Capítulo 8
CAPÍTULO OCHO
Rachel no estaba muy segura de qué le hizo decirle que sí a Andy, tras todas las semanas rechazando sus invitaciones a la naturaleza.
Ni siquiera le había dado tantas vueltas cuando accedió a salir.
Estar al aire libre, en lo alto de una colina, sencillamente parecía una…
escapada agradable. Sin embargo, una vez que llegó a casa, y se hubo relajado con una copa de vino delante de la tele, le vino un pensamiento.
¿En qué me he metido?
Había un motivo por el que había rechazado a Andy repetidamente, se recordó con severidad. Por muy maja que fuera Andy, era más que un poco intimidante y mucho más avasalladora que cualquier mujer con la que Rachel hubiera estado.
Pero, por otra parte… Estaba ese otro lado de Andy que había visto, aunque fuera brevemente.
Cuando Rachel la acompañó aquel día en sus rondas con Med Flight, Andy no había parecido tan intensa.
Aunque siguió haciendo bromas durante el trabajo, había un lado serio en ella que Rachel en realidad no había esperado.
Quizá cuando estuviera de excursión las cosas serían distintas, y sería más así.
Pero a Rachel no le gustaba la incertidumbre de no saber qué versión de Andy se pasaría a recogerla el fin de semana.
No le gustaba no saber si le tocaría que coquetearan con ella, a lo que no tenía réplica, o si tendría a la Andy fría, calmada y serena, que la verdad es que le gustaba bastante.
Así que sería o incómodo o tranquilizador, y no sabía cuál de los dos.
Se quedó mirando por la ventana unos momentos, antes de darse cuenta de que había una solución.
Tenía una informante interna que podía darle algún tipo de idea de qué esperar cuando quedara con Andy para la excursión.
Nathan.
Nathan y Zack llevaban mucho tiempo juntos, y Zack parecía estar unido a su tía, así que seguro que Nathan podía decirle cómo era Andy en realidad.
¿Era una coqueta descarada todo el tiempo?
¿O habría alguna conversación de verdad entre las dos?
Era hora de superar aquella sensación de repelús que había tenido al principio y admitirse a sí misma que, físicamente, Andy le parecía más que un poco atractiva.
Unos cuantos mensajes y un cambio de ropa después, Rachel se pidió un Uber al Scandi, un bar a unos diez minutos de su apartamento, con planes de quedar con Nathan.
Le había propuesto ponerse al día tomando unas cervezas sin más, y Nathan había tenido muchas ganas de verla.
Aunque ya llevaba unos meses de vuelta en Estados Unidos, entre la planificación de la boda, la luna de miel y su frenético horario de trabajo, los dos apenas habían tenido tiempo de ponerse al día.
Cansada y agotada de su turno, Rachel se deslizó en el reservado enfrente de Nathan con una cerveza en la mano, lista para intentar hacerse una idea de quién era Andy en realidad.
Quizá, de no haber estado tan cansada, Rachel habría sido capaz de idear una forma sutil de sonsacarle esa información pero, tras un turno entero de doce horas, apenas podía mantener los ojos abiertos, y el alcohol no iba a ayudar.
Así que, en lugar de eso, se lo preguntó sin más.
—¿Qué opinas de la tía de Zack?
—¿Andy? Es divertidísima. ¿Por qué? —Nathan ladeó la cabeza con una sonrisa—. ¿Te sigue escribiendo o algo? Si te está molestando, puedo hablar con Zack y pedirle que…
—No, no —lo cortó deprisa, negando con la cabeza—. No es nada de eso. No me está incordiando. En realidad… la conocí en el trabajo. Mi jefa la conoce, me propuso que la acompañara un turno. Ya sabes, para ver cómo es para ella y su equipo traernos a la gente.
—Mmm. ¿Qué, quieres saber si te vas a morir cuando te subas a su helicóptero?
—No. La verdad es que ya fui el lunes. Fue…
interesante. Es distinto de lo que he hecho antes, y fue…
O sea, no quiero decir que fuera divertido porque hay una niña que lleva en el hospital desde que la trasladamos allí en helicóptero, pero…
—Rachel se detuvo en seco. Estaba divagando—. No se trata de eso.
—¿Entonces de qué?
—La volví a ver en el hospital hoy. Estaba visitando a la niña, la paciente que trajimos y, cuando la vi, creo que debí de decir algo sobre estar estresada, y se ofreció a llevarme de excursión, otra vez —Rachel puso los ojos en blanco—, pero esta vez dije que sí.
—Rachel suspiró, dejándose caer contra el respaldo del reservado—. Y ahora me estoy arrepintiendo.
—¿Arrepintiéndote? ¿No quieres ir?
Se mordió el interior de la mejilla, dándose golpecitos con el dedo índice en el borde de la botella de cerveza.
—No lo sé.
—Bueno, no creo que vaya a asesinarte y a tirar tu cuerpo en el bosque por ahí, si es eso lo que te preocupa.
—Madre de Dios, Nathan. No es eso lo que me preocupa.
—¿Entonces qué?
—Yo… —Suspiró, negando con la cabeza. Era el mismo miedo que había tenido toda la vida y, cuando era adolescente, había parecido al menos algo normal.
Ahora que era adulta, sin embargo, parecía una tontería que admitir—.
¿De qué vamos a hablar? Ya sabes lo incómoda que me pongo con la gente nueva. Y ella es tan… demasiado.
Nathan sonrió con delicadeza, dando un sorbo a su cerveza antes de hablar.
Él y Rachel se conocían desde hacía suficiente tiempo como para que sintiera que había crecido con su ansiedad social.
En el instituto, él había sido el chico extrovertido y popular, y ella había sido la chica callada del fondo, que se negaba a mirar a los ojos a la gente que no conocía.
Con el tiempo, su ansiedad había mejorado, pero no cuando se trataba de conocer a mujeres que le parecían atractivas.
—Cuando Zack y yo empezamos a salir, Andy nos llevó de excursión.
Dijo que en realidad no conoces a una persona hasta que has ido de excursión con ella, y la has apartado de todas las comodidades del hogar del día a día.
Recuerdo que al principio pensé que estaba un poco loca, ¿sabes?
Pensé que era una de esas veganas del rollo «vuelta a la tierra» que iba a llevarnos allí y a meternos en una secta pero, cuando llegamos allí…
entendí a qué se refería. Pasamos buena parte de la excursión sin apenas hablar siquiera, pero estuvo bien estar ahí fuera sin más con Zack.
Y luego, cuando sí hablábamos, en realidad no hablábamos de nada en particular. Solo… charlábamos.
—Lo que quiero decir es —continuó, enderezándose— que no tienes nada de qué preocuparte, saliendo ahí fuera con Andy. No va a llevarte allí, ponerte un cuchillo en el cuello y lanzarte preguntas a bocajarro. Es solo… un paseo por el bosque.
—Pero yo nunca he ido de excursión. —Rachel hizo una pausa, frunciendo el ceño—. Ni siquiera sé qué ponerme. Vaqueros no, ¿verdad?
—Desde luego que no. Si se mojan, van a pesar un montón. Y también vas a pasar calor con ellos, no transpiran.
—¿Pantalón corto?
—Claro, si no te importa acabar con las piernas todas arañadas.
Rachel hizo una mueca. Esto se estaba volviendo rápidamente… complicado. Estaba segura de que tenía algunas cosas que se había traído de Haití que servirían para la ocasión, pero probablemente tendría que ponerse a hurgar en el fondo del armario para encontrarlas.
—Me siento como una completa cría. No sé nada de senderismo.
Nathan se rio entre dientes, dando un sorbo a su cerveza.
—No hay mucho que saber. Se parece mucho a caminar, y eso lo haces todos los días.
—Vaya. Gracias.
—Lo digo en serio. Te estás comiendo la cabeza, y te estás psicoseando tú sola.
Por eso te están entrando dudas con todo esto, no es que no quieras ir.
Te estás haciendo un lío, preocupándote por cosas que ni siquiera importan, y te estás agobiando tú sola.
Estarás en buenas manos con Andy. Créeme, yo tampoco sabía nada de senderismo cuando salimos la primera vez, pero es buena maestra.
Sabe mucho del bosque y de temas de supervivencia, así que vas a estar a salvo ahí fuera.
—Mmm. —Rachel gruñó, no del todo convencida. Nathan probablemente tenía razón. Lo más seguro era que solo estuviera dándole demasiadas vueltas y preocupándose por algo que iría completamente sobre ruedas. Aun así, eso no ayudaba a calmarle los nervios de la boca del estómago—. Gracias.
—De nada. —Nathan levantó su botella de cerveza con una sonrisa, brindando por ella—. Por ti, Colón.