SECRETOS QUE NOS SEPARA Capítulo 3 #4
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Capítulo 3 #4

—Necesito más tiempo.

Gabriel asintió lentamente.

Aunque la respuesta le doliera.

Aunque deseara escuchar otra cosa.

—Lo sé.

—Y no puedo prometerte nada.

La sinceridad fue brutal.

Pero necesaria.

Gabriel volvió a asentir.

—Lo sé.

Ninguno de los dos sonrió.

Porque aquello no era una victoria.

Ni una derrota.

Era simplemente la verdad.

Una verdad difícil.

Incompleta.

Dolorosa.

Y aun así...

Cuando llegó el momento de separarse... Ninguno pareció capaz de dar el primer paso. Porque a pesar de todo...

Seguían perteneciendo al mismo lugar.

El uno junto al otro.

Aunque todavía no supieran cómo llegar hasta allí. La conversación había terminado.

Al menos en teoría.

Porque ninguno parecía dispuesto a marcharse. Claudia seguía junto al estante de novelas. Gabriel seguía frente a ella.

Y el silencio que compartían resultaba más cómodo que cualquier palabra.

Sin embargo, ambos sabían que tarde o temprano tendrían que despedirse.

La realidad seguía allí.

Esperándolos.

Con todos sus problemas.

Con todas sus dudas.

Con todos sus miedos.

Claudia fue la primera en intentarlo.

Tomó aire lentamente.

Y dio un pequeño paso hacia atrás.

—Debería irme.

Murmuró.

Gabriel sintió una punzada en el pecho.

Pero asintió.

—Sí.

Probablemente.

Ninguno se movió.

Aquello provocó una sonrisa triste en Claudia.

Una sonrisa breve.

Pequeña.

Pero real.

Y fue la primera sonrisa auténtica que Gabriel veía en días. —Cuídate.

Dijo ella finalmente.

Gabriel la observó durante unos segundos.

Memorizando cada detalle.

Como si temiera que volviera a desaparecer.

—Tú también.

Claudia comenzó a girarse.

Dispuesta a marcharse.

Dispuesta a volver a la distancia.

Dispuesta a regresar a la soledad de aquellos últimos días. Pero entonces escuchó su voz.

—Claudia.

Se detuvo inmediatamente.

Porque siempre se detenía cuando él la llamaba. Siempre.

Lentamente volvió a mirarlo.

Y encontró algo diferente en sus ojos.

Algo vulnerable.

Algo sincero.

Algo que rompió las últimas defensas que todavía intentaba mantener.

Gabriel dudó unos segundos.

Como si estuviera luchando consigo mismo.

Y finalmente habló.

—Solo una cosa.

Claudia esperó.

Sin apartar la mirada.

—Te he extrañado.

Aquella simple confesión fue suficiente.

Porque era exactamente lo que ella también sentía. Exactamente.

Las lágrimas aparecieron nuevamente.

Sin permiso.

Sin advertencia.

Y por primera vez no intentó esconderlas. Gabriel dio un paso hacia ella.

Lento.

Cuidadoso.

Como si temiera asustarla.

Como si temiera cruzar un límite.

Y cuando estuvo cerca...

Abrió los brazos.

Sin decir nada.

Sin pedir nada.

Simplemente ofreciéndole un refugio.

Una elección.

Una posibilidad.

Claudia debería haber retrocedido.

Debería haber mantenido la distancia.

Debería haber recordado todas las razones por las que aquello era complicado.

Pero estaba cansada.

Cansada de luchar.

Cansada de fingir.

Cansada de actuar como si no lo amara.

Y antes de darse cuenta...

Ya estaba avanzando hacia él.

El abrazo ocurrió de forma natural.

Instintiva.

Inevitable.

Como si ambos lo hubieran necesitado desde hacía días. Como si ambos hubieran estado esperando aquel momento. Gabriel cerró los ojos en cuanto la sintió entre sus brazos. Y una sensación de alivio atravesó todo su cuerpo. Porque allí estaba.

Porque era real.

Porque durante unos segundos nada más importó. Ni el pasado.

Ni las heridas.

Ni las dudas.

Solo ella.

Solo ellos.

Claudia apoyó la cabeza contra su pecho.

Escuchando el latido acelerado de su corazón. Y sintió algo que llevaba días negándose a sentir. Paz.

Una paz breve.

Frágil.

Pero profundamente necesaria.

Permanecieron así varios segundos.

Tal vez más.

Ninguno los contó.

Ninguno quiso hacerlo.

Porque ambos sabían que aquel momento no iba a durar para siempre.

Y precisamente por eso resultaba tan valioso. Finalmente Claudia abrió los ojos.

Y la realidad regresó.

La misma realidad que había estado esperando pacientemente.

Las mismas dudas.

Los mismos conflictos.

Los mismos problemas.

Lentamente se apartó.

Y el vacío apareció de inmediato.

Como si el mundo se hubiera vuelto más frío. Más silencioso.

Más difícil.

Gabriel la observó.

Sin intentar detenerla.

Sin intentar convencerla.

Porque entendía.

Porque sabía que todavía no estaba lista.

Pero también sabía algo más.

Aquel abrazo había significado algo.

Mucho.

Porque durante unos segundos Claudia había dejado de huir.

Y eso era más de lo que había esperado.

Mucho más.

Ella dio un paso hacia atrás.

Luego otro.

Y aunque las lágrimas seguían brillando en sus ojos... Había algo nuevo en su mirada.

Algo que no estaba allí días atrás.

Esperanza.

Una esperanza pequeña.

Delicada.

Pero suficiente.

—Adiós, Gabriel.

Susurró.

—Hasta pronto.

Respondió él.

Y aquella diferencia fue importante.

Porque Gabriel ya no pensaba en despedidas. Pensaba en reencuentros.

Claudia lo observó durante un último instante. Y después se marchó.

Sin mirar atrás.

Pero esta vez fue diferente.

Porque mientras caminaba hacia la salida... Llevaba consigo algo que había creído perdido. La posibilidad de creer nuevamente en el amor.