Seis días de lluvia 54
55%

54

Mercy llevaba más de doce horas en Whitehall.

Antes de las tres de la madrugada, unos criados habían ocupado la saleta cercana a la escalera, y Carstairs la había sacado de allí por un corredor de servicio. Desde entonces esperaban en un guardarropa abandonado, detrás de una celosía que daba a la galería.

Pasadas las ocho había visto volver a Lucy Ainsworth con Julian a su lado.

Lucy llevaba satén marfil bordado en oro y flores esmaltadas en el pelo.

Mercy había pensado en el vestido blanco que guardaba en el arcón de su casa, el que todavía no se había puesto, y había tenido que apoyarse en la pared.

Tenía frío y hambre, y los ojos secos de tanto llorar. La fiebre iba y venía.

A media mañana se abrió la puerta de Lucy. Julian apareció a su lado.

—Voy a buscar la casaca y las armas que me han comprado —dijo él—. Volveré a las once y nos presentaremos juntos ante el rey.

—Traed los papeles de Buckingham. Carlos querrá ver también el rizo.

Se besaron. Julian se envolvió en la capa y se alejó. Lucy lo siguió con la mirada hasta que desapareció, y después cerró la puerta.

Mercy salió de su escondite con los puños apretados.

—Van a presentarse juntos ante el rey. Se han casado.

—Ya os advertí que Julian se burlaba de vos —dijo Carstairs.

Julian iba solo por la galería. Mercy esperó a que Carstairs echara mano a la espada, como había prometido. Pero no se movió.

—Lo dejáis marchar.

—Hoy tengo un asunto más urgente. Ya le llegará su turno. —Carstairs le ofreció el brazo—. Lo que importa ahora es si vos me vais a ayudar.

Mercy pensó en el vestido de marfil y en la puerta cerrándose. Pensó en las palabras que había dicho bajo la escalera y que ya no podía retirar.

—Acepto ayudaros. Salgamos de aquí.

Se tapó hasta los ojos y tomó su brazo. Bajaron por una escalera de servicio.

Fuera seguía lloviendo, y la niebla había borrado las casas más lejanas.

Cruzaron el patio, Charing Cross y St Martin’s Lane.

Mercy no preguntó adónde la llevaba. Cada paso le costaba un esfuerzo que no quería que él notara.

Se detuvieron ante una casa de Bow Street. Carstairs llamó tres veces.

Mientras esperaban, le puso la mano en el hombro derecho, justo encima de la cicatriz. Mercy se apartó sin saber por qué.

La puerta se abrió y se cerró detrás de ellos.