MI DEBUT #4
Al día siguiente, después que se fue su hijo al colegio, la fui a ver a su dormitorio, para decirle que había decidido adelantar mi retorno a Piura. No sé, quizás intuiría. Antes que yo le dijera eso, me dijo que quería hablar seriamente conmigo.
- Sabes, anoche estuve a punto de decírtelo, pero no sé, te noté muy diferente, por eso me desanimé.
- Dímelo, ¿qué pasa?
- No me ha venido la regla (su período menstrual) desde hace tiempo, estoy embarazada.
- ¿Estás bromeando? - le dije asustado
- Te digo que estoy embarazada.
Bueno. Ella no era de jugarse bromas de ese tipo. Mucho menos con una situación tan delicada.
-La verdad no sé qué decirte
-No te preocupes. Ya veré qué hago. Solo te doy a saber. Es más, no es la primera vez. Esta es la tercera vez que me embarazas. Pero antes no te he dicho nada.
- ¿Y qué has hecho?
-He tomado cosas amargas hasta que me venía la regla. Imagínate, que tengas un hijo mío, será para que tu mamá me mate. No, la verdad a esa señora le tengo miedo. No quiero más escándalos en mi casa.
- Sigo sin poder decirte nada más. Qué pensarás de mí.
-Nada. Si eres un mocoso, un churre como dicen ustedes los piuranos. Bien dicen que quien se acuesta con mocoso amanece embarrado.
-Por qué hablas así.
-Porque es la verdad. Pero, no te preocupes. Tú no tienes la culpa.
- ¿Y si no te viene la regla?
-Ya veré yo. Por mí lo tuviera, pero...
-Yo quisiera que lo tengas
-Calla, calla que no sabes lo que dices. Yo he criado a mis dos hijos sola. Cómo no voy a poder con uno más, pero no.
Por la noche llegaron otra vez sus amigos.
Ya eran las 11 y todavía se escuchaban sus sonoras carcajadas.
No sé por qué sentía celos si no la amaba.
Estaban en la sala. Me acerqué y me asomé, agudizando mis oídos.
Las risas eran porque ella les estaba contando a sus dos amigos hasta las poses que hacíamos.
- O sea que el piurano es bravo - decía uno
- Pero dile para salir un día los cuatro e irnos a bailar - decía el otro.
- Anda llámalo
- Voy a verlo - dijo ella
Corrí a mi habitación antes que me descubra. Llegó a mi cuarto y me dijo:
- Amor, ven para que conozcas a mis amigos.
- ¿Para qué?
- Quieren conocerte. Ven. Me tomó de la mano y me llevó
- Así que tú eres el famoso Leonardo -me dijo don Chale, un señor de un perfil medio asiático, dueño de un mini market en el centro de Trujillo.
- Así que tú eres el amor de Juanita. Por eso ya no quiere salir -agregó don Jaime, un viejito que tenía un estudio contable.
Según Juanita, ellos habían sido clientes asiduos de su bar “La balsa”, que tuvo hasta hace poco que llegara yo.
Nunca me gustó la idea de salir los cuatro. Así que eso no prosperó. Pero sí llegué a entablar cierta amistad con esos señores.
Ya había llegado el día de regresar por completo a Piura.
Hablé con Juanita. No fue nada fácil. Pero la decisión estaba tomada.
No había marcha atrás. La noche anterior a mi partida sostuvimos nuestro último encuentro.
Una balada que sonaba en la calle creó el ambiente propicio para el idilio.
"Ven castígame con tus deseos más, que el vigor lo guardé para ti" (7).
Después de amarnos y sellar con besos el sublime enlace del amor y del placer (7), llegó la hora de la despedida.
- Sé que mañana te vas, te deseo toda la suerte del mundo.
Eres un gran muchacho. Por eso he estado contigo.
No creas que me ando acostando con cualquiera.
Podré decir un montón de tonterías, como dices tú, pero no soy una cualquiera.
Gracias por ayudarme a construir mi casa, has sido un gran apoyo.
- Gracias a ti por todo, por tu hospitalidad.
Tenía un semblante triste, que nunca había visto. Quería continuar hablando, pero un nudo en la garganta se lo impedía. La abrasé. Se le enrojecieron los ojos, respiró muy profundo y dijo:
- Te digo una cosa, algo que no he querido aceptar.
Siempre te he dicho que me da igual te vayas o te quedes porque a mí los hombres me ruegan.
La verdad que me enamoré de ti. Yo a los hombres los botaba como perros cuando quería.
A mí ningún bandido me ha mandado, ni me prohibía nada; pero Dios me ha castigado contigo- Decía llorando.
-Algún día vendré a visitarte. ¿Puedo?
- Claro, cuando quieras. Quiero que sepas que ese cuarto (que yo ocupaba) siempre lo voy a guardar para ti. Siempre te estaré esperando.
- Pero, sabes. Quiero que busques a un hombre que en realidad te ame. Alguien con quien puedas formar un hogar.
- Ahorita no quiero saber nada de eso. Te pido un favor.
- Dime.
Una breve pausa. Volvió a respirar muy profundo y agregó
- Mañana te vas sin despedirte. No quiero verte cuando te vas. - Seguía llorando.
- Está bien. -le dije, abrazándola- ¿Te vino la regla?
- Sí, sí -decía mirando a los costados - No te preocupes.
Al día siguiente, a la primera luz del día enrumbe con destino a mi tierra natal.
Tras casi un año, dejaba la casa de Juanita, donde fue para mí la gran academia de la vida.
Ya no era el mismo muchacho inocente que llegó a principios de enero.
Parece que habían transcurrido 10 años y ya salía graduado.
Al salir y cerrar la puerta de la casa, sentí que cerraba uno de los capítulos más importantes de mi vida y que los personajes que en él habían participado volvían a su baúl.
Poco a poco todos esos momentos se convirtieron en recuerdos y quedando atrás como las hojas de un almanaque.
"Fuiste mucho y fuiste muy poco. Así son las historias de locos, son cortas y anchas, con forma de corazón" (8).
Al regresar a casa, fui recibido como un héroe.
Mi mamá era la más alegre. Le pedí perdón por tanto dolor que le había causado.
Comprendí por completo el dolor que había sentido al ver que el menor de sus diez hijos se había involucrado con una señora mayor y de amplio recorrido. No quiso ni que la mencionara.
Lo que sí le confesé
- Mamá, he decidido estudiar Ciencias de la comunicación.
Postulé en marzo a Medicina a la UNT; pero mi puntaje fue muy bajo. Siempre me ha gustado escribir, es un placer. Y lo que me dijo un día el profesor de literatura, al leer mis escritos, me dejó marcado.
- Escribes muy bien, pero tienes mala redacción.
A mi mamá no le gustó lo que le dije. Su sueño de que yo fuese médico se había desvanecido. Ingresé a Ciencias de la comunicación en la Universidad de Piura. Me sentía en mi hábitat.
En 1992 fui a hacer mis prácticas de periodismo a Trujillo. Después de casi cuatro años regresaba a la ciudad de la marinera. Otra vez se preocupó mi mamá. Temía una recaída de parte mía. Pero ¿por qué Trujillo? Porque quería practicar en diario La Industria.
Desde luego que fui a la casa de Juanita. Ella me dio la muy ingrata noticia que su hija había fallecido en un accidente de tránsito, en Argentina, donde estaba radicando por motivos de trabajo de su esposo.
- Si supieras lo que he sufrido por la muerte de mi hija. Casi me he muerto.
Grande fue mi sorpresa también al encontrar a Juanita con dos niños, que no llegaban ni a los dos años de nacidos.
- ¿Y esos bebitos?
- Él es Michael, hijo de mi hija que falleció. Ella es Natacha, mi hijita. -dijo, señalándome a la niña.
Me quedé anonadado
- ¿Tu hijita?
De inmediato empecé a hacer cuentas. No, no era hija mía.
- Sí, mi hija. Me cansé de esperarte. Me casé.
Eso me causó una gran tranquilidad y satisfacción. La felicité por haber encontrado al hombre de su vida. Según me contó, su esposo era un señor un poco menor que ella, que trabajaba en una hidroeléctrica de esa ciudad.
- Si quieres ocupa tu cuarto. Ahí está siempre disponible para ti.
- No, no. Estoy instalado en la casa de un amigo. Gracias.
No quise ser para nada inoportuno ni imprudente y me retiré.
Luego regresé en 1997. Estaba tocando la puerta, cuando la vecina de al lado me reconoció y me dijo: "Juanita se ha ido a recibir sus 50 años a Francia.
No obstante, seguí tocando la puerta y salió una señora con la que al identificarme me dijo: "Ah, sí, Juanita ya me ha hablado de usted.
Pase". Me cedió mi habitación. Estuve un mes, todas mis vacaciones, ahí.
La señora era hermana del esposo de Juanita, y era quien administraba el alquiler de esa vivienda.
No me imaginaba que era la última vez que visitaba esa casa, ya que, ya cuando me había ido, la señora le dijo a una hermana de Juanita:
- Acá ha venido un joven, Leonardo, que es amigo de Juanita, y le di un cuarto, por orden de ella.
- Pero Leonardo no es su amigo, él ha sido su marido. -le dijo a boca de jarro.
Eso me contó Juanita. Es más, su cuñada le contó a su esposo y éste agredió física y verbalmente a Juanita.
Desde ese entonces perdí por muchos años contacto con Juanita. Hasta que en el 2022 me contacta por Messenger, diciéndome que iba a ir a Trujillo y quería conversar conmigo urgente.
En el reencuentro, después de recordar tantos episodios de nuestra historia. De reírnos por lo loco y precipitado que fue nuestra relación. Ella me dijo:
- Sabes, mi esposo me ha puesto los cuernos. Lo descubrí a ese maldito. Por eso, cuando lo llamaban o le enviaban mensajes, se alejaba para contestar. Y quería verte, porque quiero vengarme.
Me dijo así, tan de repente.
- ¿Él ha venido contigo a Trujillo?
- No. Para qué voy a traer bultos.
- No sé. No creo que pueda
- Cómo no vas a poder. ¿Acaso ya no se te para?
Pese al paso de los años, Juanita no había cambiado. Seguía con su misma estrategia para conseguir su propósito. Físicamente, también seguía muy bien. Parece que tenía el elixir de la juventud.
- Pero, después del incidente con tu cuñada, ya no puedo ir a tu casa.
- Vamos a mi nuevo departamento. Solo que hay que tener cuidado, porque el vigilante que está de noche es amigo de mi esposo y es bien chismoso.
Esa noche se consumó nuestro último encuentro íntimo. Fue como volver al pasado, como retroceder más de 30 años.
- Para mí sigues siendo el mismo chiquillo de siempre. Ay, Leonardo, pudimos haber sido muy felices. Mira, hubiéramos logrado muchas cosas juntos. Pero, qué pena... Viajo mañana, voy a tener que regresar con ese idiota. Pero bien merecido tiene lo que le he hecho.
El vigilante que es amigo de su esposo había llegado a hacer su turno. Por lo que tuve que quedarme hasta el siguiente día.
A principios del 2023 llega Juanita otra vez a Trujillo, pero esta vez acompañada de su esposo.
Según me contó, el vigilante le había contado a su cónyuge que ella llegó una noche acompañado de su ahijado.
Pero a darle las características del hombre con quien había llegado, se dio cuenta que había sido yo. "Maldito vigilante", dijo ella.
Ya le he cerrado todas las vías a Juanita. Ese sí que fue el fin de todos los finales. Esa historia ya tiene su lápida.