Capítulo 6 #2
—Deberíamos ponernos en marcha —dijo Rachel en voz baja, con cuidado de no asustar más a la niña.
Andy le dedicó un asentimiento breve y seco, y subieron a Alice al helicóptero.
Tras explicarle a la madre de la niña que la llevarían al City General, se amarraron, y luego se marcharon de nuevo.
Había médicos esperándolos cuando aterrizaron en la azotea del hospital, pero esperaron a que Andy y los otros dos miembros de su tripulación sacaran a Alice del helicóptero antes de intervenir.
—Muy bien, Alice —dijo Andy, todavía hablando con el mismo tono calmado de antes—. Ahora, vamos a tener que dejarte con estos médicos, y ellos te van a cuidar bien, te van a curar para que puedas irte a casa con tu mamá. ¿Vale?
La pobre cría todavía parecía aterrorizada pero, cuando Andy alargó la mano y le dio un apretón a la suya, Rachel la vio relajarse, solo un poco, y asintió.
—Vale.
—Buena chica. —Andy le sonrió antes de dar un paso atrás para que pudieran llevarla al interior del hospital. Mientras la camilla desaparecía, Rachel vio cómo la sonrisa se le borraba de la cara. Andy se giró a mirarla, apareciéndole una línea entre las cejas.
—¿Cómo de grave era?
—No hay forma de saberlo con certeza hasta que le hagan unas cuantas tomografías pero…
no se sabe, sin más. Se ha llevado un golpe tremendo —respondió Rachel con sinceridad.
A Andy se le descompuso la cara y, unos momentos, se limitó a mirar de nuevo en la dirección en la que se habían llevado a Alice. Luego, aspiró hondo y dio una palmada.
—Muy bien, volvamos.
Todos entraron de nuevo en fila al helicóptero y, mientras Andy se aseguraba el casco, Rachel la observó, por primera vez con genuina curiosidad.
No había esperado que Andy se comportara para nada así cuando había accedido a salir en un vuelo con ella.
Había esperado aquella actitud rebelde y temeraria que había visto en la boda.
Había esperado coqueteo, quizá. Pero no había habido nada de eso.
Andy había sido… una profesional durante todo el día.
Fue una sorpresa, pero agradable y, mientras volvían a la estación, Rachel no pudo evitar sentir que quizá había juzgado a la otra mujer demasiado rápido.
Una vez que aterrizaron y completaron un breve relevo, Rachel se cambió y fue a buscar a Andy para darle las gracias.
La encontró en la sala de descanso, sin el traje de vuelo, pero ahora con vaqueros y una camiseta de tirantes que dejaba a la vista los músculos esbeltos y tonificados de sus brazos.
Rachel no pudo evitar admitir para sí que Andy estaba condenadamente sexi, y de inmediato se maldijo, porque ese simple reconocimiento bastaría para dejarla con la lengua trabada una vez más.
Por favor, no coquetees conmigo. Rachel se acercó a Andy, aferrando su mono.
Habían pasado el día entero sin que Andy coqueteara con ella ni una sola vez.
Había sido la viva imagen de la profesionalidad durante el acompañamiento de Rachel y, salvo por aquella pequeña pulla sobre que Rachel no le había contestado, ni siquiera había hecho un comentario sobre sus ofrecimientos de una visita por la naturaleza.
Pero ahora el día había terminado. Andy se había quitado el uniforme, y no quedaban más pacientes a los que ayudar.
Podía dejar caer su profesionalidad y volver a coquetear. ¿Lo haría?
Para sorpresa de Rachel, Andy no hizo ningún comentario. No soltó ninguna broma, ni guiñó el ojo, ni hizo nada salvo coger el mono de las manos de Rachel y tirarlo al cesto de la ropa sucia del rincón de la sala.
—Bueno, después de un día acompañándonos… ¿qué te parece Med Flight?—preguntó, metiéndose las manos en los bolsillos traseros de los vaqueros.
¿Ya está? ¿Quiere hablar de trabajo? ¿No va a volver a invitarme a salir?
—Yo, eh… —Rachel hizo una pausa un momento, pensando en el día que habían tenido juntas—. Fue… interesante. Revelador.
Andy asintió despacio y abrió la puerta para llevarla de vuelta al pasillo. Las dos caminaron codo con codo mientras se dirigían de vuelta a la entrada principal.
—Eso está bien. Dependemos mucho de que los médicos respondan por nosotros.
Si vosotros no nos veis utilidad, entonces dejamos de existir, así que está bien oír que crees que todo esto es valioso.
—Señaló alrededor del edificio mientras llegaban a las puertas dobles de cristal que daban al aparcamiento, antes de dedicarle a Rachel una sonrisa.
No era una sonrisilla pícara como cuando había coqueteado con ella en la fiesta, pero era cálida. Amistosa.
—Bueno, debería irme a casa —dijo Rachel por fin. ¿Va a ser esto todo? ¿Va a… invitarme a tomar algo o algo así?
Pero, en lugar de aprovechar la oportunidad, Andy solo asintió.
—Vale. Conduce con cuidado a casa, no querríamos tener que salir a recogerte.
—Gracias. Nos vemos.
Se despidieron con la mano, y Rachel salió hacia su coche en el aparcamiento. Al llegar a su coche y deslizarse en el asiento delantero, no pudo evitar encontrar un poco desconcertante que Andy hubiera sido tan profesional, hasta el final del día.
Me alegro , se dijo. Es más fácil hablar con ella cuando no está coqueteando conmigo.
Y eso era cierto. Era mucho más fácil hablar con Andy cuando Rachel no estaba sonrojándose, ni trabándose con las palabras hasta convertirse en un desastre incoherente.
Pero, aun así, resultaba un poco raro marcharse con una nota tan formal.
¿Estaba en realidad molesta de que Andy hubiera sido tan distante con ella?
Tras las semanas de mensajes, tras sentirse como una idiota cuando habían hablado en la boda, ¿de verdad estaba Rachel decepcionada por la falta de atención que había recibido durante el día?
No. No puede ser eso , se dijo, negando con la cabeza con severidad. No hay forma de que sea eso.
Pero, incluso mientras repetía eso una y otra vez, no lograba quitarse esa sensación del fondo de la cabeza, como si hubiera dejado escapar una oportunidad. ¿Habría terminado Andy de jugar con ella? ¿Habría terminado de provocarla y hacerla sonrojar?
Y, lo que era más importante, ¿de verdad echaba Rachel eso de menos?