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A las ocho de la noche, Mercy Lane todavía llevaba el vestido de la función.
Julian la había acompañado a casa desde Dorset Garden y se había marchado casi enseguida.
Le había prometido volver después del duelo.
Desde entonces, ella no dejaba de recorrer la sala sin llegar a sentarse.
Lo había llevado al teatro para que la vieran con él.
Allí Doll Fenton se le había acercado, Lovell había buscado pelea y Carstairs lo había mirado desde el patio como quien mide una presa.
Cada vez que repasaba la tarde, Mercy encontraba otra forma de echarse la culpa.
Tosió. Tenía la frente caliente y las manos heladas.
—¡Martha!
La mujer apareció en la puerta.
—Si viene el conde de Danby, decidle que estoy enferma y que el médico ha prohibido las visitas. No es del todo mentira.
—¿Y si viene el señor Vale?
—Julian puede entrar a cualquier hora. Preparadle la cama en la cámara de los tapices. Y si viene Jasper, hacedlo pasar también.
Como si lo hubiera llamado, sonó la aldaba.
Jasper Quill entró empapado. Dejó la capa en el suelo, acercó las manos al brasero y observó a Mercy mientras ella fingía ordenar unos cojines.
—Has vuelto del teatro y todavía llevas todas las joyas. Para Danby nunca te tomas tantas molestias.
—Estoy enamorada.
Jasper no se burló de ella. Mercy siguió hablando.
—Me acogisteis cuando nadie estaba obligado a hacerlo. Os arruinasteis para pagar mis años con las Damas Inglesas. No siempre os lo he agradecido. Quiero cambiar de vida. Dejaré el teatro y despediré a Danby.
—¿Para quedarte con Julian?
—Si él quiere.
—Puede que se case con otra. Lucy Ainsworth. Se conocieron anteanoche, en la calle.
—¿Y bastó una noche para que ella se enamorara?
—A ti te bastó menos.
Mercy encajó el golpe.
—Eso no significa que él la quiera.
—Lucy es hermosa. Tiene padre, un apellido y un lugar junto a la reina.
—Y yo no sé de quién soy hija. Soy actriz y vivo de que otros paguen por mirarme. ¿Es eso lo que queréis decir?
Jasper se arrepintió de haber escogido esas palabras.
—Ella no lo querrá como yo —continuó Mercy—. Su orgullo la obliga a callar. Yo, en cambio, se lo he dicho. Hoy, en el escenario, por primera vez entendía las palabras de amor que recitaba.
Se detuvo junto al brasero.
—Hay algo más. Lovell. Antes de que yo saliera a escena, lo vi en el patio hablando al oído del mayor Carstairs.
La cara de Jasper cambió.
—¿Estás segura?
—Lo vi con mis propios ojos.
Jasper tardó en responder.
—Lovell no matará a Julian en ese estúpido duelo.
—¿Cómo podéis saberlo?
—Porque Lovell es un fanfarrón, y Julian ya ha vencido dos veces a Rowley.
—Se apartó del fuego—. Pero me preocupa verte convencida de que Lucy no lo quiere.
Ven conmigo a Whitehall y verás lo que yo he visto.
Te llevaré a un sitio desde donde podrás verlo entrar en las habitaciones de Lucy. Después del duelo, irá. Estoy seguro.
Mercy llamó a Martha para que le trajera el manto y mandara preparar una silla de manos. Jasper la vio ponerse los guantes con unos dedos que no atinaban.
—Antes de salir, prométeme que no harás ninguna locura, aunque veas algo que no quieras ver.
Mercy terminó de ajustarse el guante y lo miró de frente.
—Sea lo que sea.
Jasper abrió la puerta. En el umbral se detuvo, como si fuera a decirle algo más. No lo dijo.