Senderos del Corazón (City General Series 5) Capítulo 17
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Capítulo 17

CAPÍTULO DIECISIETE

El sendero estuvo mucho más concurrido a lo largo del día y, para su decepción, en realidad no encontraron un momento tranquilo de paz después de su baño.

Siempre había alguien moviéndose por ahí, siguiendo el sendero o dando un paseo tranquilo.

Así que, el resto del día, mantuvieron las distancias, usando la hoguera para separarse mientras se lanzaban miradas cómplices.

Al caer la noche, sin embargo, estaban solas. Cuando el fuego estuvo avivado, Rachel se disculpó un momento, y volvió a la tienda. Cuando regresó, sostenía una botella de prosecco en alto, sonriendo.

—¿Dónde demonios escondías eso?

—¿Sabes ese cristal que oíste en mi bolsa? —Rachel se dejó caer a su lado—. Era esto.

—Sabía que no me estaba volviendo loca. —Andy sonrió mientras Rachel abría la botella y daba el primer trago—. ¿Qué celebramos, entonces?

—Lo que queramos. —Rachel le pasó la botella, y Andy echó la cabeza atrás para beber su primer sorbo. Se fueron pasando la botella hasta que estuvo medio vacía. Luego Rachel empezó a hablar.

—Siento haber sido tan fría contigo antes —susurró—. En la boda, y luego cuando nos vimos en el hospital.

—No pasa nada. Dijiste que me lancé demasiado fuerte. —Andy se encogió de hombros.

—No es solo eso. —admitió Rachel, atisbando a Andy por encima de la botella de prosecco—. Es… me pareciste atractiva, desde el principio. Desde el momento en que nos conocimos en aquella habitación de hotel, pensé que eras atractiva y luego, cuando te me acercaste en la fiesta de después…

—¿Lo estropeé abriendo mi bocaza? —bromeó Andy. Rachel le dio con suavidad y le pasó la botella.

—No. En realidad me recordaste a otra persona que me pareció atractiva. Alguien a quien en realidad no quería recordar.

—Ah.

—Se llamaba Cassie. La conocí mientras estaba en Haití, era una médica francesa que había venido, y yo…

me dejé llevar. Fue una cosa del momento, del tipo «a miles de kilómetros de casa»…

pero creo que, cuando empezó, pensé que quizá había habido algo más bajo la superficie. Quizá solo estaba buscando algo más.

—¿Deduzco que no lo había?

—No. —Rachel suspiró—. Sí lo había. Solo que resultó que, por debajo, en realidad estaba casada. No quiso decírmelo porque dijo que no importaba, pero yo me sentí tan… asquerosa. Como si me hubiera usado.

Andy no estaba del todo segura de cómo procesar esa información. De todas las noticias que había esperado oír de Rachel, esa no era. Se arrimó más a ella, y le puso una mano sobre la suya, dándole un apretón suave.

—¿Sabes? Yo no soy así. —Andy giró la cabeza para mirar a Rachel—. Yo nunca…

—Lo sé —dijo deprisa, cruzando la mirada con Andy—. Ahora lo sé. Pero creo que, cuando te conocí al principio, me preocupaba que quizá… fueras a ser Cassie otra vez.

Andy alzó la mano para rozarle las mejillas a Rachel con las yemas de los dedos con un roce de pluma, antes de inclinarse a besarla.

Esta vez sabía que no habría interrupciones, ni familias deambulando por la maleza, así que se tomó su tiempo.

Besó a Rachel despacio, con calma, como si tuvieran todo el tiempo del mundo delante de aquel fuego, a gusto esperando a que Rachel tomara la iniciativa.

No tuvo que esperar mucho.

Las manos de Rachel se alzaron, ahuecándose sobre la cara de Andy.

Su roce era ligero y Andy sintió que el estómago le revoloteaba cuando unos dedos se deslizaron entre su pelo, agarrando con fuerza para profundizar su beso.

Había habido tantísimas veces en que se había imaginado cómo sería inclinarse y besarle los labios.

En el helicóptero, en la cima la última vez que habían hecho senderismo.

Había habido tantísimos momentos en que se había preguntado qué pasaría, pero ninguno de ellos había sido el momento adecuado.

Y luego hoy, en la poza, todo sencillamente encajó en su sitio.

Bueno, todo salvo la familia de turistas al azar que se topó con ellas.

Aquí mismo, ahora mismo, era sin lugar a dudas el momento adecuado.

Cerró los ojos mientras se empapaba del momento, grabándose cada roce, aroma y emoción en la memoria.

Aquí fuera, rodeadas de naturaleza, solo las dos, se sentía tan natural.

Como si el tiempo se detuviera por completo, solo para ellas y únicamente para ellas.

Andy se permitió la más pequeña de las sonrisas al sentir el roce de la lengua de Rachel contra la suya. Le atrajo el labio hinchado a Rachel a la boca. Las lenguas se enroscaron con calma, tentando, provocando. El sabor acaramelado de las nubes de azúcar y el prosecco era embriagador.

Las manos exploraban, recorriendo, y luego colándose bajo camisetas de algodón.

Andy aspiró hondo cuando las yemas de los dedos le tocaron la piel suave del cuerpo a Rachel por primera vez.

Era suave, cálida y suplicaba su contacto.

El aroma almizclado de Rachel mezclado con madera, y fuego, y naturaleza le llenó los pulmones.

Los roces fantasmales de Andy le arrancaron un gemido a la mujer más joven, aumentando la excitación.

Apartándose ligeramente, Andy contempló la belleza de la cara de Rachel, sus facciones realzadas por el resplandor naranja de lo que quedaba del fuego.

Tenía la cara inclinada hacia arriba, revelando las suaves curvas del cuello, los ojos cerrados y la boca entreabierta.

Una sacudida de deseo le recorrió el cuerpo.

Como percibiendo la mirada de Andy, Rachel abrió los ojos y sonrió.

Los tenía oscuros de deseo, tan oscuros que las pupilas y los iris se le habían fundido en enormes pozos de promesa, y Andy quería zambullirse directamente.

Se entendían la una a la otra, compartiendo un dolor común además de un evidente deseo mutuo.

Recorrió con sus largos dedos el encaje que envolvía el pezón hinchado de Rachel.

Rachel jadeó. Las comisuras de la boca de Andy se movieron junto con el resto de su cuerpo.

—Llévame a… —Rachel vaciló, arrugando el ceño, pensativa—. ¿Llévame a tu saco de dormir? —Alzó los ojos para cruzar la mirada con los de Andy, y estaban llenos de picardía. Soltó una risita—. Nunca le había dicho eso a nadie —murmuró antes de inclinarse a por otro beso.

—No comparto mi saco de dormir con cualquiera, ¿sabes? —Andy le atrajo el labio a Rachel y luego se apartó, sonriendo—. Tú ve tirando. Yo solo voy a apagar el fuego. —Al levantarse, Rachel le dio un beso ligero en la mejilla y, cuando Andy se giró, sintió una palmada en la nalga.

—No me hagas esperar demasiado. —La oscuridad velaba la cara de Rachel, pero Andy estaba bastante segura de que un guiño había acompañado a sus palabras. Sonrió, negando con la cabeza. Cómo han cambiado las tornas , caviló, con un burbujeo de emoción subiéndole por dentro.

El fuego casi se había apagado. Las últimas pequeñas llamas lamían el carbón con desgana.

Andy esparció las ascuas con un palo, extinguiendo lo último del calor, y echó un poco de agua sobre lo que quedaba.

Fue justo lo suficiente para apagar las brasas encendidas que quedaban, pero no lo bastante para empapar la tierra de debajo.

El siseo del agua contra el rescoldo se alzó junto con una fina columna de humo hacia la oscuridad.

Una tenue burbuja de luz se formó alrededor de la tienda.

Rachel había encendido la lucecita de la tienda.

Andy observó la silueta de Rachel moverse contra los lados de la tienda de campaña, con el corazón acelerándosele.

Una pequeña sonrisa le jugueteó en los labios mientras se maravillaba del cambio que había visto en Rachel.

Andy había pensado que era guapa desde el primer momento en que se habían conocido, pero el resplandor natural y relajado que parecía haberle surgido de lo más hondo era sencillamente…

impresionante. Era mucho más que la chica guapa y dulce que había conocido en la boda.

Rachel tenía sustancia, profundidad y, más que nada, tenía buen corazón.

Rachel se estaba quitando la ropa por la cabeza, dejando que el contorno de dos pechos perfectos magnificados rebotara libremente contra la tienda. Era como un espectáculo de sombras chinescas muy extraño, pero sumamente erótico.

—¡Como no entres pronto, me voy a quedar dormida!

—fue la amenaza que se filtró de la lona.

Andy soltó una risa audible que pareció resonar por los árboles.

Dándoles una patada a las cenizas que quedaban con la bota, se dirigió hacia Rachel, satisfecha de que el único calor que quedaba estaba dentro de la tienda.

Rachel había formado una especie de colchón raro juntando sus sacos de dormir, y estaba sentada en el otro extremo llevando solo unas bragas.

A Andy se le entrecortó la respiración. La belleza natural que Rachel irradiaba era tan espontánea que la pilló desprevenida.

Avanzando a gatas hacia ella, Andy se inclinó y unió sus labios.

Rachel abrió mucho las piernas, atrayendo a Andy, profundizando una vez más el beso.

Su naturaleza relajada y juguetona era algo que a Andy le empezaba a gustar, muy rápido.

Mientras sus labios chocaban, Rachel la atrajo con tanta fuerza que las dos se estamparon contra el fondo de la tienda.

—¡Uy! Alguien está emocionada. —Andy se rio. Metiendo una mano bajo la espalda de Rachel, la arrastró de vuelta al centro de la tienda, con la cabeza rozando el nailon de la mosquitera. Hizo una mueca, imaginándose las maravillas de la electricidad estática en su pelo ya de por sí revuelto.

—Deja que me quite esta ropa. Es justo que igualemos las cosas. —Andy se pasó una mano por lo alto de la cabeza.

—Deja que lo haga yo. —Rachel se incorporó sobre las rodillas, avanzando a rastras.

Despacio, Rachel la desnudó, salpicando cada porción de piel expuesta con besos ligeros hasta que el cuerpo de Andy quedó desnudo y encendido.