Seda y Ceniza (Amores locos) CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

—El vestido ya cumplió su función, Vane. He ganado tiempo con Moreau, pero tienes exactamente cuatro minutos antes de que su paciencia francesa se agote —Susan se acercó, ignorando el riesgo para su seda carmesí—. ¿Qué necesitas?

—Necesito manos —dijo Jasper, volviendo a la piedra—. Necesito que alguien coloque la guarnición de brotes frescos mientras yo sello la carne. Marcus está fuera intentando que la gente no pida las hojas de reclamaciones.

Susan no lo dudó. Se recogió la larga falda del vestido, enganchándola en su cinturón de oro, y se remangó las mangas invisibles de su autoridad. Cogió unas pinzas de cocina de la encimera de acero.

—Dime dónde van los brotes, Chef —dijo ella, clavando su mirada en la de él.

Fue una imagen surrealista: la directora creativa de Thorne fue un reconocimiento, un pacto sellado en la batalla.

—París puede esperar —murmuró Jasper contra sus labios—. Esta noche no quiero ser un genio. Solo quiero ser el hombre que te quite ese vestido arruinado.

Susan sonrió, una sonrisa auténtica que rara vez mostraba al mundo.

—Entonces deja de hablar, Chef. El servicio ha terminado.

Él la levantó y la sentó sobre el escritorio, apartando los planos del restaurante y las facturas con un movimiento brusco.

En la penumbra de aquella oficina, rodeados de carpetas y el eco de los aplausos, Susan Thorne comprendió que el éxito más grande no era una portada de revista, sino encontrar a alguien capaz de quemar su mundo para que ella pudiera brillar con luz propia.