MI DEBUT #3
Ya había transcurrido tres días desde que regresé de Piura.
Las aguas se habían calmado, en nuestra relación.
Eran las 7 de la mañana. Yo me aprestaba a salir para ir a mi academia.
Cuando, de repente, uno de los inquilinos llama desde el primer piso, diciendo: Leonardo, te buscan.
Bajé de inmediato las escaleras. Era mi mamá, que había llegado con una hermana a llevarme a Piura.
De inmediato le avisé a Juanita. Le dije que no salga para nada de su habitación.
- Dónde, dónde está esa mujer -gritaba mi mamá.
Le dije que no quería ir, que todavía estaba preparándome en la academia. Sin embargo, mi madre se empezó a alterar, a alzar la voz y a lanzar improperios contra ella.
- La voy a denunciar -dijo
Al escuchar eso, mejor opté por irme. Mientras tanto, en la calle creo que todo el vecindario había salido de sus casas a espectar el escándalo. De haber tenido cámaras, de hecho, que se hubiesen puesto a filmar.
Con ayuda de mi hermana recogimos todas mis pertenencias y emprendidos el retorno. En Piura yo no sabía qué hacer. Le llamé a ella (en ese entonces al teléfono de su casa) y me dijo que estaba mal de salud.
Pasaron dos semanas más y decidí regresar a Trujillo. En esta oportunidad, solo dejé una carta a mis padres, despidiéndome y diciéndoles: "Yo voy a regresar, pero a fin de año. Me voy a seguir preparando para postular. Les juro que voy a regresar. Confíen en mí".
Al llegar a Trujillo, encontré a Juanita acostada, según me dijo recuperándose de un derrame que le había dado. Bueno, sus familiares también me lo confirmaron. Yo fui franco con ella, le dije que me iba a quedar por un tiempo más, pero que luego me regresaría por completo a mi tierra.
Retomamos la relación. Pasó un par de meses y llegó el 9 de julio, su cumpleaños.
Cumplía 41. Desde que llegué a su casa ella me había dicho que tenía la edad de Cristo (33 años).
Yo nunca le contradije, a pesar de que ya sabía que tenía 40 porque había visto su documento de identidad, que un día ocasionalmente encontré en su habitación.
Aunque, en realidad, si aparentaba menos edad. Yo dentro de un mes cumplía los 18.
Ella decidió celebrar su cumpleaños e invitó a sus vecinas las "reporteras", pero con el fin de vengarse.
Tras el incidente que provocó mi mamá, ella quedó muy afectada con las habladurías de la gente.
"Nunca había sido humillada así", decía.
Y creo toda esa tensión también ocasionó el derrame parcial que tuvo.
Entre todas sus vecinas, había una con la que libraba una guerra sin cuartel: la señora Betty, dueña de una ferretería. A espaldas, se lanzaban insultos la una a la otra. Sin embargo, cuando se encontraban en la calle, hasta con beso en la mejilla se saludaban.
Es así como Juanita decide celebrar su cumpleaños.
Invita a sus rivales y prepara un plan para dejarlas mal paradas.
Para nada estaba de acuerdo yo con ese plan; pero ella no quería dar marcha atrás.
Lo que sí en esa fiesta se suscitó un bochornoso incidente que quedó grabado en los anales de ese barrio.
En fila india y en grupo fueron llegando las invitadas: doña Mary, doña Consuelo, doña Modesta, doña Rosa (mejor amiga de Juanita) y, por supuesto, doña Betty. Yo era el único hombre en la reunión y me tocaba bailar con todas.
Tan planificada tenía las cosas la anfitriona, que, en un acto de provocación, la primera canción que puso fue “Por tu amor”, del grupo peruano Autocontrol.
Era nuestra canción. El tema que mejor describía nuestra relación.
Precisamente, un plus en la química que había entre ambos es que nos gustaba el rock de esa época, de los 80.
“Por tu amor” es mi canción favorita del rock peruano, incluso antes de que la conociese a ella.
"Un día más que llega y se va, quisiera saber por cuánto tiempo durará esta farsa que no tiene fin.
..Yo te daré mi protección, te voy a enseñar sí que yo sé luchar.
No tengo dinero, pero tengo amor. Me verás muy pronto despertar.
Diles que voy a luchar, diles que voy a ganar, diles que tengo tu amor, diles que mi juventud es solo para ti. .." (5).
Las invitadas aplaudían y avivaban, pidiendo hasta beso.
Luego tocaron una salsa sensual, y doña Mary, que ya estaba bien tomadita, me sacó a bailar.
Estábamos bailando de lo más bien, cuando llegó su esposo, le dio una cachetada y se la llevó.
En realidad, no supimos si el señor pasaba de casualidad o es que alguien le avisó.
Me dio pena ese suceso, porque la señora Mary, entre todas, era la más tranquila. Pero el alcohol la hizo desinhibirse. Todos los asistentes nos quedamos estupefactos.
Pasado ese incidente, continuamos con la jarana. Era evidente que las "enemigas" de Juanita también habían llegado con un plan. No dejaban de cuchichear y murmurar. Habían llegado con la misión de confirmar todos los rumores, llevar pruebas y así darse por ganadoras.
Se retaban con la cumplimentada a quién tomaba el vaso más lleno, con el fin de hacerla emborrachar.
“A ver, seco y volteado”, decían cada vez que retaban a tomar el vaso lleno de un solo sorbo.
"Estas bandidas qué creen que soy. No saben que ellas están de ida y yo ya estoy de regreso", decía Juanita, esbozando una sonrisa burlona.
Ya era la media noche. Justamente, doña Betty era la que más mareada estaba, y había empezado a perder el control. Resulta que, en una oportunidad que fui al baño, la aludida señora me fue siguiendo y entró al servicio donde estaba yo miccionando.
Juanita se había dado cuenta, pues no la perdía de vista para nada. Y lo que hizo fue bochornoso. Abrió la puerta del baño y puso en evidencia a su vecina. No estábamos haciendo nada malo. Bueno la doña me estaba viendo orinar y abrazándome.
De la vergüenza le pasó la borrachera. Quería desaparecer.
Ese fue el cierre de aquel cumpleaños. Se fueron todas las vecinas, con doña Betty por delante.
Desde aquel día se la tragó la tierra a esa vecina.
Y en el vecindario ya no se hablaba de la relación entre Juanita y yo, sino del espectáculo que dio doña Betty.
Pero no decían que solo la encontraron conmigo en el baño, sino que nos encontraron teniendo relaciones.
Juanita cantaba victoria. "Bien hecho, por dársela de viva". Yo para nada estuve de acuerdo con esa actitud de ella. "¿Qué estoy haciendo con mi vida?", me pregunté. Es cuando empecé a acelerar mi retorno a Piura.
Llegó agosto. El segundo piso de la casa de ella ya se había terminado de construir.
Una de las cosas que más admiraba de ella es que era muy trabajadora y con una suerte envidiable para los negocios.
Era capaz de vender hasta las piedras que encontraba en la calle.
Tenía varias joyas de oro, que empeñaba y hacía negocios con ese dinero.
Además, alquilaba una decena de habitaciones de su vivienda.
Cuánto quise que me pasara ese imán que tenía ella para las finanzas; pero no se dio.
En varias oportunidades me había ofrecido regalarme algunas de sus prendas, como reloj, cadena o sortija, pero yo no quise.
Quizás si no hubiera tenido una relación con ella, las hubiese aceptado.
"Bien sonso que eres", me decía. Es que tampoco me gusta usar vanidades.
Eso de poner reloj, cadena o anillos no va conmigo.
De igual manera, me mostró el cráneo de una calavera, que guardaba muy celosamente en su armario.
- Esta es mi cholita - me dijo.
- ¿Y por qué la tienes?
- Ella es la que me cuida mi casa.
- ¿Y cómo sabes que es mujer, que le llamas Cholita?
- Porque ya se me ha revelado en el sueño -me contestó. Le dio un beso y la guardó. Cuando a mi casa llega una persona mala, con mala vibra, ella la corre, me protege.
Con el bochornoso incidente que hubo con la vecina Betty, recapacité aún más de la cuestionada vida que estaba llevando, y con apenas 17 años.
A principios de enero de ese año, se podría decir que estaba dentro de la normalidad de mi kilometraje; pero con Juanita me fui a pique.
Lo que sí, me estaba enseñando muchas cosas que mis futuras parejas se lo hubieran agradecido.
Ella fue mi primera enamorada, mi primera pareja, mi primera mujer.
Sin embargo, entre ambos había amor y desamor. Así como nos amábamos, nos hacíamos daño. A mí me dejó marcado que hasta en dos oportunidades se indignó y me trató muy mal solo porque eyaculé rápido. Hasta tuve que aprender unos tips para evitar ese incidente.
Juanita tenía gran resentimiento conmigo por lo que le hizo mi mamá y porque yo no le permitía salir sola. Conmigo había perdido su libertad. Éramos como dos enemigos que se amaban. Entiéndase por amar el hecho de tener intimidad.
Una noche me la pasé pensando en seriamente en terminar la relación, de qué argumentos emplear. Cuando de pronto se apareció ella en mi habitación, con su infaltable cigarrillo y con una bata transparente.
“Ella tiene la magia de un instante de amor
y su mirada un toque de misterio.
Cuando ella llega siempre, suelo perder el control,
no vuelvo a ser el mismo si la beso...
Cuando se aferra a un querer al corazón
y la conciencia no tiene la razón
no valen los consejos.
Cuando se prueba del fruto del querer,
cuando se aprende a sentir más de una vez,
no queda más remedio
que darle cielo y alas al amor
y hacer de lo difícil lo más bello” (6).
Ella se había dado cuenta de que yo estaba cambiando. Me preguntaba:
- ¿Qué te pasa, chino?
- Nada, ¿por qué?
- No sé, te noto medio cojudo.
Así era ella de directa. Para que tengan mayor claridad sobre su forma de ser, era muy similar a Paola Bracho, de la novela La usurpadora.