5. Thalia #3
- Lo siento, yo… ¡Diablos! - respondió mi hermano, dando media vuelta como tratando de que no lo viera.
- Yo no me quejé - le repliqué sin dejar de sonreír al ver lo avergonzado que se puso - ¿Sabes algo? Para ser un chico que ha pasado por las manos y las piernas de varias mujeres, cuando estás conmigo te pones muy nervioso. No sé si debería tomar eso como un halago o como un insulto.
- Sí, bueno, es que tú eres mi hermana y…
- ¿Y qué? Ya te lo vi varias veces, ya vi cómo te tocabas e incluso vi cómo Emma te lo chupaba en la camioneta y ayer cuando…
- Ya no digas nada, por favor - suplicó mi hermano haciéndome reír, antes de que mis ojos se abrieran mucho cuando de pronto en mi cabeza apareció una idea un tanto peligrosa, pero que quizás me haría sentir un poco más tranquila y seguramente ayudaría a que mi hermano no saliera de casa estando tan excitado.
- ¿Sabes algo?
- ¿Qué?
- Genio, genio, yo deseo…
- Thalia, no creo que sea el momento más…
- ¡Cállate! Voy de nuevo. Genio, genio, yo deseo que me enseñes a usar mi boca para satisfacer a un chico, a dar mamadas pues, porque ya que no te decides a quitarme la virginidad, al menos podrías decirme qué debo hacer y que no si se me ocurre hacer cositas con un muchacho.
- Esto es una locura.
- Cierto, pero perdiste la cosa de la camioneta y ayer me gané un premio en el cual tú contribuiste con tu voto, porque tú también aprobaste mis besos ¿Sabes?
Así que tienes que cumplirme mi deseo, genio - le dije, sintiendo ese algo que me hacía sonreír nerviosa mientras una euforia muy sabrosa comenzaba a crecer dentro de mí, dispersándose por todo mi cuerpo, haciendo que me sintiera muy emocionada ante lo que estaba por pasar, claro, si lograba convencer a mi hermano que se la dejara mamar.
- Thalia… ¿Estás segura de que quieres que estas cosas pasen conmigo?
- Sí, claro que lo estoy, ya te lo expliqué cuando estábamos en el jardín: estas cosas son importantes y se supone que deben significar algo, así que…
¡Oh, vamos! ¡No pongas esa cara! O es que ¿Acaso no crees que soy bonita y por eso no quieres estar conmigo?
Porque yo juraría que te gusto al menos un poquito.
No creo que esa cosota se te haya puesto tan dura de la nada ¿O sí?
- No se trata de eso, pero… es que eres mi hermana, así que por mucho que quiera que todo lo que me has pedido pase…
no es tan fácil abrir esa puerta y… además, ¿Qué va a pasar si una vez que abramos esa puerta ya no la podemos cerrar?
¿Qué va a pasar si de pronto queremos más de lo que… ? Es una locura, Thalia.
- Pues si no te puedes aguantar las ganas, no más te corto tu… - bromeé con él mientras imitaba con mis dedos el movimiento de unas tijeras cortando y señalaba al mismo tiempo la carpa que se levantaba entre sus piernas.
- Thalia, estoy hablando en serio.
- Por mí puedes cerrar los ojos y fingir que soy alguien más, eso me da lo mismo, lo único que quiero es que me enseñes cosas, así que ya deja de hacerte del rogar y dime cómo le hago para…
bueno, eso… - le ordené, tratando de invalidar sus argumentos a pesar de que yo misma creyera que tenía algo de razón al estar tan reacio a dejar que eso pasara entre los dos.
- Vale, está bien, lo haré, pero… vale, lo haré - respondió al fin después de un par de minutos en silencio, sorprendiéndome cuando dejó caer su toalla y me permitió ver ese muy endurecido pene que apuntaba en mi dirección, una imagen que me hizo abrir mucho los ojos, tragar saliva y a la vez sentir cómo la boca se me llenaba de baba, de la misma forma como lo haría si ante mí tuviera un manjar delicioso (y en realidad podría decirse que así era, aunque en ese momento no lo sabía).
- A ver, dado que al parecer esto lo quieres hacer en el lugar al que iremos, no creo que tengas oportunidad de ponerte muy cómoda, así que…
bueno si el chico está de pie, lo que más te convendría sería ponerte en cuclillas, porque podrías arrodillarte, pero quizás te lastimarías las rodillas y te costaría trabajo levantarte si alguien los viera y tuvieras que escapar o algo así.
- Vale, entonces… ¿Así? - le pregunté una vez que adopté la posición que me indicó, sintiendo cómo la cara se me ponía de pronto muy acalorada al tener el hermoso pene de mi hermano a unos centímetros de mi rostro.
- Sí, así… bueno… a ver es que esto es un poco anticlimático porque antes de llegar a esto, supondría que primero se estuvieron besando y que hay… bueno no sé, algo de confianza, que ya rompieron el hielo, porque supongo…
- No lo pienses tanto, solo dime qué tengo que hacer.
- Vale, vale, a ver… mételo en tu boca, hazlo despacio, trata de cubrir tus dientes con tus labios para que no lo lastimes, está bien si el pene del chico toca tu paladar y…
¡Ahhh! ¡Guau! - exclamó cuando me lo metí en la boca, cerrando los ojos cuando sentí ese saborcito agradable y me dejé acariciar por el aroma que desprendía el cuerpo de mi hermano - ahora, mueve tu cabeza de atrás hacia delante, empieza despacio y déjame ir tan adentro de tu boca como te haga sentir cómoda, ¿De acuerdo?
No fuerces algo que no se sienta bien, solo…
¡Ahhh! ¡Dios! ¡Eso se siente bien! ¡Se siente muy bien!
¡Ahhh! - comentó mientras yo empezaba a mover mi lengua a la vez que mi cabeza iba y venía, deteniéndome cuando el pene de Andy llegaba al límite de mi garganta, porque cuando iba más lejos me provocaba arcadas y eso no era lindo.
- ¿Lo hago bien? - dije de pronto, sacando a mi hermano de mi boca, sintiendo cómo me tomaba de la nuca para que continuara, perdiendo sus inhibiciones y olvidándose de esa cosa de que no deberíamos hacerlo porque éramos hermanos.