5. Thalia #4
- ¡Eres una mentirosa! - dijo de pronto, haciéndome reír con su pene entre mis labios, antes de que tuviera que resignarme a quejarme con sonidos inentendibles pues Andy me tomó de la nuca mientras movía las caderas para cogerme hasta la garganta de una forma no muy caballerosa, aunque admito que sí que era muy excitante - ¡Ahhh!
Me hiciste creer que no sabías hacerlo, pero eres…
¡Ahhh! ¡Eres bastante buena en esto y…! ¡Ahhh!
¡Carajo! - exclamó cuando capturé su glande y comencé a besarlo con movimientos cortos, dejando que esa parte de su pene entrara y saliera despacio por entre mis labios, usando mi lengua para recorrerlo, algo que en realidad nunca había hecho, pero que en alguna ocasión escuché a Emma describiéndoselo a Rox cuando le pidió un consejo para hacerle una buena mamada a un chico que le gustaba.
- ¿Eso se siente bien? - le pregunté, con ese tono travieso y una expresión de fingido interés que se convirtió en una serie de carcajadas cuando mi hermano me respondió.
- ¡Embustera! Deja de preguntarme como si no supieras lo que haces y…
¡Ahhh! - gimió mi hermano de nuevo, colocando su mano en mi nuca para hacer que me tragara su miembro, empujándolo más allá del límite de lo que me hacía sentir cómoda, haciendo que pusiera mis manos en sus piernas tratando de apartarlo de mí sin que él hiciera caso de mis intentos por alejarlo - ¡Ahhh!
Tienes que aprender a disfrutar de esa sensación de ahogamiento, hermanita, porque ya no eres una novata y…
¡Ahhh! Solo respira cuando mi pene no ocupe tu garganta y mantén la respiración cuando esté ahí, luego…
¡Ahhh! - dijo, antes de que al fin me soltara la cabeza y yo le diera un manotazo en la pierna, tosiendo un poco cuando al fin saqué su miembro de mi boca.
- ¡Tarado! - le reclamé, antes de que yo misma engullera una vez más su pene, regresando a esa cosa que le hice en su glande, disfrutando del sabor de su miembro, de esos gemidos que le robaba de tanto en tanto y de la sensación que me provocaba sentir en mis manos su piel erizándose una y otra vez mientras le sobaba las piernas y mimaba la punta de su miembro con mis labios y mi lengua.
- ¡Ahhh! Dime algo, mocosa, ¿Te gustó mi leche cuando Emma te la dio a probar?
- preguntó de pronto, al tiempo que escuchaba cómo su respiración se iba agitando cada vez con más intensidad, sintiendo cómo su cuerpo respingaba ante mis besos mientras asentía sin sacar su pene de mi boca, recorriendo la apertura de su glande con mi lengua, notando de pronto el inmenso deseo que me embargó ante la idea de tener la boca inundada con su leche - bien, entonces quiero que te bebas todo lo que…
¡Ahhh! No dejes que se te escape una sola gota, mocosa y…
¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Aquí viene! ¡Ahhh! ¡Ahhh!
- gimió al final tomando mi cabeza aunque sin hacer mucha presión, como asegurándose solamente de que no la moviera mientras yo me quedaba de pronto muy quieta, esperando a que algo pasara, sin hacer nada más allá de mirar su abdomen hasta que de pronto sentí ese primer chorro que salió disparado de su pene, mojando mi paladar, llegando a mi garganta, obligándome a sentir ese tono saladito de su semen y ese algo morboso que me hizo cerrar los ojos y succionar el pene de mi hermano como si fuera una deliciosa paleta, sintiendo cómo de pronto cada disparo me ponía cada vez más cachonda, porque toda esa leche salió de su cuerpo gracias a lo que yo le hice con mi boca, llevándome a pensar que ese era mi premio, que no debía desperdiciarlo, una idea que me hizo esforzarme en beberme todo lo que salió de los huevos de Andy, que incluso me llevó a lamer sus testículos en cuanto noté que un poco de su leche se me había escapado.
Cuando todo terminó, me puse de pie y miré a mi hermano sintiéndome tremendamente cachonda, viendo cómo él tragaba saliva mientras me miraba los senos, sin que se atreviera a tocarme, porque creo que ambos entendimos en aquel instante que si pasaba cualquier otra cosa entre los dos, terminaríamos revolcándonos en aquella cama y le pondríamos final a esa tensión que nos provocó el que le pidiera que me quitara la virginidad.
Un fuerte choque se escuchó en la puerta, antes de que a Josh se le escapara un quejido de dolor y luego se pusiera a gritar como loco.
- ¡¿Por qué demonios le pones seguro, pendejo?
! - se quejó, provocando que la tensión entre mi hermano y yo se cortara con aquellas risas que nos provocó mi primo, antes de que Andy me tomara de la cintura y me diera un beso en los labios, un gesto que en realidad resultó mucho más morboso al saber que mi boca había tenido dentro su pene un minuto atrás.
- Quizás esta noche podríamos terminar lo que empezamos ahora - le susurré, viendo cómo mi hermano sonreía, antes de que desde el pasillo llegaran a nuestros oídos las carcajadas de las chicas y nos riéramos nerviosos.
- No lo sé, tal vez, después de todo, aún te quedan dos deseos más.