó sola?
—Yo tampoco me lo explico. Conozco a la familia desde hace tiempo. No parecen tener problemas y juraría que nunca la han descuidado. Espero que no le haya pasado nada malo.
—Y yo.
Clara no puede creer que nadie conozca el paradero de Noa.
Como orientadora del Saint Michael’s School sabe que Noa Renom no es el tipo de chica que se marcha de casa indignada tras una discusión o que decide tomarse unas horas de libertad sin tener en cuenta la angustia de su familia.
Tampoco responde al perfil de la adolescente que se queda prendada de uno de sus compañeros y lo sigue al fin del mundo y más allá.
Noa Renom, no.
Recuerda haber hablado con ella el mismo viernes por recomendación de su tutora.
La recibió en el despacho horas antes de que se desvaneciera, justo antes del patio.
No era la primera vez, había hablado con ella en otras ocasiones.
Siempre con un mismo propósito: hacerle comprender que debía rebajar su nivel de exigencia.
Clara trataba de ayudarle a entender que nadie puede complacer a todo el mundo en todo momento.
Es imposible. Un objetivo inalcanzable. Un despropósito.
Recuerda que cuando acabaron la conversación sus amigas la esperaban en la puerta del despacho. Clara no advirtió nada preocupante.
Cuando comprueba que Chantal Barrientos alerta en las redes sociales de la desaparición de su amiga y pide ayuda para localizarla comprende que algo grave le debe de haber pasado a la chica juiciosa en exceso a la que había intentado convencer de que no debería exigirse tanto.
También Vivi Alarcón se ha unido a la iniciativa y muy pronto son varios los alumnos de su curso y algunos profesores los que comparten el mensaje.
La imagen de Noa proporcionada por Chantal es muy reciente y salta de un dispositivo a otro acompañada de un mensaje nada tranquilizador.
DESAPARECIDA
Noa viste una sudadera rosa con una gran margarita blanca y esboza una sonrisa tímida, casi furtiva.
Justo detrás Clara reconoce la entrada del centro escolar y una parte de su edificio principal en la que puede leerse «Saint Michael» en grandes letras rojas.
Un rojo oscuro, como de sangre coagulada, es el color que identifica al centro.
Emblema, uniformes, logotipo… La fotografía no tarda en llegar también a su teléfono a través del WhatsApp.
No es un reto estúpido, ni un bulo ni una broma de mal gusto. Lo constata muy pronto en la actualización de las noticias que ofrece la prensa digital y que puede consultar a través del móvil.
BcNews
ÚLTIMA HORA
Joven desaparecida en Barcelona sobre las ocho de la noche de ayer
Nada se sabe de Noa Renom Nasarre, de catorce años de edad, desde que hacia las ocho de la noche de ayer abandonó el prestigioso centro escolar Saint Michael’s School.
Sara BASCONES
La adolescente acababa de participar en un concierto en el centro en el que está escolarizada. Al parecer se encontró sola a la salida del evento y se encaminó hacia la Diagonal en busca del autobús que la llevaría a casa.
Noa mide 1’55 m, tiene el cabello negro y lacio peinado con flequillo, es muy delgada y de origen chino.
…
Clara comprueba que también la prensa digital publica la misma imagen de Noa que corre por la red y acompaña la noticia del teléfono de los Mossos d’Esquadra y del de la familia Renom Nasarre. La redactora añade que la policía ruega la colaboración de todo aquel que pudiera haber visto a la joven.
Clara intenta recordar todo lo que hablaron la mañana del día anterior.
Trata de rememorar todas sus preguntas y las respuestas proporcionadas por Noa, procura revivir cada uno de sus gestos, la entonación de sus frases y la expresión de sus ojos como dos delicadas rendijas.
Rescata de algún rincón de su memoria casi todo cuanto Noa dijo y cuanto ella pudo intuir.
Recuerda haber anotado el propósito de Noa de no defraudar nunca a sus padres, su preocupación constante por no disgustarlos, su desvelo.
De ahí sus gestos de contrariedad, su enfado si en un examen la nota conseguida no es la esperada o si en un trabajo la calificación no le satisface.
También su dificultad para ampliar su círculo de amistades.
Por eso su esfuerzo constante, su rigidez. No es ambición, es miedo.
Aunque no lo formule abiertamente, Clara comprende que la adolescente vive atemorizada por la posibilidad irracional de que un día Víctor y Aitana decidan enviarla de regreso al orfanato. Está dispuesta a todo para evitarlo.
Recuerda haber tratado sin éxito de convencerla de que aquella era una idea absurda.
Un disparate, un temor infantil. También que llegó a proponer la conveniencia de hablar de ello con sus padres.
A cara descubierta, sin miedo. Noa se negó sin fisuras y aseguró que, si lo hacía, si los llamaba, no volvería a pisar el despacho.
Cuando Clara dio la conversación por terminada Noa, la alumna perfecta, la excelencia personificada, se limitó a levantarse y salir tras desearle buenos días.
¿Y si pasó algo por alto? ¿Y si Noa pedía ayuda y ella no supo reconocer las señales? ¿Y si…?
Busca en el mensaje de WhatsApp que acaba de recibir el teléfono de la familia de Noa.
Víctor responde tras una sola señal de llamada.
Apenas puede creer lo que Clara Dalmau tiene que decirle.