Segundas intenciones CAPÍTULO DOCE. SEPTIEMBRE DE 2006. #2
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CAPÍTULO DOCE. SEPTIEMBRE DE 2006. #2

El hijo de Ramírez, tras llamar con los nudillos, abrió la puerta. Al ver a todo el mundo callado y con expresiones tan serias, se quedó parado, como dudando si marcharse, pero entró, le entregó un folio a la jueza y luego comentó en un tono prudente:

—Los técnicos dicen que el correo amenazador de Mariola se mandó desde el ordenador de don Álvaro.

—Si se envió la amenaza a sí mismo, podemos considerarlo un caso cerrado —dijo el fiscal contundente.

—Parece que, al final, Mariola decía la verdad —dijo Inmaculada—. Álvaro conocería su contraseña.

—Está claro que don Álvaro quiso que pareciera la principal sospechosa —aseguró Ramírez—. Es una venganza en toda regla.

—Igual para eso montó la reunión en el restaurante —especuló el fiscal—. Lo de la cesión de las acciones era simplemente el cebo.

Inmaculada, que se había quedado desinflada reclinada en la silla, se activó de repente.

—Hay que avisar a César o a David para que vengan a recoger a Mariola y la acompañen a su casa.

Se puso a escribir en el ordenador, recogió el documento de la impresora, lo firmó y se lo entregó a Ramírez. Entre tanto, los demás fueron saliendo del despacho.

Julián volvió a los diez minutos con la intención de hablar con ella a solas, pero se encontró la puerta cerrada con llave.

El hijo de Ramírez, que lo vio desde el pasillo, le indicó que la jueza acababa de marcharse y si se daba prisa igual la pillaba en la puerta, pero Julián lo dejó estar.

Inmaculada llegó a casa y se cambió el traje por unas mallas y una camiseta.

Se preparó con desgana un sandwich, metiendo una triste loncha de queso entre dos rebanadas de pan de molde, y puso el plato en una bandeja con una lata de coca-cola para comer en el sofá frente al televisor con las noticias.

Ya habían terminado. Llegó al comienzo de un telefilm con bastante mala pinta, que además le sonaba que ya había visto, pero perfecto para dormirse, con el sonido muy bajo de fondo, antes del primer bloque de anuncios.

La despertó el timbre de su móvil y vio que había dormido más de dos horas. El hijo de Ramírez le sugería, cauteloso, que sería conveniente que pasara por el juzgado y ella comprendió que prefería no dar explicaciones por teléfono.

Se dio una ducha rápida para espabilarse y, vestida nuevamente de trabajo, fue para allá.

—Ha llegado hace unos quince minutos —le explicó el muchacho, mientras le mostraba en la pantalla del ordenador un correo escrito en mayúsculas.

Lo habían enviado a la dirección personal de la jueza, igual que el anterior, y el texto era exactamente el mismo:

«NO ESTÁS PRESTANDO ATENCIÓN A CAYETANA».

También iba acompañado de un documento adjunto.

Se trataba de una serie de emails entre Cayetana y Fran.

No eran muy explícitos, pero, conociendo el asunto, se podía entender que Cayetana sugería a Fran que ellos dos juntos se harían con el control de la sociedad cuando Mariola consiguiera el paquete de acciones que disputaba con Álvaro, quien, al quedar en minoría, no podría tomar ninguna decisión.

Parecía que Fran se frotaba las manos ante esa perspectiva.

Después de leerlo, Inmaculada comprobó las fechas: eran anteriores a la escritura de aumento de capital. Ese era el anzuelo que Cayetana había utilizado para engatusar a Fran y distraerlo de la lamentable situación de la empresa.

El hijo de Ramirez le aseguró, emocionado con la idea, que el virus espía estaba en marcha. Aunque no habría resultados inmediatamente: podía tardar toda la noche. Ella se despidió deseándole suerte.

Estaba tan deprimida que lo último que le apetecía era quedarse sola en casa. Llamó a Mary Jo y quedó con ella para cenar, aunque no se pudo contener y le contó por teléfono sus tristes conclusiones.

Durante la cena se enfrascaron en el tema de los anónimos. Si Álvaro se había suicidado, ¿quién podría tener interés en incriminar a Cayetana?

Tenía que ser alguien con capacidad para hackear su ordenador, pero que no conociera a fondo los hechos, porque esos mensajes, aunque dejaban al descubierto todas las artimañas de Cayetana, en realidad, la exculpaban: demostraban que Álvaro nunca había sido un obstáculo para llevar a cabo sus planes.

De las personas del entorno de Álvaro, solo se les ocurría un nombre: Wo. Tenía los medios y la falta de escrúpulos necesarios para actuar así. Era evidente que había manipulado a Cayetana y a Álvaro en su propio beneficio, y además tenía en sus manos el contrato del que dependía todo su futuro.

¿Que pretendería?, ¿eliminar del juego a Cayetana?

Concluyeron que ella y Fran se las prometían muy felices, pero, comparados con Wo, su conspiración era un juego de niños.

Mientras compartían un tiramisú, la forense le preguntó por Julián.

Inmaculada le contó con pesar que seguía tratándola con frialdad sin darle la oportunidad de explicarse. En realidad, en los últimos días la esquivaba continuamente y evitaba quedarse a solas con ella.

—¿Y tú?

—Todavía tengo esperanzas de que se arregle todo. Si dijera otra cosa mentiría.

—Pues díselo y aclara las cosas. No podéis seguir así. Créeme, te hablo como médico, es una cuestión de higiene mental.

—Bueno, afortunadamente, no soy tu paciente —le respondió tocando madera.

—Anda, vamos a tomar una copa. Te voy a enseñar un bar vintage chulísimo que conocí el otro día, a ver si se te olvida tanta tragedia.