Senderos del Corazón (City General Series 5) Capítulo 16
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Capítulo 16

CAPÍTULO DIECISÉIS

A la mañana siguiente, Andy fue la primera en despertarse.

Para cuando Rachel se espabiló del sueño, saliendo de la tienda cubierta de rocío, Andy ya estaba avivando un fuego para un café matutino.

Saludó a la mujer mayor con una sonrisa tímida.

Andy le pasó una taza de café solo humeante y su sonrisa creció al aceptarlo con gracia.

—Bueno, ¿qué hay en el plan para hoy? —preguntó Rachel, aferrando el café para mantener las manos calientes. Andy sopló su propia taza y observó cómo las volutas de vapor se alzaban en el aire de primera hora de la mañana.

—Una excursión corta, solo cosa de media hora sendero arriba. Tengo algo que enseñarte que creo que te va a gustar mucho.

—¿Ah, sí?

—Sí. En realidad es el motivo por el que elegí este sitio. Pensé que, ya que te gustaron tanto las vistas la última vez, te enseñaría algo muy chulo.

—Bueno. —Rachel reprimió un bostezo—. Me has despertado el interés, eso seguro.

—Bien. Cuando terminemos aquí, podemos salir. —Andy le dio una palmadita en el hombro y volvió a la tienda a cambiarse.

Hizo falta otra taza de café antes de que Rachel pareciera del todo despierta e, incluso entonces, seguía teniendo los ojos un poco legañosos cuando las dos echaron a andar sendero arriba.

Aunque solo era su tercer día de senderismo, Andy ya notaba que se la veía un poco más segura mientras subían, y sintió un cálido arranque de orgullo en el pecho al observar a Rachel.

Claro que era un poco más lenta que un excursionista medio, pero Andy no podía exactamente reprochárselo dado lo nueva que era en todo esto, y resultaba interesante verla mirar hacia delante al camino, evidentemente calculando a qué partes se iba a ceñir, y qué partes iba a evitar.

Mientras subían, las dos mujeres oyeron agua corriendo, cada vez más fuerte con cada paso. Al principio, Rachel pareció suponer que solo era el riachuelo de al lado de donde habían montado el campamento pero, luego, a medida que se acercaban, Andy vio la comprensión asomarle a la cara.

—¿Es eso lo que creo que es? —preguntó, cuando llegaron a la cresta del camino. El sonido de agua corriendo era mucho más fuerte aquí y, cuando Rachel subió a lo alto del sendero, se dio cuenta de por qué.

—Madre mía… —susurró, abriendo mucho los ojos mientras miraba la cascada. Era una pequeña, no como algunas que se encontraban más cerca de las montañas, pero desembocaba en una preciosa poza cristalina, que luego bajaba hasta el riachuelo junto al que habían acampado.

—Es preciosa —susurró, acercándose a la poza y metiendo la mano en el agua, mirándola con el asombro de ojos como platos de una niña—. Esto es increíble. No tenía ni idea de que algo así estuviera tan cerca…

—¿Te gusta? —preguntó Andy, incapaz de quitarse la sonrisa de la cara mientras miraba la expresión de Rachel.

Había hecho muchas excursiones a lo largo de los años, con mucha gente distinta, pero este era un sendero que siempre había hecho sola.

Nunca había ido a la cascada con nadie más pero, cuando había elegido el destino para su excursión, sencillamente le había parecido lo correcto venir aquí con Rachel.

—Me encanta. —Rachel se giró a mirarla—. Gracias por traerme aquí. Esto es… esto es sencillamente increíble, Andy.

—¿Te apetece darte un baño? —preguntó, dejando caer la mochila de los hombros y desatándose los cordones—. Una visita aquí no está completa sin un baño, ¿sabes?

Antes de que Rachel pudiera responder, Andy se había quedado en pantalones cortos y camiseta de tirantes, y había saltado a la poza.

El agua estaba helada, y sintió el familiar escozor mientras le recorría el cuerpo entero.

Por un momento, fue como si cada nervio y cada músculo del cuerpo se le hubieran bloqueado en su sitio pero, luego, igual que siempre, todo se puso de nuevo en marcha mientras nadaba por la poza.

La mayoría de la gente odiaba saltar a pozas heladas, pero a Andy le encantaba el choque para el organismo.

—¡Métete!

—¡Está fría! —le llamó Rachel, todavía de pie en el borde. Andy se rio entre dientes y nadó hacia ella, apoyándose en el borde para poder mirarla hacia arriba.

Desde la boda, se había hecho la nota mental de rebajar el coqueteo.

Había sido evidente que al principio se estaba lanzando demasiado fuerte, y Rachel se había sentido más que un poco abrumada por sus avances.

Pero, tras los últimos días, Andy no pudo evitar sentir que Rachel estaba más interesada en ella de lo que había dejado ver al principio.

Así que, cuando nadó hasta el borde del agua, se impulsó hacia arriba de modo que el torso le quedó fuera del agua, inclinándose para quedar a solo unos centímetros de la cara de Rachel. Rachel no se echó atrás y, de no haberlo sabido, Andy habría jurado que se inclinó un poco.

—Está fría, pero, si te metes conmigo, puedo entrarte en calor —ofreció, con la voz bajándole a un ronroneo grave.

Rachel aspiró con fuerza ante eso, y los ojos se le fueron hacia los labios de Andy, solo un momento. Luego volvió a alzar la vista rápidamente, como si tuviera miedo de que la pillaran mirando.

—Vale —susurró—. Vale.

Andy volvió a bajarse al agua y, con un dedo curvado, le hizo una seña a Rachel para que entrara en la poza.

Rachel se quitó rápidamente los zapatos y los pantalones cortos de una patada, y se sentó en el borde para empezar a meterse pero, en cuanto los dedos de los pies tocaron el agua, retiró los pies de un tirón.

—¡Sí que está fría! —se quejó.

Ahí se ha ido el momento. Andy se rio negando con la cabeza.

—Métete de un salto sin más. Te lo prometo, de verdad que no está tan mal.

Rachel no parecía exactamente creerla, pero quizá pensó que Andy no la había llevado por mal camino aún, porque hizo lo que le decían y saltó, desapareciendo bajo el agua. Unos segundos después, volvió a salir a la superficie, agitando los brazos y tosiendo.

—¡Ay, mentirosa! —gritó—. ¡Ay, joder, mentirosa, está congelada!

Le costó unos segundos estabilizarse y recuperar el aliento y, una vez que se hubo apartado el pelo oscuro de los ojos, Rachel puso la mira en Andy, que se reía junto al borde de la poza.

—¡No tiene gracia, mírame!

—Te miro. —Andy sonrió, intentando disimular otra risa—. ¿Por qué crees que me río?

Rachel se impulsó hacia delante, hundiendo los brazos en el agua todo lo fuerte que pudo para salpicar de frías gotas a Andy, empapándola de nuevo.

—¡Está congelada! ¡Yo confié en ti!

—¡Lo sé, lo sé! —Andy se rio, extendiendo las manos para protegerse mientras Rachel le lanzaba otra ola encima—. ¡Lo siento!

—¡Ven aquí! —Rachel la agarró del brazo—. Te voy a hundir bajo la cascada, ¡ven aquí! ¡Vas para abajo, Andy!

Tras chapotear en la poza como un par de niñas, las dos disfrutaron de un baño relajante y, cuando las piernas se les cansaron de patalear sin rumbo por el agua, nadaron hacia el borde de la poza, y Rachel se subió de un salto a las piedras, dejando las piernas colgando en el agua.

Andy se apoyó en el lateral, flotando ahí mientras miraba a Rachel hacia arriba.

—Perdona por decirte que no estaba tan fría —dijo al cabo de un rato. Rachel soltó una risita y le echó un poco más de agua a la cara.

—Nunca más me fío de ti.

—¿Nunca? ¿En serio? Y yo aquí, pensando que te había causado tan buena impresión.

—Se movió, de modo que quedó justo delante de Rachel, y plantó las manos a ambos lados de ella, para poder impulsarse hacia arriba y salir del agua, igual que antes, de modo que quedaron a solo unos centímetros.

No había duda esta vez; Rachel se inclinó.

—Sí me la causaste. —La voz le bajó a un susurro, y esta vez Andy estuvo segura de que la mirada de Rachel iba de sus ojos a sus labios, una vez, y luego otra.

—Y luego tuve que ir a estropearlo todo, ¿verdad? —Andy le rozó la nariz con la suya con suavidad y, para entonces estaban tan cerca que sus labios se rozaron ligeramente, casi por accidente. Casi.

—Sí, lo hiciste. —Una de las manos de Rachel se alzó de modo que los dedos le bailaron por la mejilla a Andy con un roce de pluma, casi como si estuviera insegura, un poco dubitativa—. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Andy no perdió tiempo pensándolo antes de inclinarse y apretar los labios contra los de Rachel, atrapándole el labio inferior entre los suyos. Pensar habría complicado las cosas, y ninguna de las dos necesitaba eso.

A Rachel le costó un momento responder al beso.

Quizá solo necesitó un segundo para darse cuenta de qué pasaba porque, en cuanto lo hizo, las dos manos se le fueron a las mejillas de Andy, de modo que le ahuecó la cara con delicadeza, sosteniéndola para intentar atraerla más cerca.

Despacio, Andy volvió a bajarse a la poza y, una vez que tuvo los pies de nuevo sobre las rocas, atrajo a Rachel más cerca.

—Ven aquí —susurró, apartándose solo un momento—. Vuelve a meterte conmigo.

A Rachel no hubo que pedírselo dos veces.

Se impulsó desde el borde de las rocas y se deslizó de nuevo en la poza con facilidad, antes de inclinarse otra vez para besar a Andy de nuevo.

Las manos parecía tenerlas por todas partes, en las mejillas de Andy, la nuca, la base de la columna.

Mientras Andy le separaba los labios a Rachel con los suyos, sabía que una de las dos tendría que ponerle fin a esto más pronto que tarde; este era un sitio turístico popular, y no quería que las multaran por exhibicionismo.

Pero era difícil pensar en eso con Rachel besándola así, sobre todo cuando sus labios se movieron de los de Andy a su mandíbula y luego a la columna de su garganta.

¿En qué estaba pensando? Exhibicionismo o algo… Mierda, ¿acabo de oír algo?

Andy se apartó de golpe al oír un crujido cerca y se impulsó a una distancia respetable de Rachel justo cuando una familia con dos niños pequeños apareció por el sendero que habían usado antes.

La familia pareció un poco sorprendida de ver gente ya en la cascada pero, como les aseguró Andy, justo estaban a punto de irse.

Recogieron sus cosas, se vistieron, y volvieron a bajar por el sendero lo más rápido posible, robándose miradas por el rabillo del ojo a cada paso del camino.