Senderos del Corazón (City General Series 5) Capítulo 2
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Capítulo 2

CAPÍTULO DOS

La boda se celebraba en los terrenos de una finca rural en Lexton, un pueblo tallado directamente en el bosque. A lo largo de los últimos meses, Andy había cruzado el pueblo en coche repetidamente, todo en nombre de los preparativos de la boda, y cada vez que pasaba, se enamoraba un poco más de él.

Nathan y Zack habían planeado cada instante de su boda a la perfección, y habían pasado mucho tiempo eligiendo exactamente dónde querían que tuviera lugar la ceremonia.

Al final, se habían decidido por la cara norte de los jardines, pegada a un viejo muro de piedra cubierto de hiedra trepadora.

Había quedado precioso cuando visitaron la finca por primera vez pero, ahora que lo habían engalanado con luces y colgaduras de seda, quedaba aún mejor.

Christine fue un desastre durante toda la ceremonia.

Se había mostrado tajante en que no lo sería pero Andy, sabiendo exactamente cómo iba a desarrollarse esto, había metido unos cuantos pañuelos de más en el bolso de su prima antes de salir.

Y menos mal, porque a Christine ya se le saltaban las lágrimas mientras acompañaba a su hijo por el pasillo y, en cuanto lo vio de pie codo con codo con Nathan, se deshizo por completo.

Hasta Andy tuvo que enjugarse un par de lágrimas mientras veía a Zack y a Nathan recorrer el pasillo de la mano como recién casados.

Era prácticamente una segunda madre para Zack y, aunque parecía un cliché asquerosamente sensiblero, al verlo alejarse no pudo evitar pensar en la primera vez que lo había tenido en brazos.

Había sido un recién nacido, de solo unas horas de vida y, por aquel entonces, había sido lo bastante pequeño para caberle en el hueco del codo.

Parecía que había sido ayer.

El resto del cortejo nupcial los siguió a los dos por el camino de piedra que se adentraba más en el jardín.

Como parte de la planificación de la boda, habían rastreado los terrenos de la finca en busca del lugar perfecto para hacerle las fotos a la pareja, y se habían decidido por los escalones de piedra que bajaban de la casa principal al jardín.

Cubiertos de hiedra y musgo, los escalones parecían de cuento de hadas, pero los chicos los habían adornado con luces brillantes que centelleaban como estrellas, y los padres de Nathan habían dispuesto una alfombra de pétalos para las fotos.

Era precioso, si bien un poco excesivo para el gusto de Andy.

El vestido de seda azul de Rachel se agitaba alrededor de sus tobillos mientras seguían a los novios hasta las escaleras, amenazando con engancharse en el tacón de aguja y mandarla por los aires.

El camino de losas era precioso, pero no había sido diseñado para la estabilidad y, mientras caminaban, Andy vio a la otra mujer tambalearse de un lado a otro.

Madre mía, que no se caiga.

Lo último que necesitaban era que la dama de honor se fuera de bruces y se cayera a la fuente, o desapareciera de cabeza en un rosal.

—¿Te echo una mano? —ofreció, tendiéndole el brazo—. Sé que la idea de bailotear en una fuente en una boda parece divertida y sexi pero, créeme, caerse dentro de ese trasto no va a ser ninguna de las dos cosas.

Rachel se rio, enlazando el brazo con el de Andy, agradecida.

—Gracias. Y estoy bastante segura de que, si acabo en la fuente, este vestido no va a dejar gran cosa a la imaginación.

Por mí no hay queja.

El vestido no le quedaba especialmente ceñido a Rachel, pero era una preciosa seda ligera. La tela flotaba sobre su cuerpo al caminar pero, aun así, marcaba sus curvas, incluido su más que amplio pecho.

—No te preocupes. —Andy le guiñó un ojo—. No dejaría que te pasara eso.

—Muy bien —llamó el fotógrafo, atrayendo su atención un momento. Se asomó hacia Zack y Nathan por encima de la cámara—. Vamos a hacer una foto de los dos mirándoos el uno al otro.

Zack y Nathan seguían posando alegremente junto al arco, luciendo sonrisas a juego. Estaban ridículamente felices. Incluso desde la distancia, Andy oía a los dos riéndose como críos.

—No tuvimos mucha ocasión de hablar antes de la ceremonia. —Andy se giró a mirar a Rachel, que frunció el ceño.

—Ya. —Suspiró, apartando la mirada de los recién casados—.

Tuve una urgencia de trabajo. Problemas con un paciente, y no podía dejarlo sin más…

Al final no salí del hospital hasta mucho después de que terminara el ensayo.

Y luego esta mañana estábamos tan liados que apenas dije más que «hola». —Ofreció una mueca de disculpa.

—No pasa nada. —Andy se rio—. Eres médica, ¿no? Me imagino que tienes cosas más importantes en la cabeza.

—Eso es lo que dijo Nathan anoche. Aunque no impidió que me sintiera culpable.

—Muy bien, la última toma, hagamos un primer plano de los dos.

Nathan, ¿puedes apoyar la frente en…? Sí, así mismo, ¡perfecto!

—El sonido del fotógrafo dirigiendo a Zack y a Nathan hizo que volvieran a mirar hacia el arco, y se quedaron calladas para ver a Zack y a Nathan hacerse su última foto juntos antes de que empezaran las fotos de grupo.

—Se les ve tan felices juntos —dijo Rachel con suavidad, sonriendo—. Y, o sea, todo esto ha salido tan perfecto, tiene justo la pinta que Nathan me describía. Me alegro. Solo me siento fatal por no haber estado por aquí para ayudar de verdad.

—Ya, yo creo que te libraste por los pelos. —Andy soltó una risa, negando despacio con la cabeza—. Me alegro de que acabara como ellos querían. Aunque tengo que decir que, si esta hubiera sido mi boda, no me habría molestado con nada de esto.

—¿La verdad? —Rachel se rio—. Yo tampoco. No creo que tenga energía para planear una boda así. Nathan dijo que costó semanas hasta elegir una paleta de colores.

—Ay, madre, por favor no me lo recuerdes. —Si Andy no tenía que volver a mirar otra muestra de color en la vida, moriría feliz. Hasta que habían empezado a planear la boda, nunca había sabido que hubiera tantos nombres para distintos tonos de azul.

Con las fotos de la pareja terminadas, el fotógrafo empezó a hacer señas al resto del cortejo para que se acercara. Rachel volvió a deslizar el brazo por el de Andy, recogiéndose la falda con la mano libre.

—Por favor, no dejes que tropiece.

—No me atrevería —le aseguró Andy con un guiño—. Tú agárrate a mí.

Con eso, le pasó un brazo por la cintura a Rachel y la ayudó a subir los escalones hasta el arco donde se hacían las fotos. Se colocaron a ambos lados de Zack y Nathan para un par de tomas de grupo, y luego llegó el momento de hacer una foto de las dos solas.

—Muy bien —llamó el fotógrafo—. Vamos a hacer una foto de las madrinas, ¿os parece? Solo vosotras dos, bien juntitas.

Zack y Nathan dieron un paso atrás para concederles unas fotografías a solas y, mientras se acercaba a Rachel, Andy volvió a pasarle el brazo por la cintura.

—¿Así bien?

—Sí, está bien. —Rachel le dedicó una pequeña sonrisa, antes de volver a mirar al fotógrafo, que las espiaba por encima del visor. Andy se inclinó un poco más hacia Rachel, apretando la cadera contra la de Rachel, justo cuando saltó el flash de la cámara.

El aroma de Rachel le inundó los sentidos.

Andy no lograba precisar qué era. Era ligero y dulce, pero había un trasfondo almizclado.

Fuera lo que fuese, le gustaba pero, antes de poder pensar más en ello, el fotógrafo dio una voz para que todos los invitados se les unieran para una foto de grupo.

Separadas, Rachel tuvo que colocarse al lado de Nathan, y Andy quedó al otro lado con Zack.

Había algo intrigante en la mujer más joven, pero Andy no tuvo ninguna posibilidad de averiguar qué era ese algo, ya que el personal empezó a llevar a todo el mundo desde los jardines hasta la carpa. Perdió a Rachel entre el gentío de invitados.